|
UNA LEYENDA VIVA: LÁZARO ROS
Lázaro Ros es un hombre sabio y venerable. Delgado, de
amplia sonrisa blanca y garganta de acero. Para los
cubanos, Lázaro es la voz por excelencia salida del
corazón de la selva nigeriana, y por supuesto, el mejor
akpwon del rico y ancestral folklore afrocubano, quien
entona sus melodías con voz inigualable, por su calidad
y fortaleza.
Natalia Bolívar
|
La
Habana
Por sus
extraordinarios aportes a la cultura cubana y universal,
en el día de hoy, la Fundación de Cultura
Afrohispanoamericana, “Ceiba” y la Junta de Andalucía,
hacen entrega al Maestro Lázaro Ros, de una placa
conmemorativa, confeccionada en cerámica trianera, en
reconocimiento a su ardua labor creativa. Esta es la
segunda ocasión en que se hace entrega de dicho
reconocimiento; primero fue otorgado en Sevilla, a la
prestigiosa cantora de música negra peruana Susana Baca;
hoy, por segunda vez, y en América, tenemos el honor de
entregársela a nuestro querido y honesto Maestro.
Como todos sabemos, Lázaro Ros es un hombre sabio y
venerable. Delgado, de amplia sonrisa blanca y garganta
de acero. Para los cubanos, Lázaro es la voz por
excelencia salida del corazón de la selva nigeriana, y
por supuesto, el mejor akpwon del rico y ancestral
folklore afrocubano, quien entona sus melodías con voz
inigualable, por su calidad y fortaleza.
Durante años, anduvo en busca de una casa donde había un
toque, donde un viejo babalawo o un santero que le
enseñaran un nuevo canto. De pueblo en pueblo, Lázaro
fue aprendiendo historias y cantos, hasta pasar el
millar y lo que aprendió le costó mucho esfuerzo.
En la búsqueda de cadencia en la comunicación Lázaro Ros
siempre caminó junto a Awueyi, creador del
hombre, místico personaje, foddú que vive a la sombra de
los frutos, quien penetró en el dulzor de tu música y se
confundió con el sentir de tu melodía; Oggún, se
posesionó con el martillo y el yunque en tu poderosa voz
de hierro y miel; por su parte Afra te indicó el
camino para que te proyectaras al universo de la
multigamática modulación; con sus olas espumosas y sus
azules de cobalto esfuminándose en sus corales, nuestra
inquieta Yemayá Afreketé, te dio la potencia de
la supervivencia de 500 años, con cantos y rezos, todos
nacidos en las entrañas de esta Isla formada por ecos y
lamentos de la intrincada cultura negra; Ochún te
dio el lirismo de su sensualidad, para recrearte con sus
movimientos de tonalidad imaginativa; Jebioso,
posesionado con sus truenos sonoros y arrullando sus
palmas atacadas por la ira, imprimió vitalidad y lirismo
en tus cantos.
Y todos ellos te llevaron de la mano al mundo de Oche
Melli, oddún del artista, del genio, de la voz que busca
sus ancestros para acoplarse íntimamente en el encanto
de nuestra cultura.
Y así, con palmadas al registro de pies cansados por
tanto deambular, tus cantos recorren lo ancho y largo de
esta Isla abrazando con su fortaleza el universo de tu
potencialidad cubana y africana para legarnos tu más
rico tesoro: tu voz de akpuón henchido al aire, viajante
infatigable de la cosmogonía mística, vibrante escuela
de esta lengua, de esta música, de esta religión.
Modupué
Maestro.
|