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El
cuento de La Jiribilla
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ESTRATEGIAS DE UNA MUJER MADURA
Elvira Rodríguez
Puerto
–Ahora sé que puedo
conquistar el mundo. Bueno, mundo por decir un nombre.
–Que los años de experiencia no
sirven para nada.
–Que los años de la vida me han
servido para mucho.
–Que soy una mujer supuestamente
responsable porque no me queda otro remedio, y que
todavía juego a las casitas y a las cosquillas y que
nunca un hombre me hará mucho más caso del que yo
pretendo. Es decir, tengo el bastón de las fronteras, o
golpeo o me amotinan. Por eso mi hija cree que ella es
más madura que yo. Porque dejo que me gane en sus juegos
de yakis, y me hago la enferma para que me aliste un
desayuno hermoso: agua con azúcar y pan con aceite y
sal. Cuando una ya tiene estas concepciones
demostradas porque ya se ha hecho tales preguntas, como
no se hacen mis vecinos, porque son realmente normales y
porque sé que nunca tienen tiempo para tales preguntas,
ni lo vas a convencer con lo que cuentes, ellos saben
exactamente quién es maduro o no, y quién está con aquel
o con la otra, y se preparan a la guerra callejera. Esa
es una forma de no aburrirse y yo de escribirlo, como si
mi pluma un lente bien grande y ellos me satisfacen
porque saben que miro todas las guerras aunque sea de
medio lado y también ellos miran las mías. Yo sé que
tengo para todo una estrategia y como tal una estrategia
tiene una justificación y un objetivo, tiene la de
perder, o la de conseguir los riesgos, al final también
calamidades:
–Vamos a jugar a ver quién tiene
más historias.
–No apuestes.
–Solo el ON y ya.
–¿Pero cómo voy a ubicar las
experiencias?
–Perdida, diga siempre que está
perdida.
–Sí, siempre hay un auto que nos
salva.
–Pero no hay lugares incómodos,
sino cuerpos incómodos.
–O unos que te atropellan.
–Ayer tiré la grabadora por el
balcón. Aproveché el camión de los escombros. No hay
huellas. Le juré que no fui yo.
–Mamá ha quedado muy triste,
descubrió la esperma de mi novio en un calzoncillo de
patas de papá. Una esperma muy oscura y mal ardiente.
Ella no sabe nada en absoluto de nosotros o cree que lo
sabe suficientemente y lo confunde todo. Por eso él está
con la amante de los ojos que no ve. Mamá finalmente
piensa que son los labios de otro y rompe el calzoncillo
delante de la cara de papá. Papá un puto. Papá un
homosexual para mamá. Papá un travesti para mí, jugando
a las casitas con delantal de tetas de mamá a la
intemperie porque le tocaba el turno de cuidarme. Ella
en la heladería. Echando más hielo al helado para ganar
más y mi helado diario. ¡Y así la madurez!
–Hay que chocar con algo de
energías para no darle mala suerte al que choca la
copa–.
–El alcohol es fuerte y el cristal
es suave.
–Hace mucho tiempo que no sé qué
hacer con mis blumers manchado de sangre, no sé cómo
colocarme esa maldita cosa y como mamá murió me da pena
preguntarlo y no encuentro explicación ni en las
revistas. Creo que el último que me puse anda extraviado
por allá dentro por culpa de mi novio.
–¡Mi novio es un insensible!
–A mí me gustan las mujeres.
–¿Por qué mujeres?
–Porque en la vida real no hay más
ná.
–¿Alguien sabe sobre tampax?
–¿Un restaurante?
Las viejas católicas miran al
cuello mío. Son tres. Miran al mundo con el odio más
grande. Miran a mi elefante, y una de ellas dice: mira,
el elefante es símbolo de pobreza y ella lo lleva
colgando– Pienso: ¡Ah los elefantes... Las trompas...
los coletazos... Nepal...!
Detenemos a las viejas. Las
empujamos como a tres elefantes toscos de andar en la
ciudad... –Yo doy buenos consejos pero no me funcionan a
mí. A veces no puedo cruzar los dedos ni los pies.
¿Madurez a dónde has legado si quiero disfrutar la vida?
Una mujer madura es capaz de
saberse todo y fracasar POR todos. Hacer lo que
realmente sabe que no puedes es volver a repetirse,
–solo que cada uno tiene una experiencia de elefante–,
lo dicen las viejitas que todavía siguen secuestradas.
–Si alguien duerme en La Habana
tiene un sueño justo: Limpiarnos del día.
–Vamos a ver qué voy a contar de la
humanidad realmente buena.
–Nada, sonríes. Imagínate que has
encontrado al tipo de tu vida por undécima vez. Luego el
nombre. Primer trago. ¿Con quién vives? Inventas
esa longeva familia. Nadie debe saber que tienes una
casa sola. ¿Una casa?????????? ¿Y sola???? Hablas de
amor. Segundo trago. Si ha sido de ron fuerte o
legítimo con que has chocado ya las copas, empiezan las
sonatas de caricias. Tu cuerpo se siente infeliz. Quiere
que sus manos te lleven... Nepal... todavía no se te
olvida un elefante cabrón. Creo que regresas al sitio
adonde siempre caes movedizamente. Dirás que no que
no como una fuerza más que te arrebatan de los
brazos para caer golpeada. Nunca has dicho tu verdadero
nombre. Sabes que estás en una edad simpática. El
tercer trago te devuelve a la inconsciencia: “Se
desprende tu cuero cabelludo de tanto forcejeo y no lo
sientes. La sangre oscura regresa a las piernas de él y
se queda en el aire, no sabe cómo despertarte, y que tu
juego ha sido infinito y sin nombre, lo presientes,
busca todavía en su cara recordar alguna imagen de dónde
eres, o de dónde saliste, quizás de la misma calle,
recuerda que te prometiste el ideal, no aceptarlo,
que pasaría de lado tras de ti y ni un guiño te
arrancaría de tu firmeza. Quiere dejarte exactamente en
el mismo punto donde la invitación, y borrarlo”.
Acéptalas todas, como si tu cuerpo
fue alguna vez tu mente... Dale al forward del casete.
Invierte el sueño. Luego desaparece como una máquina que
alguien llama y luego tira de sus puertas, y escribes
detrás de tu cama:
Proyecto de espíritu libre:
“Sr. Ud. Ha llegado a mi cama. Asegúrese de que ha
llegado, porque yo y solo yo le ha elegido, que cuando
Ud. salga por esa puerta digno y relajado no podrá decir
a nadie –yo estuve con ella o me la dormí o me la
eché o que si buena o mala hoja–. Nada.
Absolutamente Nada. Porque finalmente el gusto es mío.
Solo una mujer es capaz de seducir y decidir, lo demás
es bobería y no –satisfacción.
–Mi novio es
un insensible, no me ha venido a ver al hospital desde
que abandonó mi tampax bien adentro.
–¡Ser mujer es de pinga!
–Él no es tal, es un tímido, le da
mucha pena, los hombres lloran, los hombres saben
llorar.
–¡Ser mujer es encantador! No
importa que te pintes o no. Siempre coqueteas... por eso
los hombres quieren ser mujeres, ¡la libertad, ah la
libertad de maquillarnos...!
–El hombre del freezer me pregunta
si yo era su Jefa de escuela. Me revienta. Un hombre
ganando dinero sentado. Abriendo el freezer, cuidando el
baño, guardando carteras, revisando javitas, ¡deben
tener problemas de la columna!
–A mí me gusta el acomodador. Al
menos, el Festival de Cine, y las cositas dejadas, y el
piñacito al masturbador. ¡Mi novio es un macho, eso sí
que es un macho!
–¡Un Piringollito de verdad!
Soltamos a las viejitas católicas.
Creo que abandonan el catolicismo después de tanta
blasfemia y elefantitos apurados.
Aquí cada uno tiene su posición:
mantener el nivel de la carga, o caes para aquí o caes
para no.
–Ser decente es aburrido
Día de irse la luz:
–¿Qué pasó en el Banco?
–No hay luz–.
–Fuente de luz y calor.
–Lo doméstico, ¿adónde lo doméstico
terminado?
–No hay gas.
–A balancearse a los sillones.
–Un día más
–La madurez crece.
–¿Te achantas o caminas?
–Escucho a todos.
La mujer sin nombre ni pelo hace
una encuesta sobre las tampax todavía. Sale a vacilar
los hombres más que nunca. No le importan las
decepciones sino las infiltraciones, lo demás se lo
inventa y acomoda. Revisa con sus ojos cualquier bulto
anterior y lo señala. Su mirada y su dedo son
indiscretos:
–Señor, Ud. tiene la portañuela
abierta.
Y se burla y continúa en esa calle
de vidrieras nuevas.
–Lo siento pero esa no es la diana.
–(Teoría del hombre complicado los
sábados)
–¡Sí pero me llena las bolsas!
–¿A esta hora dónde voy a encontrar
comida?– Dice una que aburrida de los otros teje
cuerpecitos de hombres.
–¡Mi primer beso se lo di a María
Luisa, mi muñeca de trapos!
–Mi madre se muere. Nada le ajusta.
Ni la cara de papá ni la mía:
–Crece hija. Hazte médico, o
abogada, busca hombres que te influyan.
Los busqué a todos. Los hallaré más
a fondo por contrato de trabajo e ilusionarme, si me
queda realmente alguno o no se han ido con una
extranjera vulgar.
–Vida nueva corazón humano.
–La recepción de la libertad en la
sociedad de arte–
–¿Tú eres de por aquí?
–Sí–
–¡Qué linda eres, ¿quieres que te
carge hasta la esquina?
Tomado de “Mujeres
apretadas o Escritos desde M.”
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