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RAMONCITO VALLE
INTERPRETA
A LECUONA
Estamos adentrándonos en el mundo interior y nada
secreto del pianista cubano Ramón Valle, intentando
comprender cómo puede tejer tales ideas musicales, cuyo
desarrollo es una invitación para que el tiempo nos
transcurra, con lo mejor de su arte.
Toni
Basanta|
La
Habana
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temas del CD

Tengo mucho gusto en presentarles el álbum Danza
Negra del pianista Ramón Valle grabado en los
estudios Bauer en Ludwigsburg, Alemania. Participan el
español Perico Sambeat, en los saxofones; y los cubanos
Carlos Puig, en la trompeta; Oscar Rodríguez, en el
contrabajo y Horacio “El Negro” Hernández, en la
batería. Las orquestaciones son de Ramón Valle.
Acerca de Ernesto Lecuona, su nombre resulta familiar al
mundo por sus dotes como prolijo compositor y virtuoso
pianista. Lecuona compuso 176 piezas para piano solo,
406 canciones, 37 composiciones para orquesta, pasando
por la zarzuela, las operetas, el teatro, además de 11
bandas sonoras para el cine, de las cuales la más famosa
es “Siempre en mi corazón” –tema que da nombre a un
filme nominado al premio Oscar en 1942. Cientos de
cantantes, la han hecho suyas, al igual que “Malagueña”,
“Andalucía”, “Siboney”; cuatro de sus obras inmortales.
Escritas durante la primera mitad del siglo XX, todavía
muestran una eterna juventud, propia de una isla del
caribe considerada reserva musical del planeta. Lecuona
destiló la esencia y reflejó el alma de su tierra. 70
años más tarde, Ramón Valle las pone de fiesta con un
quinteto altamente recomendable.
La producción es de Tímothy Kotovik para la compañía
discográfica ACT de Alemania. Grabación, mezcla y
masterización del experimentado Yohannes Wohleben.
Este disco muestra lo pródiga que la pianística cubana
ha sido del siglo XX en cuanto a talento se refiere. De
Lecuona a Jorge Luis Prats en la música clásica y de
Célido Curbelo a Ramoncito Valle en el jazz
contemporáneo, suman miles, los nombres que han
realizado aportes a la pianística mundial.
Ramón Valle le aporta su depurada técnica, más una
amplia creatividad.
En esta, su tercera incursión discográfica podrán
escucharlo haciendo gala de su imaginación,
espontaneidad, lirismo y belleza; atributos que muestra
en su doble condición de pianista y orquestador. Como
todo hombre, Ramón Valle está premiado de ciertas
influencias. Durante su estancia en Europa, ha tenido la
posibilidad de visitar muchas veces las ciudades de
Sevilla, Andalucía, Valencia, Cádiz y Barcelona, y ese
aroma se respira a través de su álbum Danza negra,
con 10 temas hermosos del ídolo de Guanabacoa: Don
Ernesto Lecuona.
Los que han oído tocar el piano a Ramón Valle en
numerosos contextos en La Habana, Holguín, el Club
Jambourée de Barcelona, su primera prueba de fuego
internacional, Alemania, Holanda o República Dominicana,
habrán comprobado su capacidad de seducción. Resulta,
además incomparable lo que sus manos pueden hacer ante
el teclado. A juzgar por su estatura es difícil medir el
tamaño de sus manos. Me refiero a su dulce trabajo
armónico, a la profunda ligereza de sus melodías, a su
concepción rítmica, a la atlética digitación de su andar
sobre las teclas del piano.
Estamos adentrándonos en el mundo interior y nada
secreto del pianista cubano Ramón Valle, intentando
comprender cómo puede tejer tales ideas musicales, cuyo
desarrollo es una invitación para que el tiempo nos
transcurra, con lo mejor de su arte.
Desde 1998, Ramón Valle vive en Europa, continente que
lo ha acercado a los centros jazzísticos más reconocidos
fuera de la Isla. Pero antes y ahora, su música parece
vivir acorde con la máxima del tiempo: trabajar su
propio concepto del jazz, seguir levitando, ser el
crisol de grandes historias como esta que narra a favor
de Ernesto Lecuona, jugando uno de sus partidos más
dichosos.
La personalidad de Ramón Valle es una personalidad
musical poderosa, una personalidad que lo va a llevar
mucho más allá. Ya con este registro lo estamos
comprobando.
Danza negra
es el resultado de sus obsesiones de haber crecido
virtuoso, tocando muchas veces sobre un piano demacrado
y tocar en él, el área de las “Variaciones de Goldberg”,
con una riqueza de timbres prodigiosa, intercambiar en
su “descarga” citas de Glenn Gould, Bach, Debussy o
Makowicz imprimiéndole el sello personal que hoy lo
identifica.
La impresión que nos deja este álbum es el respeto con
que han sido tratadas las creaciones de tan insigne
maestro. Esto significa más que un simple tributo. Ramón
Valle ha orquestado la obra de Lecuona, la obra que le
ha sido posible para un quinteto de jazz, manteniéndose
fiel a los temas originales y transformándolos hacia
otro nivel artístico y estilístico. Le añade las
síncopas del jazz considerando que estos temas escritos
en la primera mitad del siglo XX ya han bañado de
influencias a los creadores del género. La destacada
inventiva melódica de Lecuona, es bien aprovechada por
Ramón Valle y sus acompañantes. Tiernas baladas, danzas,
aires españoles y cubanos, la presencia de la diáspora
africana del Caribe, la conga, los gitanos, y la
inevitable comparsa, la infaltable, la que llena con su
bajo en la mano izquierda, el paso del carnaval. Para
lograrlo, se nutrió de La Suite Andalucía, uno de los
momentos arquitectónicos de los cubanos. Mención
especial para sus colaboradores, Perico Sambeat, en los
saxofones; Carlos Puig, en la trompeta; Oscar Rodríguez,
en el bajo acústico y Horacio “El negro” Hernández, en
la batería.
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