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La Habana, 2 de
marzo de 1944
Sra. Directora
Soc. Lyceum y Lawn Tennis Club
Ciudad.
Mi distinguida amiga,
A fin de evitar los eternos malentendidos le envío estas
líneas que explicarán los motivos por los cuales me
abstengo a participar en el Día del Poeta instituido por
el Lyceum.
Hoy por hoy toda cultura que se quiera verdadera debe
rechazar enérgicamente todo cuanto signifique
deformación de ella; debe ir, digo, con toda energía
contra lo que pueda hacerla sospechosa de filisteísmo. Y
nuestro momento cubano en el orden de la cultura es asaz
peligroso pues que la misma hace ya un buen rato que se
está «ejerciendo» por los snobs de turno, por las damas
de la sociedad, por los cronistas sociales; en fin, que
estamos amenazados de una cultura de salón, de una
cultura de compromisos, de encubrimientos, de
concesiones... Yo no puedo aceptar la invitación de una
sociedad que ayer mismo le ofrece un homenaje a los
autores de una lamentable, inexistente pieza de teatro.
Quien trabaja a conciencia su arte, quien estima la
cultura, no como entretenimiento elegante sino como
destino dignamente recibido, no puede aceptar tales
comedias. Lo peor de todo es que hoy dan homenajes a
diestro y siniestro; parece que todo el mundo obedece a
una consigna general, que es la de ser homenajeado,
aparecer en la crónica social, fotografías, y todo ese
fúnebre mundo al que nada le interesan los poetas ni la
poesía. Es por todo eso que no estaré en el Lyceum la
tarde del Día del Poeta. Estaré, en cambio, en mi
puesto.
Sépame su respetuoso servidor,
Virgilio Piñera.
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