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La
familia negra de Picasso
Procedente de Málaga, el abuelo materno del pintor,
Francisco Picasso Guardeño llegó aquí en 1868, al
parecer por razones de trabajo, y se unió a una negra
liberta: Cristina Serra.
Adrian R.
Morales
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La
Habana
El propio
Pablo Picasso afirmó en cierta ocasión que su biografía
aún no estaba completa. Aquellas palabras parecerían
proféticas ahora que el mundo conoce el vínculo del
genial pintor con Cuba.
La Mayor de las Antillas se encuentra sumida por estos
días en una especie de fascinación por el resurgir de un
polémico tema que se conoció en 1999: el hallazgo de la
estirpe negra del genio malagueño, la cual habita en
esta Isla desde finales del siglo XIX.
Procedente de Málaga, el abuelo materno del pintor,
Francisco Picasso Guardeño llegó aquí en 1868, al
parecer por razones de trabajo, y se unió a una negra
liberta: Cristina Serra, con quien tuvo cuatro hijos,
según la pesquisa realizada en 1998 por la investigadora
y fotógrafa Bárbara Mejides Aznares.
Los detalles de la intensa y apasionante búsqueda de los
“Picasso negros”, valioso e irrefutable testimonio de
los pasos de aquel inmigrante en este lado del
Atlántico, se divulgaron por primera vez en el periódico
El Tiempo Coruñés, en febrero de 1999 y en junio
de ese mismo año, en el sitio web del Ministerio cubano
de Cultura.
Desde hacía tiempo, la Fundación Pablo Ruiz Picasso de
La Coruña buscaba los eslabones perdidos en la vida de
Francisco, de quien solo se sabía la fecha de nacimiento
(1825), y que había abandonado a su familia para
dirigirse al Nuevo Mundo.
Estos datos, facilitados por el presidente de la
Fundación, Ángel Padín Panizo –biógrafo de Picasso y
jefe de Prensa de la Universidad de La Coruña–,
permitirían más tarde atar cabos hasta llegar a la raíz
de los Picasso en Cuba.
«En Sagua la Grande y Cienfuegos –ciudades del centro de
la Isla–, confirmé la existencia de los Picasso, quienes
habían emigrado a La Habana a partir de la década del 20
del siglo pasado», dijo la autora.
De la unión de Picasso Guardeño y Cristina Serra
nacieron cuatro hijos: Juan Francisco Aurelio –quien
tuvo nueve hijos de los cuales aún viven dos–; Fermín
(no es posible afirmar si tuvo descendencia); Vicenta
Emilia (no tuvo hijos) y Arcadia de la Caridad (siete
hijos).
“Wifredo Lam, pintor cubano, íntimo de Picasso, era muy
amigo de las dos descendencias de los Picasso en Sagua
la Grande, visitaba a la familia de Juan Francisco y a
las mulatas de Arcadia”, refirió Mejides.
Una nieta de esta última, Gloria Molina Picasso
identificó a su tío Juan Francisco cuando vio su foto en
un programa televisivo donde la autora divulgó los
resultados de su pesquisa.
La tradición oral, fuertemente arraigada en la familia
de Arcadia, hizo posible que sus descendientes
conocieran el parentesco que tenían con el autor de
Guernica.
Según el testimonio de Gloria, biznieta del abuelo de
Picasso, los mulatos de su familia eran de facciones muy
finas y sabían que descendían de un español, por lo que
el apellido no les venía de un amo o hacendado, como
solía hacerse en esa época.
“Esta rama tenía conocimiento del pintor, a quien
admiraba. Pero la parte de Juan Francisco ignoraba el
parentesco”, señaló Mejides, quien se considera
auténtica picassiana.
La noticia ha tenido gran repercusión en Cuba y el
mundo, sobre todo en España, donde llamó la atención el
parecido tan grande entre los ojos vivaces del pintor
malagueño y los del hijo del primogénito de Juan
Francisco, Juan Antonio Pascual Picasso, nieto del tío
de Picasso.
La investigación de Mejides y la valiosa colaboración
del historiador de Cienfuegos, Orlando García Martínez
–tesorero durante 20 años de los papeles de Picasso
Guardeño–, revelaron que había muerto de anemia en 1888
e, incluso, había dejado un poder a su esposa en España.
La página web del Ministerio de Cultura contó desde un
principio con fotos donadas gentilmente por los Picasso
cubanos y una ilustración que para este trabajo realizó
la pintora y grabadora Alicia de la Campa Pak.
En ella se representa a una doncella (la propia hija de
Mejides), un minotauro negro y la torre de Hércules,
alusión a uno de los primeros dibujos del pintor y
considerada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Todo parece indicar que Picasso no tuvo contacto con sus
familiares cubanos. Padín Panizo incluirá en la próxima
edición de la biografía del pintor un capítulo con el
importante ensayo de Bárbara Mejides Aznares.
La investigación, que arroja luz sobre una de las
facetas desconocidas del más genial de los creadores
españoles, volvió hace dos meses a la dirección
www.cubarte.cult.cu, donde el mundo la conoció
originalmente. El sitio ofrece en detalle la pesquisa
realizada por Mejides y una amplia muestra fotográfica
de la familia cubana de Picasso.
Tal vez los versos del escritor mexicano Alfonso Reyes,
“... Cuba –que nunca vio Gauguin, /que nunca vio
Picasso...”, adquieran ahora otro significado, pues
aunque el genio español no pisó estas latitudes, la
fuerza de su sangre se multiplica hoy en esta Isla.
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