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MI VOTO AL DESNUDO
En
horas muy tempranas tomé el camino hacia el colegio
electoral donde debía ejercer mi derecho al voto. Me
esperaba el periodista Oscar Suárez, quien quería dejar
constancia de mi participación en los comicios. Con
profesionalidad me marcó los movimientos que debía
realizar hasta la mesa electoral y ordenó al camarógrafo
el tiro de cámara exacto de mi recorrido, pronunciando
la palabra esperada: “filmando”. Era un momento solemne.
Enrique
Núñez Rodríguez|
La
Habana
El
sábado 19, víspera de las elecciones, yo podía notar
cierta preocupación especial en los médicos que me
asisten. No podía imaginar, sin embargo, que en sus
mentes bullía el propósito de concederme el primer pase.
Después de una larga estancia en el hospital, iba a
poder regresar a mis lugares habituales, al menos por 24
horas.
El
Doctor José Antonio Martínez, jefe de sala, andaba
conspirando con mis familiares para la sorpresa que
había ideado, siguiendo, desde luego, los lineamientos
trazados en colectivo por el eficaz grupo de científicos
que me atiende. Su pregunta no pudo ser más cariñosa:
“¿No quieres ir a votar a tu barrio?”; dejándome
gratamente turbado. Esa pregunta encerraba en sí misma
cierto grado de mejoría en mi estado físico que permitía
la autorización para salir de pase. Esa misma noche me
vi recorriendo el camino de regreso, ese que a veces nos
parece tan difícil. A la mañana siguiente en horas muy
tempranas tomé el camino hacia el colegio electoral
donde debía ejercer mi derecho al voto. Me esperaba el
periodista Oscar Suárez, quien quería dejar constancia
de mi participación en los comicios. Con profesionalidad
me marcó los movimientos que debía realizar hasta la
mesa electoral y ordenó al camarógrafo el tiro de cámara
exacto de mi recorrido, pronunciando la palabra
esperada: “filmando”. Era un momento solemne. Lo que no
fue solemne fue la jugada que me hicieron mis pantalones
talla 40 que, en espectacular caída, me dejaban
públicamente en calzoncillos: unos feos calzoncillos
matapasiones que, por suerte, se negaron a descender
ante la mirada atónita de los presentes. El comentario
más ingenioso lo hizo un elector que también esperaba su
turno. Dijo: “Fabelo lo retrató por delante y Suárez lo
retrató por detrás”. De todos modos, la foto podría
intitularse Mi voto al desnudo.
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