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LOS
OJOS DE LA TARDE
Tupac Pinilla|
La
Habana
A Karla Suárez la
conocí por la tarde hace algún tiempo, y fue mucho más
que su tono de arcoiris lo que me llamó la atención. Era
entonces una juglar pertinaz, el peligro de una mujer
total y era, para colmo, amiga de todos mis amigos y
aparición de cuanta noche se moviera en la falsa quietud
de La Habana noventina.
Los cuentos se le fueron mudando a Karla de los labios a
los libros. También ella permutó su espacio; o quizás
solo se fue a vivir entre líneas con el susto en el
regreso de la ola y la arena de los pies lavada por la
espuma.
Espuma
(Letras Cubanas, 1999 –Colección Cemí–) tiene esa suerte
virgen que anima a los ritos. Fue el primer libro de
Karla editado en Cuba, y se ha convertido, desde hoy, en
la primera entrega que la autora presenta personalmente
a sus lectores en la isla.
En la Galería Raúl Martínez del Instituto Cubano del
Libro, otros dos jóvenes cuentistas, Aymara Aymerich y
Rogelio Riverón, preludiaron la presentación de Karla y
su libro iniciático. Luego ella, rapsoda incurable a
pesar de las imprentas, nos narró un cuento que, claro,
conociéndola, no era espumoso.
Al final de la tarde se proyectaron dos videos
inspirados en dos de los cuentos del libro:
El ojo de
la noche y En esta casa hay un fantasma. El público
era sospechosamente conocido: los amigos de siempre,
convocados por los ojos del fantasma que siempre habitó
esta casa y, por supuesto, por su espuma.
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