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LAS MANOS Y EL ÁNGEL
Si
de Emiliano Salvador se trata, bastaría con escuchar su
extraordinaria música para evocarlo en toda su magnitud.
Pero el joven realizador Esteban García Insausti ha
decidido llevar al cine la figura del desaparecido
artista, resurgido ahora en un singular documental de 27
minutos, cuyo principal mérito radica en la capacidad de
su realizador para hacer que sus imágenes hablen a
través de la música y el ritmo que él les imprime.
Gustavo
Arcos Fernández-Brito
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La
Habana
Se ha dicho que “no son las imágenes las que hacen un
filme, sino el alma de esas imágenes”. Si de Emiliano
Salvador se trata, desde luego que bastaría con escuchar
su extraordinaria música para evocarlo en toda su
magnitud y verlo aparecer nuevamente como extasiado,
interpretando al piano una de sus creaciones. Pero como
en el mundo de hoy, una imagen vale más que mil
palabras, el joven realizador Esteban García Insausti ha
decidido llevar al cine (o más propiamente al video) la
figura del desaparecido artista, resurgido ahora en un
singular documental de 27 minutos, cuyo principal mérito
radica en la capacidad de su realizador para hacer que
sus imágenes hablen a través de la música y el ritmo que
él les imprime.
Coherente con el propio espíritu artístico de Emiliano
(pletórico en fusiones y experimentaciones), este
tributo fílmico se construye siguiendo una estructura de
mosaico, donde la fragmentación de imágenes, el
contrapunto de estas con los planos sonoros, el corte
vertiginoso y los atractivos elementos gráficos de
variada inspiración, conforman un tejido audiovisual
de gran contemporaneidad, que ha sido reconocido ya por
diferentes jurados en los más importantes eventos*
cinematográficos del año.
Cuatro
segmentos componen la arquitectura argumental del filme,
perfectamente definidos a través de oposiciones: Antes
/Después, Dentro / Fuera, que marcan diferentes períodos
en la creación del artista. Integrados a ellos
escuchamos cerca de una veintena de temas musicales,
interpretados mayormente por el propio Emiliano. La
inclusión y superposición en el texto de imágenes
callejeras actuales con fragmentos de filmes, fotos
familiares, apariciones televisivas, recortes de prensa,
entrevistas y conciertos grabados en distintos soportes
enriquecen la textura y el discurso visual de Las
manos y el ángel, distanciándolo de otros
“documentales sobre artistas”, que proliferan en
nuestros medios
Las
manos y el ángel
fue un proyecto iniciado por Esteban cuando estudiaba
tercer año en la Facultad de Comunicación Audiovisual
del Instituto Superior de Arte, allá por el año 1997.
Entonces sobrepasaba apenas los diez minutos, y
respondía más a los requerimientos docentes que a una
verdadera obra autoral. Cinco años debieron transcurrir
para que, una vez reunido todo el (escaso, aunque no lo
parezca) material de archivo y las imprescindibles
entrevistas, el complejo y meritorio trabajo de
edición le diera al relato la suficiente fuerza y
organicidad.
Si bien
es cierto que los numerosos efectos visuales de clara
connotación plástica (tratamiento por capas de la
imagen, uso de filtros y mascarillas, animaciones para
los textos, degradaciones del color, etc) generados
eficazmente a través de la edición digital, realzan la
forma en detrimento de la narración, esta licencia,
pretende sobre todo captar la atención de un espectador
preferentemente joven, más ( y en
ocasiones mal) acostumbrado al empleo de estos
artificios de la técnica y el lenguaje audiovisual y que
lamentablemente resulta desconocedor de la obra del
talentoso músico, desaparecido en 1992, con solo 40
años de edad.
Y es
justamente éste el empeño mayor de su realizador, quién
desea llamar la atención sobre las zonas oscuras que han
acompañado la precaria difusión, estudio y aceptación de
la obra de Emiliano en nuestro país, no así en el
exterior donde sus discos son reeditados una y otra vez
a la par que es venerado por los más diversos músicos y
especialistas, corroborando una vez más aquello de que
nadie es profeta en su tierra.
No
podían faltar aquí, las palabras de los que, no solo lo
conocieron sino que saben de su relevancia como artista
y su influencia ( a veces imperceptible) en la obra de
otros compositores e instrumentistas del Jazz, que le
sucedieron. Escuchar a Chucho Valdés, a Sergio Vitier,
Frank Emilio, Fernando Trueba o Michel Camilo hablar con
respeto y admiración de la música de Emiliano, le otorga
al documental por si hubiera alguna duda, la necesaria
legitimidad conceptual tan agradecida por el género y
los espectadores.
Noviembre 2002
* En su género, Las
manos y el ángel, ha recibido entre otros los
premios principales de los Festivales Nacionales:
Caracol de la UNEAC, Cine Plaza y Almacén de la Imagen.
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