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El Premio cortázar
El pasado 26 de
agosto se efectuó en el Instituto Cubano del Libro la
entrega del Premio Iberoamericano de Cuento Julio
Cortázar. En su primera edición, y justo el día
del aniversario ochenta y ocho del natalicio de ese
grande de las letras latinoamericanas, el galardón le
correspondió al cuento "Los Fantasmas de Sade" del
joven escritor Ernesto Pérez Chang quien accedió a esta
entrevista en exclusiva para
La
Jiribilla.
Jorge
Sariol
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La
Habana
Con el cuento
Los Fantasmas de Sade, el cubano Ernesto Pérez Chang
acaba de obtener el Premio Iberoamericano de Cuento
Julio Cortázar, en su primera edición. Calificada de “historia
delirante, thriller absurdo y burla a los mecanismos de
la literatura testimonial, en una prosa sin fisuras y
muy pertinente“, la obra parece arrancar con
buenaventura para el autor, en un premio que
irrumpe en el ámbito literario con
la magia de famas y cronopios y la buena estrella del
gran escritor argentino.
Ernesto Pérez Chang, editor de
Casa de las Américas y muy joven aún en estas lides,
entra con buen pie, a pesar de tantos fantasmas que
incursionan en el espectro de premios y concursos
abundantes en el continente.
Aún así, tampoco es novel en la más estricta
literalidad. En 1998, premio de La Gaceta con
Situaciones violentas... Luego en 1999, el premio
David por el libro Última foto de mamá desnuda
y en el 2000, primera mención en Premio Novela de la
UNEAC.
El Premio
Iberoamericano de Cuento Julio Cortazar cuenta con un
importe en metálico de 1000 USD
–En momentos que buena parte de la literatura hecha
por jóvenes en Cuba se hace en la cuentística y sobre la
base de la realidad más inmediata, descarnada o rozando
la incomunicación, tu línea creadora va por otro rumbo,
ajena al referente cubano.
–La literatura con demasiados referentes a la realidad
inmediata, en marco tan cerrado, se condena a la
desaparición, a tener vida efímera.
Cuando escribo intento abrir ese referente más allá del
contexto, para que el lector lo adapte a su visión de la
realidad.
No creo que sea impropio referirse a la realidad cubana,
todo lo contrario, pero prefiero dar claves y que cada
cual interprete el significado del texto.
Y en la creación, sea el tema que sea, algunos
escritores llegan a la novela después del domino del
cuento. Conmigo sucedió al revés. Surgió primero la
novela y por consejo de una amiga – que creyó que se me
había ido la mano– llegué a comprender que tenía en mis
manos cuatro historias que conformaron entonces un libro
de cuentos que llevará el título Los Fantasma de Sade
y que será publicado, según parece, en breve. Uno de los
cuentos, el premiado, lleva el mismo título.
La novela sería el resultado de una investigación que he
venido haciendo para ensayos sobre Lord Byron, Heredia,
Plácido y también sobre el marqués de Sade.
–¿Hasta dónde la fabulación y hasta dónde el interés
histórico?
–En Los fantasmas... la mayoría de los personajes
existen. Rose Keller fue la primera mujer que llevó a
juicio al marqués de Sade, también real –y aunque
consiguió su encarcelación cayó en descrédito y de
mandadera terminó en prostituta. Marguerite Coste y
Marianne Laverne también existieron, y a partir de sus
personalidades inventé descendencia que son los
personajes de una historia que no es más que un pretexto
para hablar de, de cuánto puede haber de relativo en el
carácter monstruoso de los individuos, hasta dónde los
cánones sociales aportan para considerar a una persona
marginal o monstruosa.
En el cuento premiado tomo al marqués de Sade como
ejemplo; en los tres restantes puede apreciarse cómo
varían las concepciones de ingenuo, asesino a plagiario.
Son independientes, pero al hacer la lectura de los
cuatro cuentos, el campo interpretativo del lector se
amplía y espero haber dado el sentido de que no es solo
lo marginal, lo grotesco o lo erótico, aunque pueda
resultar a veces desbordante.
Me interesó aplicar recursos de la crónica roja, la nota
periodística, clásicos en magazines y revistas.
–Novela que no llegó a ser, cuento premiado –y con
buenaventura– poesía, ocasionalmente. ¿No establecerás
definitivamente un género esencial en tu obra?
–La poesía fue mi primera incursión en la
literatura. Desde la adolescencia, leyendo literatura,
intenté también hacer algo, desde el punto de vista
creativo, aunque naturalmente eran imitaciones. De la
poesía llegué a la narrativa, que ha resultado
finalmente el género al que dedico mi trabajo, pero
alguna vez vuelvo al verso.
Quedarme con la poesía, sería para mí algo personal, muy
en lo particular, en mi intimidad. Claro, aparece un
poema en La Gaceta, pero no con la intención de
formar un libro posterior o pensar un libro de antemano.
Los
cuentos, en la mayoría de los casos, han salido de un
pensamiento poético como concepción del mundo que
después se ha transformado. Evidentemente, si hay un
núcleo, es la poesía.
Todo texto literario se transforma, y aunque se tenga
planes, llegan a tener especie de vida propia y toman su
nivel.
La tendencia actual es que no haya límites. Entre el
cuento, la novela –incluso en el ensayo– no hay
fronteras y puede resultar fácil transitar de uno a
otro.
Las grandes editoriales van en busca de las novelas. Con
el cuento sucede que es más aplaudido por las revistas,
pero todo el mundo al referirse a la madurez de un
escritor hace notar “que hizo su primera novela”.
Creo que es muy complejo, pues Juan Rulfo no escribió
novela y es uno de los grandes de la literatura, y hay
cuentos equiparables a grandes novelas. Muchas veces es
un problema comercial.
–En tu condición de editor-escritor, cómo sabes de no
padecer del “Mal de la Crítica Despiadada” que puede
volverse contra ti mismo.
–Lo padezco desde hace mucho. Cuando entrego algo para
publicar ya lo pasé por el “ojo autocrítico” muchas
veces.
Estoy satisfecho por completo con este libro Los
fantasmas... sucede que algunos cuentos de Última
foto... me desagradan, porque hoy los considero
flojos o no supe llevar la historia adonde yo quería.
Con Los fantasmas de Sade encaucé la idea y la
mantuve hasta el final y el cuento que obtuvo premio
parece ser el mejor ejemplo.
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