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DOMINGO DE GLORIA

Arturo Arango


Desde el pasado Campeonato Juvenil Panamericano de Camagüey se hizo evidente que esa promoción de peloteros cubanos venía con otras ganas de jugar, ganas que habían ido perdiéndose en nuestras series nacionales. Allí, en ese entusiasmo, se constataba la llegada de una generación distinta. Imagino que en el deporte no se haya estudiado, como se ha hecho en las artes, la presencia y la sucesión de las generaciones. Todos los años, se supone, entran jugadores nuevos a la primera división del béisbol cubano (y, es obvio, de todos los campeonatos del mundo), pero ese impulso generacional, ese algo que es al mismo tiempo distinto e innombrable, solo ocurre en ciclos, en series, y eso ha marcado la historia de la pelota. Pacheco, Linares, Kindelán, Mesa, fueron una generación, como lo son ahora Kendry, Juan Carlos Linares, los Gourriel, Andy Zamora, y tantos y tantos otros, para felicidad de los aficionados. Cuando se juega con ganas (cuando se quiere de veras), eso otro inefable e insoslayable que se llama la suerte acude, es fiel: es como si el destino se inclinara ante fuerzas mayores. Así hemos visto a equipos cubanos ganar incontables veces. Solo eso puede explicar el desplome de Taipei de China en el octavo inning del juego por el Campeonato Mundial Juvenil, errores que, a la larga, dieron el campeonato a Cuba. Taipei no le regaló el campeonato al equipo cubano, sino que cedió, puso rodilla en tierra, al chocar contra fuerzas mayores.

Algo similar, al parecer, ocurrió en el Mundial Universitario: los Estados Unidos, que llegaron con Cuba a la final, habían impuesto un bateo de miedo a lo largo de la serie, y en el decisivo se fueron por lechada de 6 a 0 frente a Orelvis Ávila, uno de los lanzadores que, me parece, posee mejores condiciones para ser de los grandes en nuestro beisbol, y quizás el único brazo realmente sólido de los campeones holguineros (y que me vuelvan a perdonar los compañeros del Hotel Río Mares). Tuvimos, los cubanos, un domingo de gloria y como decía un lema de mi juventud, el futuro (de la pelota cubana) parece cierto.

Y por nuestra parte, parece que, dado el desánimo que acompaña a la Superliga, este clímax dominical es un buen momento para despedir la sección hasta la próxima Serie, que, esperemos, debe comenzar en noviembre. Pero diré el adiós con palabras de otros. Los compañeros del Hotel Río Mares nos han escrito otra carta (a la que adjuntan un artículo del periodista Alexis Triana), que, al igual que la primera, reproduzco íntegramente. Para ellos, nuestro saludo: ojalá alguna vez, piscina y Mayabe por medio, podamos conversar largamente sobre los temas que han abierto, con pasión y honestidad, en estas cartas:

Compañero Omar Valiño,
Al parecer, la carta enviada por los trabajadores del Hotel Río de Mares ha traído algunas inquietudes, incluyendo la suya, y quizás usted consideró que a la respuesta dada por Arturo le faltaba lo que Usted publicó en el n 63. Permítanos expresarles algunas consideraciones que creemos son necesarias:
1- Agradecemos a ustedes por la ética demostrada al publicar nuestra carta.
2- Reconocemos que nuestra carta indudablemente fue un poco apasionada. Ahora que la analizamos nos damos cuenta de ello. No quisimos separar nuestra cultura de la pelota, pues concientes estamos del estrecho vínculo entre estas.
3- Omar, no es que fuésemos incapaces de entender lo que se quiso expresar, es que el contenido del artículo del compañero Arturo daba márgenes a diferentes interpretaciones. Es una realidad que nuestra prensa (radial, televisiva o escrita) está parcializada con los equipos occidentales, principalmente con los Industriales. Para ello no importa si se es de la Capital o de la Punta de Maisí. Somos orientales y amamos nuestros equipos. Cada temporada vemos cómo la prensa en general se parcializa, a la hora de narrar, cuando se discute una jugada, cuando se habla de un pelotero. Los juegos que más se televisan son los de Industriales, la Comisión Nacional permite que un equipo sea despojado de sus mejores figuras para reforzar a otro...¡ ¿tenemos o no razones para disgustarnos?! Todo esto es lo que nos ofende ya que tenemos derecho a que nuestros triunfos también se reconozcan.
4- Creemos que no es feo el enviar una carta colectiva cuando esta expresa el sentimiento de muchos. Quizás la pelota sea del gusto de todos los cubanos, para nosotros es pasión.
Para concluir, le anexamos un artículo del Director Provincial de Cultura en nuestra provincia y que fuera publicado en nuestro semanario Ahora. Esa es la opinión autorizada de un funcionario que pertenece a su propio Ministerio.
Reciban, entonces, un cordial saludo.

Trabajadores Hotel Río de Mares
Rafael Freyre. Holguín.
 

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