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LA PLENITUD DEL SER

La última visita que hizo a Cuba volvió a mi casa, Miguel Barnet hablaba sobre eso la otra tarde, y cuenta Reynaldo González que fue muy lindo cuando Julio Cortázar, estando reunido con nosotros, le dijo: “ Esto se parece mucho a la felicidad”.

Pablo Armando Fernández | La Habana

Cuando llegué el 22 de diciembre de 1962 a Londres, mi primer trabajo como diplomático fue localizar a Harold Gramatges, entonces el embajador de Cuba en París para que a su vez localizara a Julio Cortázar. Queríamos invitarlo al premio de Casa de las Américas del año 63. Así fue como Julio vino a Cuba.

La primera idea que tengo de su ser fue mediante  la revista Sur del año 55 en donde habían publicado un cuento suyo. Recuerdo que Eugenio Florit lo comentó conmigo en Nueva York. Lo vi por primera vez de regreso en Europa una vez que fue a Inglaterra a conocerme. Después volvió a buscar a Antón Arrufat que estaba con nosotros en Londres para llevarlo a París. A partir de ese momento vi a Julio Cortázar con alguna frecuencia, en los años 64 y 65, cada vez que iba a París.

En el 67, cuando el Encuentro con Rubén Darío, regresa nuevamente a Cuba. Un año después estuvo en mi casa. Teníamos una relación muy fraternal. En el 71 nos reunimos otra vez en la casa de la calle 20. Fue una reunión tan hermosa que José Lezama Lima llegó a decir que ni siquiera en la época de Pericles hubo tantos ilustres juntos. Estaba Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Rodríguez Feo, José Lezama Lima, Heberto Padilla, Belkis Cuza Malé, Miguel Barnet, entre otros. Fue un almuerzo espléndido.

En 1981 me escribió una carta donde me hablaba de las dificultades en países como Paraguay, Uruguay, Argentina. Estaba muy activo políticamente. Había estado en México y Nicaragua. Nos vimos otra vez en Madrid, en el 83.

La última visita que hizo a Cuba volvió a mi casa, Miguel Barnet hablaba sobre eso la otra tarde, y cuenta Reynaldo González que fue muy lindo cuando Julio Cortázar, estando reunido con nosotros, le dijo: “ Esto se parece mucho a la felicidad”.

En aquellos encuentros hablábamos de literatura, de política, de la memoria nuestra, de personas conocidas, anécdotas vividas en otras partes del mundo, de nosotros mismos y la literatura.

Era un hombre muy ameno con un gran respeto y admiración por Alejo Carpentier y José Lezama Lima. Sentía un especial respeto por este último. Él conoció a Lezama a través de la revista Orígenes que Ricardo Bidón le dio. Ahí había un texto de Lezama, Opiano Licario, que esta en Paradiso. Él hizo también el elogio de Paradiso.

Siempre estuvo muy ligado a nosotros en todos los aspectos, en el literario, político, humano y social. Fue un hombre de una gran integridad humana, una plenitud del ser.

Este es un hombre sin vacíos cuya incertidumbre pudo haberlas resueltos a través de la obra, de la literatura.

Cuando lo conocí,  estaba con Aurora Bernardes, después conoció en Cuba a Ugné Karvelis en el 67 y Carol que fue la última persona que lo acompañó en La Habana. Como ya te dije, la última vez que estuvo en Cuba volvió a casa. Se despidió de Cuba y de La Habana desde nosotros.

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