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RAP AFROCUBANO
El rap cubano ha
surgido como la expresión más reciente de una evolución
de la cultura e identidad afrocubanas, pero es una
expresión que refleja las complejidades específicas de
una sociedad cubana nueva y cómo una nueva generación
las experimenta y asimila.
Marc D. Perry|
La
Habana
El año pasado durante
el coloquio en la UNEAC por motivo del Festival de rap
(2001) presenté una ponencia titulada El rap cubano: una
manifestación y un participante crítico en la Cuba
cambiante de hoy. Siguiendo esta misma línea, quisiera
esta vez centrarme en la significación social y cultural
del rap cubano dentro del contexto específico de la
expresión e identidad afrocubanas. Mis observaciones se
basan en las investigaciones que he realizado desde 1999
dentro de las comunidades de rap de La Habana y Santiago
de Cuba como parte de mi tesis de doctorado en
antropología de la Universidad de Texas en Austin.
Aunque las raíces del
hip hop en Cuba se pueden rastrear hasta los años
ochenta cuando la música rap y el break dance
fueron introducidos en la Isla, no fue sino hasta los
primeros años de los noventa que comenzó a surgir el hip
hop como movimiento cultural. Desde 1995 el festival
anual de rap de La Habana se ha convertido en un
importante catalizador en el crecimiento y evolución del
rap y el hip hop como movimiento cultural aquí en Cuba.
Después de asistir a los últimos tres festivales (2000,
2001 y ahora el de 2002), he visto que el nivel de
producción artística, el profesionalismo y la conciencia
social de los raperos ha avanzado de forma
extraordinaria.
¿Pero en general qué conexiones han existido entre el
crecimiento del hip hop cubano y el contexto social más
amplio en la Cuba de hoy? Está claro que no es
casualidad que el surgimiento del hip hop en Cuba
durante la pasada década ocurrió en el momento en que
Cuba entraba en una nueva época condicionada por la
caída del bloque soviético y la consecuente crisis del
período especial. Como sabemos, durante estos años la
sociedad cubana ha sufrido cambios significativos
mientras se adapta a un mundo post guerra fría que se
encuentra cada vez más afectado por las fuerzas de la
globalización y el capitalismo expansivo bajo la forma
del neoliberalismo. El neoliberalismo se refiere al
aumento del libre albedrío del capitalismo mundial que,
ayudado por organizaciones como el FMI y el Banco
Mundial, está creando un efecto devastador en las
economías “tercermundistas” y en las vidas de los
millones de personas en esos países – todo esto motivado
por el afán de lucro. Cuba no está más allá ni aislada
de estas fuerzas globales. Los efectos de estos cambios
globales se pueden ver en forma del creciente turismo,
la importancia cada vez más del dólar y el flujo de
productos extranjeros ya sean materiales o culturales.
Mientras la sociedad cubana y los cubanos se adaptan a
estos cambios, de la misma manera la cultura cubana
cambia para adaptarse y reflejar estas nuevas realidades
económicas y sociales.
En mi opinión el hip
hop es una manifestación cultural y social de estos
cambios, pero es una manifestación que surge de un lugar
específico dentro de la sociedad cubana y que habla
desde ese lugar específico. Porque si bien no es
casualidad que el hip hop surge en una sociedad cubana
en rápida evolución, tampoco es casualidad que la
mayoría de los participantes en el movimiento de rap
cubano, los artistas y el público, son negros. La
trascendencia de lo negro en el rap cubano va más allá
del hecho de una participación de afrocubanos
mayoritariamente. Mucho más importante es que en su
centro este fenómeno posee una clara y activa
autoexpresión, representación e identificación con lo
negro. Este asunto es complejo así que permítanme
ampliar más en el tema.
Desde hace mucho tiempo los afrocubanos han usado la
cultura expresiva –por ejemplo, la música, el baile y
la religión– como un espacio importante para definir
sus comunidades y darle voz a su experiencia e identidad
de negros. Tales prácticas culturales están, por
supuesto, ligadas a una cultura cubana más amplia ya que
nacen a través de una mezcla histórica o “sincretismo”
de pueblos y culturas de África y Europa; y por tanto la
cultura afrocubana no se puede separar de su marco
histórico nacional. Sin embargo, al mismo tiempo uno no
puede negar que hay formas culturales, como la rumba y
la santería, que han retenido los significados
afrocubanos culturales y sociales no solo en el hecho
que vuelven continuamente a las tradiciones culturales
de África Occidental, sino quizás más importante que
estas formas es el hecho que las personas negras las
practiquen de forma conciente como una parte importante
de su identidad. De esta manera estas formas culturales
ejemplifican las conexiones entre la cultura expresiva y
la práctica de identidad – se convierten en formas a
través de las cuales la identidad negra, o afrocubanía,
se vive activamente día a día. No deseo reducir las
complejidades de estas prácticas culturales a sus
significados raciales; pero sí quiero hacer énfasis en
la importancia de sus significados sociales y culturales
como espacios activos para la creación de la afrocubanía.
A menudo se usa el
término folklore para referirse a las prácticas
culturales afrocubanas como la rumba y la santería,
aludiendo de esta forma a sus raíces históricas en la
formación de la cultura nacional cubana. El problema con
el discurso de folklore es que tiende a colocar a la
cultura afrocubana en un pasado estático y sin historia,
como algo visto en un museo, en vez de entenderla como
algo activo, siempre cambiante, que responde al
presente. Al tiempo que se continúan practicando las
formas culturales afrocubanas, estas varían con el
tiempo mientras se adaptan y permanecen relacionadas con
las cambiantes realidades sociales de aquellos que las
practican. Al tiempo que las formas culturales
afrocubanas en evolución llegan a expresar nuevas
realidades, en mi opinión también reflejan nuevas formas
de expresar la afrocubanía. Estos procesos hacen
referencia a lo que el crítico afro británico Paul
Gilroy denominó the changing same, en español “lo
mismo cambiante,” en la cultura de la diáspora africana.
La idea es que la cultura e identidad negras sean
dinámicas y estén en constante cambio, pero un cambio
en las formas en que se fabrican y reflejan en
continuidad con el pasado.
De
esta manera sugiero que el rap cubano representa una
importante manifestación contemporánea del “mismo
cambiante” afrocubano. Es decir, el rap cubano ha
surgido como la expresión más reciente de una evolución
de la cultura e identidad afrocubanas, pero es una
expresión que refleja las complejidades específicas de
una sociedad cubana nueva y cómo una nueva generación de
afrocubanos las experimenta y asimila. Desde el punto de
vista musical, aunque no hay dudas, que se alimenta de
una tradición musical cubana, el rap, como el jazz
cubano, encuentra su inspiración principal en el
extranjero. En los dos casos se han apropiado de formas
musicales afro norteamericanas y las han transformado
para crear nuevas expresiones musicales cubanas. A
diferencia del jazz, en el centro de la auto expresión
del rap como movimiento cultural se encuentra una fuerte
y celebrada identidad de negritud. Esta se constata más
abiertamente en las letras de los artistas quienes
invocan su identidad de negros para dejar claro la
posición desde la que expresan sus visiones. Pero esta
negritud también se pronuncia por medio del uso de una
moda de vestir hip hop como los pantalones anchos,
zapatos tenis y camisetas – que a menudo ejemplifican
marcas y temas de hip hop identificados con los negros.
También este estilo se manifiesta a través del uso por
los raperos de gestos corporales cuando actúan e
interactúan entre ellos. Más que simples expresiones
nuevas de negritud, estos diversos rituales sirven como
una forma a través de la cual los raperos y sus
seguidores practican y viven activamente sus identidades
de jóvenes afrocubanos.
El ascenso del rap
cubano como nueva expresión de afrocubanía no surge de
la nada, sino que refleja y responde a las cambiantes
complejidades de la sociedad cubana actual. Para
comenzar, el rap cubano representa una ruptura
significativa en el discurso sobre la cultura afrocubana
como folklore nacional. En un sentido, la modernidad
auto-conciente del rap marca un rompimiento definido con
la noción de la cultural afrocubana como algo
tradicional. Es más, el origen cultural negro y la
orientación del rap lo ubica concientemente fuera de las
ideas convencionales de una cultura afrocubana y una
identidad negra en Cuba solamente dentro de las
fronteras nacionales. Esto quiere decir que no solo el
origen cultural de la música rap viene de fuera de Cuba,
sino que los tipos de identidades negras que se expresan
a través del rap, también trascienden el país en su
apego a la identidad negra de la diáspora. Una
afirmación similar se puede hacer del movimiento
contemporáneo Rastafari y el Reggae que de igual manera
busca en una ideología transnacional de identidad negra
de diáspora. No hay casualidad en el surgimiento de este
movimiento junto al del rap en Cuba. Los factores que
contribuyen a estas nuevas formas de identidad negra en
Cuba son por supuesto múltiples y complejos, pero
permítanme mencionar brevemente uno esencial: en el
centro, el carácter transnacional de la identidad negra
del rap cubano está, por supuesto, influido en muchas
formas por el proceso de globalización. Por una parte
desde los años noventa el creciente flujo de personas,
productos culturales e ideas están aportando los
recursos culturales para la producción en Cuba de un
movimiento de hip hop orgánico. Al mismo tiempo esta
“apertura” de la sociedad cubana a nuevas formas de
fuerzas globales está teniendo impactos económicos y
sociales significativos sobre Cuba y los cubanos. En mi
opinión, el rap cubano es una manifestación crítica de
estos aspectos de la nueva apertura global de Cuba; es
decir, los nuevos recursos culturales se convierten en
herramientas mediante las cuales nuevas formas de
autoexpresión e identidad se producen en respuesta
crítica a una sociedad cubana en cambio. Los raperos se
nutren de la identidad negra de afirmación y de las
tradiciones de protesta del hip hop de Estados Unidos
para vocalizar sus propias experiencias como una nueva
generación de afrocubanos que surge en un tiempo de
desafío y cambio. De esta manera funciona la música rap
–y así lo hace en muchos lugares transnacionales– como
un camino moderno de identificación de la diáspora
negra. Estas identificaciones les brindan a estos
jóvenes una forma alternativa de expresión y fuentes
para afirmar su identidad negra y desde las cuales se
puedan posicionar para expresarse. Aunque tales procesos
están influidos por los compromisos culturales, sociales
y políticos con la diáspora negra, la música y la
identidad que se forma del espacio del rap cubano son
sin duda alguna (afro) cubanos en su esencia fundamental
– son creados por afrocubanos para expresar sus propias
realidades. De estas formas el rap cubano puede ser
entendido como una importante expresión nueva y crítica
de la cultura e identidad afrocubanas en la Cuba de hoy.
La Habana, 12 de agosto de 2002
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