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LA FAVELA: UN CINE LEJOS DE DIOS
El
filme brasileño Ciudad de Dios, de Fernando
Meirelles, obtuvo varios de los premios más importantes
del Festival. El Coral a la mejor película y a la mejor
fotografía hacen justicia a sus realizadores. César
Charlone, quien tuvo a su cargo la dirección de fotografía,
conversó en exclusiva para La Jiribilla.
Jorge Sariol
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La
Habana
El
filme brasileño Ciudad de Dios, de Fernando
Meirelles, obtuvo varios de los premios más importantes
del Festival. El coral a la mejor película y a la mejor
fotografía hacen justicia a su realizadores. César Charlone, quien tuvo a cargo la dirección de fotografía
representó al equipo técnico en la cita habanera.
Uruguayo afincado en
Brasil, fue además fundador de la Escuela Internacional
de Cine de San Antonio de los Baños; vino por seis
meses a Cuba y “ me quedé tres años y medio hasta que se
formó la primera generación de cineastas”.
De joven, mientras
estudiaba Medicina en el Uruguay, tuvo la fotografía
como un hobby. “Mi padre era director de televisión y de
teatro y mi abuelo era crítico de arte, así que la
Medicina era como nada que ver”.
Fue el tiempo en que
entró en un movimiento llamado Cinemateca del Tercer
Mundo, fundada por Mario Hamler: “se exhibían películas
de todo el mundo y allí conocí entonces el trabajo del
documentalista cubano Santiago Álvarez, y me dije ‘eso
es lo que quiero hacer’. Luego tuve el honor de sentarme
junto a Santiago el día de la inauguración de la
escuela.
-El
ritmo para contar las historias, la forma de encuadrar
las escenas y las perspectivas para armar la dramaturgia
fueron conseguidas con agilidad y de forma
expresivamente veraz. ¿Estuvo el resultado dentro de lo
esperado?
-Durante mucho tiempo
hice documentales y ha constituido buena parte de mi
vida. Esto siempre lo cuento con orgullo, razón por la
cual en Ciudad de Dios, encaramos la forma de
filmar como un documental.
Durante todo el
proceso de elaboración nos pusimos de acuerdo con
Fernando Meirelles. Él creaba un evento dramatúrgico con
los actores y yo entraba con la cámara, documentando ese
momento que se estaba viviendo.
Creo que la película
tiene ese frescor porque los muchachos viven esa
realidad y contaban e interpretaban un momento de esa
realidad que vivían cotidianamente, por tanto, todo era
muy verdadero.
-¿Cuáles fueron las
particularidades del trabajo con los actores?
-Fue un trabajo muy
bonito. Cuando el director decidió hacer esa película,
se dio cuenta desde el principio de que para hacer ese
tipo de trabajo no podría contar con actores
profesionales, sobre todo por la cantidad de niños y
adolescentes. Y después de mucho buscar, lo encontró en
la agrupación de teatro Nois do Morro, de Buchy Fraga,
un actor de Río de Janeiro, que tiene un trabajo
interesante en la favela Morro do Vidigao.
Se hizo un concurso
donde se inscribieron 2 mil adolescentes –entre hembras
y varones- y luego 200 fueron seleccionados y
preparados para trabajar.
Finalmente, Fátima
Toledo, muy conocida en Brasil por su trabajo con
actores –lo hizo con mucho éxito, por ejemplo, para
Babenco Pixote- entrenó a los chicos para el rodaje.
Fue curioso que los
actores conocían el contenido de las escenas, pero no
conocían el guión, a sugerencia de la propia Fátima,
para que pudieran improvisar en la dramatizaciones.
La película está
basada en un libro de Paulo Lins. Cuando Eitor Dalía, un
cineasta amigo nuestro, se lo dio a leer a Fernando, le
dijo que creía daba para una buena película.
Inmediatamente Fernando se dio a la tarea de pensar cómo
hacerla.
-El tema ya se ha
tocado, por ejemplo, en la película colombiana La
Virgen de los Sicarios o la mejicana Amores
Perros ¿Qué pasará con este tipo de cine? ¿Por fin
impactará lo suficiente como para mover a la reflexión?
-Ciudad de Dios
fue lanzada en Brasil en tiempo de elecciones, en las
que, por primera vez, un trabajador ha sido elegido
Presidente. Fue parte del programa político de todos los
candidatos en la lucha contra la violencia.
El hecho de que en
Brasil la hayan visto tres millones de espectadores –un
millón y medio más que Estación Central- y que
haya sido la película más taquillera, es un indicador de
que la gente está interesada en analizar el tema.
El propio Luis Inacio
Lula Da Silva dijo en Curitiba que era un película que
debían ver todos los brasileros.
Ha sido comprada por la Miramax y será lanzada en buena
parte del mundo. Y aún se sigue presentando en Brasil,
por suerte.
-En
su trabajo como director de fotografía ¿Cuántas
inconveniencias y sustos debió enfrentar?
-Fueron sustos más bien emocionales, por estar
descubriendo lo duro de esa realidad. Por lo que
estábamos viviendo, muchas veces coincidíamos en que
estar filmando era ya una película mejor que la filmada.
Fue muy conmovedor. De manera particular, aproveché las
vacaciones y llevé a mis hijos menores a que hicieran
pasantías en los equipos técnicos, para que pudieran
vivir y conocer de algún modo esa realidad. Incluso
aparecen en los créditos.
-¿No hubo riesgos, entonces?
-La producción se encargó muy bien de organizar todo,
para que no corriéramos mucho peligro.
-Algo que hubiera querido conseguir en la película y que
no logró...
-Hay algo, pero lo resolveré en la próxima. |