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Diciembre 21, 1942
Amigo Piñera:
¿Por qué se esmeró Ud. tan laboriosamente en evitar este
natural y grato comienzo en su carta reciente? Ya ve Ud.
con cuánta confianza me acojo a esa presunción de
amistad, que es todavía la mejor ilusión de los hombres.
Perdóneme que haya tardado tanto en contestar su carta.
Pude haberlo hecho enseguida con un “¡Pues no faltaba
más!” y un cheque. Pero no quería ser, con Ud., tan
brutalmente lacónico. Y estaba demasiado ocupado para
otra cosa.
Hasta hoy, que he leído su Poeta (1). Lo he leído
y me ha gustado —a pesar de su reticencia polémica un
poco menuda, a pesar de su cuarzo y de su niebla. Aparte
de logros más sustantivos, le celebro la impaciencia.
porque sin ésta no se llega a aquellos.
Esa impaciencia esa violación de rutinas, la trajimos
nosotros —no lo olviden: nosotros, los que ya somos
“viejos” para ustedes, como ustedes lo serán para los de
pasado mañana. Y debo confesarle que a veces me asusto
un poco de mi propia herencia. Quisiera tener tiempo
para escribir un ensayo un poco escandaloso —al que
ustedes, naturalmente, no le harían ningún caso— sobre
“Lo poético irresponsable”.
Venga pronto su libro, y excúseme lo modesto de mi
cooperación. Le desea ventura personal y prosperidad
poética su afmo.
Jorge Mañach
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La Habana, dic. 27 de 1942
Sr. Jorge Mañach
Ciudad
Amigo Mañach, lo peor de las cosas es que nos gusten a
pesar de ellas mismas. Un espíritu astuto diría que no,
que lo mejor de las cosas es que nos gusten a pesar de
ellas mismas. Pero no nos importan los espíritus astutos
sino solamente los espíritus. Para Usted es Poeta,
nada más y no otra cosa, que “reticencia polémica un
poco menuda” y “cuarzo y niebla”. Lo demás que Usted
añada es sólo pura cortesía; que no cuenta.
Y un pequeño error de cálculo ha sido la causa de todo
esto. Quiero decir que yo envié Poeta al Mañach
de la Revista Avance, (2) pero el envío me fue
respondido por el Mañach de próximo ingreso en la
Academia de Artes y Letras. Y como la existencia de este
personaje último exige necesariamente la muerte del
primero, me pregunto melancólicamente si el destino del
homme de lettres en Cuba sea el de sucesivas
metamorfosis hacia un espécimen de simetría cada vez más
opuesta a la de este puro hombre de letras. Porque es
indudable que existe una profunda disociación entre
aquella declaración contenida en el número inicial de la
Revista de Avance y el juicio que Usted ahora
comporta sobre la declaración hecha en Poeta.
Poseo la seguridad de que ese fallecido personaje no se
habría escandalizado o asustado con la lectura de Al
levar el anda o con la Terribilia Meditans; y
entre otras razones fundamentales porque no “llevaría en
su bagaje la bandera blanca de las capitulaciones.”
Capitulaciones!... He aquí uno de los agudísimos
problemas que cooperan a esa frustración antedicha. Yo
no sé por qué causa (dejo esto al minucioso sociólogo)
el hombre cubano (el americano en general) en llegando a
un punto capitula; y comienzan entonces esos hombres
sucesivos que no son ningún hombre y que implantan la
confusión; que instauran la escuela del confusionismo.
Sí, Usted “se asusta a veces un poco de su propia
herencia”... Pero Mañach, es que en materia de sustos,
de terrores la de nosotros tiene sobrados fundamentos
para asustarse ante la franca capitulación de la
generación anterior. Y sabe Usted que no hay cosa más
difícil para una nueva generación que toparse con que la
precedente ha capitulado. Y a nosotros —de quienes se
dice que somos erizados puercoespines, supercríticos de
todo— ha tocado representar ese difícil papel de la
rebeldía; del espíritu metódico y de intransigencia en
un medio, que después de la pseudo revolución machadista,
sólo queda el pesebre y el conformismo en todos los
órdenes y en todas las esferas.
Esto nos ha traído graves reproches de los que nos
sentimos satisfechos. Por ejemplo, los hechos a Poeta
recorren la gama más variada; ellos son la contrapartida
al sentido de método, ordenación y jerarquía que
caracterizan al cuaderno. ¡Y a esto llama Usted así
simplemente “cuarzo y niebla”! Pero no hay tal cuarzo ni
tal niebla si yo sinceramente aviso de ciertos peligros
en los cuales estamos a punto de caer o ya estamos
cayendo; porque la peor de las morosas delectaciones es
la originada precisamente en los grupos afines, Y esto,
si no me equivoco, se denominaría cristalización, y
cristalización es muerte.
Para salvamos —en la medida que un hombre en Cuba pueda
salvarse—, hemos tenido que suprimir toda amabilidad,
pues, ¿no es cierto, por ejemplo, que el completo
abandono del principio polémico y de jerarquía ha sido
causa de la confusión y desorden literario en que nos
movemos? Y nosotros, ¿podíamos admitir que la jerarquía
poética fuese mancillada? ¿Que esa relajada
democratización en marcha inundase el predio de la recta
poesía cubana? Sabe Usted muy bien que hoy se escribe a
cualquiera, titulado poeta por que sí, un ensayo
de crítica. aunque ello signifique la confusión.
Denunciar estos hechos; ordenar el desorden; no pactar,
no capitular; meterse de lleno en la obra es nuestra
misión. La posteridad se encargará de confirmar o
desmentir.
Pero antes que la posteridad y para que ella posea
material suficiente, deberá Usted, Mañach, escribir de
lleno ese “escandaloso” ensayo sobre “Lo poético
irresponsable”, al que —nunca lo dude— le haremos,
naturalmente, todo el caso. Mientras, yo releeré su
carta, que es un breve tratado de ironía beocia. Yo
ruego a los dioses que el suyo próximo sea una muestra
acabada de ironía ática. Usted decidirá.
Finalmente, Mañach, yo no debo aceptar su cheque; yo
quiero que Usted comprenda profundamente mi decisión.
¿Acaso sería honesto de mi parte aceptar esta suma si su
dador no comparte en absoluto el espíritu de mi revista?
Yo le doy gracias, yo le saludo lealmente.
Virgilio Piñera
S.C. Gervasio 121 altos
1 Se refiere a
la revista que, con ese nombre, editó Virgilio Piñera en
noviembre de 1942 y mayo de 1943, fechas de sus únicas
apariciones. En ella colaboraron, entre otros, María
Zambrano, Gastón Baquero y Cintio Vitier.
2 La
Revista de Avance fue la publicación vanguardista
cubana más conocida. Se publicó entre marzo de 1927 y
septiembre de 1930. Sus principales editores fueron Juan
Marinello, Jorge Mañach, Francisco Ichaso y Félix Lizaso,
aunque también alternaron Alejo Carpentier, José Z.
Tallet y Martín Casanovas.
Tomado de La Gaceta de Cuba. No. 5.
septiembre–octubre, 2001.
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