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VENTURA DE BUENA SIMIENTE
 
Donde la calle Trocadero se encuentra con Paseo del Prado, puede verse un espléndido edificio que recuerda a Italia, al Palacio de Vendramín Calergi y al mejor estilo del renacimiento veneciano. Para tal lugar se mudó, en febrero del 2001, la Escuela Nacional de Ballet (ENB).


Jorge Sariol | La Habana

 

Donde la calle Trocadero se encuentra con Paseo del Prado, puede verse un espléndido  edificio que recuerda a Italia, al Palacio de Vendramín Calergi y al mejor estilo del renacimiento veneciano.

Edificado entre 1902 y 1904 como sede de la Asociación de Dependientes de Comercio de La Habana.,el vetusto edificio recibe desde el 2000 una restauración capital que va dejando como en sus buenos tiempos, su escalinata monumental, el piso con losas originales –mármol de Carrara–, el estuco del techo, todos sus ventanales y columnas, y las decoraciones interiores y exteriores.

Para tal lugar se mudó, en febrero del 2001, la Escuela Nacional de Ballet (ENB).

Casi dos años después –restauración  por medio–, todo parece seguir siendo felizmente perfectible en un país de bailadores, donde el ballet es una profesión y ser bailarín es como un título universitario: 218 estudiantes componen la matrícula de la ENB, aunque puede llegar a 300. Naturalmente, hay más hembras que varones –las niñas doblan la cifra–, pero 70 donceles es una cantidad esperanzadoramente respetable en cualquier parte del mundo.

Los requerimientos técnicos instalados en la institución respetan la privacidad, amplitud, iluminación y sonorización de 7 grandes salones, 3 aulas técnicas, y los salones pequeños para audio y vídeo, maquillaje, preparación física, vestuario y taquillas; todo cuando aún falta culminar la tercera planta, acción prevista para enero próximo, bajo el precepto inviolable de respetar el estilo original. La tecnología constructiva permite que todos los agregados puedan ser desmontados en poco tiempo si el caso lo requiere y nadie dirá que horas antes, entre piruetas y fuettés se forma la “futuridad” en esos predios.

Pero en bien de la futuridad, la ENB de Cuba avanza con luz larga y transita por dos especialidades – bailarines y profesoral- y dos programas de formación –3 años y seis meses, para los estudiantes de nivel medio, y algo más de 4 años para los que no lo hayan alcanzado.

Las captaciones – rigurosas– se hacen en las escuelas elementales del subsistema de enseñanza artística de todo el país, entre 14-15 años de edad.

El plan de estudio común para la enseñanza media cubana rige en la ENB, además de las propias de la especialidad: ballet, repertorio, danzas técnicas, de carácter, españolas, de salón, pas de deux, folklore y maquillaje.

La escuela es sede de un concurso bianual para estudiantes, sin carácter lucrativo y realizan anualmente un encuentro internacional de academias para la enseñanza del ballet.

Lissis Báez Díaz arranca aplausos de todos quienes miran el ensayo de una presentación que hará la escuela el domingo, a propósito del Festival de La Habana. Hacer dejación de un montón de gustos y placeres, en una hermosa jovencita puede ser traumático, pero contesta con una sonrisa de oreja a oreja: “dejación del tiempo a los novios o de cosas que me encantan comer, porque si piensas llegar a algo en el ballet no hay otra vía. Mi aspiración máxima es sobresalir como bailarina”.

 Dra. Ramona de Sáa, directora del la ENB

La destacada docente Dra. Ramona de Sáa, directora de la ENB, una ex bailarina llena de tanta vitalidad como empeño, tiene el don de estar en todas partes, a veces al mismo tiempo:

“En primer lugar la escuela tiene que formar no solo integralmente –no basta el nivel artístico- hay que cumplir un rol social a la hora de formar bailarines y profesores.

Cuarenta y nueve docentes en total se encargan del universo formador de nuestros estudiantes.

“La vida activa en esta profesión es muy corta; en Cuba seguimos la teoría de que al terminar en este centro no pasen al Instituto Superior de Arte (ISA) si antes no se vincularon al Ballet Nacional, a grupos danzarios o al ejercicio del baile en muchas de sus variantes.

“La idea de crear los talleres vocacionales – a partir de enero– es casi como hacer la alfabetización nacional en el tema del ballet. Además de la relación teórico-práctica,  ballet y preparación física, se darán clases de canto coral y educación musical, pues se pretende recrear la vocación, pero no se trata solo de crear hábitos para bailar, sino de influir en la apreciación estética de los alumnos, entre 7 y 14 años e incluso en la de sus padres, porque de hecho los vinculamos también.

“Serán 4 050 niños y adolescentes. Es un reto enorme, pero tenemos el apoyo de la máxima dirección del país”.

El español Isidro Bravo, profesor de Historia del arte de la escenografía junto a un grupo de visitantes –periodistas, críticos y académicos–, recorren la escuela: “siento una envidia extraordinaria cuando veo la manera en que se ha planificado una formación tan abierta a todo el mundo con cualidades, y la sensibilidad que desarrollan desde muy pequeños los futuros bailarines.

Algo que modificaría si pudiera...

No se me ocurre; al revés, importaría muchas cosas de esta escuela para mi país”.

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