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JONI MITCHELL ESTABA CANTANDO BLUE
Karla Suárez
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Blue, here is a shell for you
Inside you’ll hear a sigh
A foggy lullaby
There is your song from me
Joni Mitchell (Blue) |
Joni cantaba un blues en la habitación del otro lado.
Del lado de acá estaba yo tarareando. Entre mi
habitación y la de Joni había un pasillo largo. En el
pasillo estabas tú que caminabas de un lado a otro y
volvías a empezar. Murmurabas frases entrecortadas y
rabiosas. Bufabas una inconformidad apenas declarada. No
sé qué te pasaba, pero de seguro debería ocurrirte algo
como cada noche. Mientras tanto, yo era toda oídos (para
Joni). Tú caminabas así, como si de tanto andar se
hiciera un surco grande que atravesara los pisos más
abajo y te llevara al centro de la tierra y en el centro
de la tierra quizás encontrarías algo que aquí arriba,
ciertamente, no te empeñabas en buscar.
Joni cantando y yo cerré los ojos. Cerrar los ojos es
transportarse hacia otro sitio. Es colocarse en un justo
lugar donde desde afuera puedes observarte y
descubrirte. Tú seguiste caminando y repartiendo
colillas por el piso que no se me ocurría pensar quién
barrería luego. Mientras el vecino de los bajos comenzó
a golpear levemente porque en su techo se sentían pasos
continuados y esto le impedía dormir. Dormir es también
transportarse hacia otro sitio. Cuando no se puede
dormir uno se molesta y el vecino de los bajos golpeó
entonces más fuerte para que cesara el rumor encima de
su cabeza.
Nosotros no percibimos el ruido. Joni Mitchell rasgaba
la guitarra y sentí que mi concentración alcanzaba un
punto extremo. Hay un momento del día en que el
cotidiano debe quedar excluido para no morir de estrés.
Mi cuerpo astral comenzó a levitar. Tú aplastaste la
colilla con el tacón del zapato. El tacón dio tal golpe
en el techo del vecino que éste no pudo hacer otra cosa
que salir al balcón y pedir silencio a gritos. Tanto
aire tenía en los pulmones que el niño de la vecina de
al lado del vecino de los bajos interrumpió su sueño
bruscamente y comenzó a llorar. La vecina encendió la
luz y fue a calmar al bebé, mientras su marido salió al
balcón furiosamente para callar al de al lado que no
dejaba dormir a estas horas de la noche.
Joni no cesaba de cantar y tiene una voz tan dulce, que
apenas sentí tus injurias cuando por poco te quemas con
el nuevo cigarro que acababas de encender. Tú pendiendo
siempre de bastones terrenales, sin saber que es más
fácil intentar entrar en armonía con uno mismo para
alcanzar el equilibrio. El vecino de los bajos discutía
balcón a balcón con su vecino, mientras el niño lloraba
fuerte y cada vez más, hasta que la señora de los altos
se despertó. La señora de al lado de nosotros, ésa que
padece todas las enfermedades. Abrió los ojos en medio
de la noche y al sentir el bebé de los bajos y los
gritos de los otros, pensó que en el edificio había
fuego, gimió aterrorizada y se desmayó. Su nieta se
levantó corriendo al sentir el grito y al descubrir a la
abuela en el piso, salió al balcón a pedir socorro.
Yo sonreí porque Joni hace con la voz lo que le da la
gana. Me permite andarme lejos, un poco lejos de los
otros y más cerca de mí misma. En un sitio distante
donde sólo hay una voz que canta y todo es consonancia.
Tú tosiste como cada vez que fumas en exceso. El vecino
de los bajos amenazó al vecino de al lado con darle un
bofetón. El bebé lloraba desconsoladamente, pero su
madre sintió los gritos de socorro de la nieta de la
señora de arriba y también salió al balcón. Su marido
invitaba al vecino de al lado a darse unos puños en la
calle. La nieta de arriba pedía una ambulancia y
entonces en el edificio de enfrente comenzaron a
encenderse algunas luces. El padre de los gemelos salió
a la calle en pijama preguntando qué ocurría. Los
gemelos aprovecharon para salir al portal.
Cada vez que Joni canta siento como si el mundo fuera
otra cosa. Y en realidad es otra cosa, un poco más
simple, un poco más humano. Sólo que tenemos demasiados
vicios. Demasiadas preguntas sin respuesta. Un exceso de
materialidad y cierto terror a lo precario. Tú fumas y
caminas como si no pasara nada, siempre nervioso, sin
sentir esta paz adonde me transporto. Sin sentir ni
siquiera las malas palabras de la gorda madre de los
gemelos para hacerlos entrar en casa en el mismo momento
en que el marido de la vecina tiró una maceta al balcón
del vecino de los bajos. El bebé gritó más fuerte,
porque su madre lo zarandeaba intentando sostener a su
marido, mientras la de arriba voceaba tristemente
pidiendo una ambulancia y el padre de los gemelos, con
ese timbre potente, invitó a los del barrio a
telefonear. En esos momentos, claro, luego de las malas
palabras de la madre de los gemelos, ya el edificio de
enfrente estaba en pie. Unos de parte del vecino de los
bajos. Otros del padre del bebé. Otros de la nieta de la
señora desmayada. Y otros en contra de la gorda madre de
los gemelos más insoportables de todo el edificio.
No sé por qué tanta gente olvida que existen los poetas,
pero Joni no. Ella hace poesía y yo recuesto la cabeza.
El último día del mundo existirá un poeta que escribirá
la historia. Luego todo tendrá que empezar. Recomenzarán
los signos y las emociones. Entonces volverás a caminar
y a fumar, pero quizás encuentres soluciones o al menos
esperanzas. Hay sólo caminas mientras el vecino de los
bajos sale a la calle acompañado de el de al lado y se
empieza a sentir la sirena de la ambulancia que viene de
muy lejos y toda la cuadra está en pie. Los muchachos de
la esquina hacen apuestas por el de los bajos o por el
marido de la madre del niño. Y la madre del niño está
también en la calle con una bata transparente y en
brazos su bebé que no cesa de llorar, mientras la madre
de los gemelos se acerca para calmarla. Los gemelos
aprovechan para salir otra vez y su padre se une a otros
hombres fuertes para buscar a la señora desmayada. Las
esposas de los hombres fuertes quieren todas consolar a
la pobre nieta que ahora grita, porque descubre que su
abuela se ha levantado y en medio de tanta confusión ha
llamado a los bomberos. Y ya se siente la sirena.
Tan simple Joni. Todo tan simple y cuánto cuesta
entenderlo. Mientras sigas cantando para mí me mantendré
a salvo. Las cosas más complejas suelen tener las
explicaciones más simples. Transmitir un sentimiento
puede resultar lo más natural del mundo y de tan natural
necesitamos inventarnos sentimientos ajenos. Cosas
difíciles como el silencio y la incomodidad de él que
camina por el pasillo y vuelve a aplastar fuertemente
una colilla contra el techo del vecino de los bajos.
Pero el vecino de los bajos no se molesta, porque acaba
de recibir un piñazo en el centro del estómago del puño
del padre del bebé, que ahora está en brazos de la madre
de los gemelos. Y los gemelos se divierten observando
los cuerpos detrás de las batas transparentes de las
mujeres que están en la calle. Uno de los esposos de las
mujeres dice que esto no puede continuar y llama a la
policía, mientras la nieta de la señora de los altos de
los vecinos que viven al lado del vecino de los bajos,
trata de disculparse con los hombres fuertes que fueron
a socorrer a su abuela. Su abuela siente la sirena y
nadie puede definir si es la ambulancia, los bomberos o
la policía.
Es la última canción. Cuando se acerca el final, algo se
me queda adentro. Algo que es mío y soy yo. Cuando abra
los ojos el mundo será distinto, Joni. Cada imagen
primaria es una imagen diferente y tiene que ser mejor.
Tú enciendes el último cigarro y tiras la cajetilla al
piso para hacerle compañía al montón de colillas que no
se me ocurre pensar quién barrerá mañana. Mañana será
diferente. Seguramente el vecino de los bajos recuperará
el aire de sus pulmones en el hospital adonde lo conduce
la ambulancia. El vecino de al lado del vecino de los
bajos pagará la multa que le puso la policía por
escándalo público. Los bomberos se contarán la historia
del rescate de dos gemelos subidos en un poste para
tratar de verle el blúmer a la muchacha del primer piso
del edificio de la esquina. La nieta de la señora de al
lado, que vive en los altos de la madre del niño de al
lado del vecino de los bajos, dará pastillas a su abuela
para que tenga un sueño feliz. El padre de los gemelos
peleará con su mujer acusándola de irresponsable y
además de haber salido a la calle exhibiendo sus carnes.
Los hombres fuertes se darán los buenos días y sonreirán
pensando que vieron a las mujeres de los otros casi en
ropa interior. Las mujeres irán al mercado a comprarse
nueva ropa interior (mejor que la de sus vecinas). Yo
volveré a escuchar el disco Blue de Joni Mitchell. Tú
seguirás fumando. Seguramente mañana será distinto.
Ahora el disco ha terminado y yo incorporo la cabeza.
- ¿Te sucede algo?
- Estoy un poco preocupado, cada día que pasa siento que
las cosas van peor, no sé, siento que esta ciudad me
asfixia, el mundo todo me asfixia, y para colmo se me
acabaron los cigarros.
- No te preocupes, mi amor, mañana será otro día, ahora
vamos a dormir.
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