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LAS ESTATUAS ESTÁN INUNDADAS
Mi primer intento
de comunicarme con Dulce María Loynaz ocurrió a
principios de los años ‘80. Yo trabajaba entonces en la
Casa de Las Américas. Estaba a cargo del Archivo de la
Palabra y se nos ocurrió hacer una grabación de su voz.
Pedro Simón
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La
Habana
Es la primera vez que accedo a hablar en público de
Dulce María, aunque estuve muchos años dedicado a su
obra, a su persona, a su promoción, a su estudio. Mi
primer intento de comunicarme con ella ocurrió a
principios de los años ‘80. Yo trabajaba entonces en la
Casa de Las Américas. Estaba a cargo del Archivo de la
Palabra y se nos ocurrió hacer una grabación de su voz.
Cuando se lo planteé me dijo: “Señor mío, no puedo
recibirle a usted ni a nadie. Las estatuas están
inundadas, el agua corre sobre sus cabezas y en estas
condiciones, comprenderá que no estoy para recibir a
nadie”.
Aquella
respuesta fue tan insólita que pasé muchos días sin
intentar nada nuevo, porque sencillamente no entendía
qué era lo que me estaba diciendo. Mucho tiempo después
le pregunté qué era lo que me había querido decir aquel
día, me dijo que efectivamente, el sótano de su casa
había heredado el naufragio de muchas residencias de los
Loynaz, pues cada vez que alguien se mudaba o dejaba una
casa le llevaba las estatuas y ella las ponía en el
sótano. Recientemente, habían tenido un problema de
plomería: se había inundado el local y, el día que la
llamé, todas estaban bajo el agua.
Después
seguí intentándolo hasta que me recibió. Cuando le pedí
grabar su voz, me dijo horrorizada que de ninguna
manera, que tenía que pensar lo que significaría que en
nuestros días pudiéramos oír grabada la voz de la
Avellaneda, y al oírla descubriéramos que era una
chillona y desagradable, la decepción sería tremenda,
por lo que no quería exponerse a que ocurriera lo mismo
con ella. Además, ya había tenido una experiencia con la
radio en España y había quedado realmente aterrada de
que aquella voz pudiera ser la suya. Yo le argumentaba
que todo el mundo decía, yo no la había oído entonces,
que ella leía muy bien su poesía. Incluso se habla en el
prólogo de uno de sus libros de la maravilla de la
poesía dicha por ella misma, pero no la pude convencer
de ninguna manera.
Al fin accedió por lo menos a
conversar conmigo, pero hubo un detalle de mi vida
personal que fue como la llave para empezar a aflojar un
poco su posición conmigo, mi relación personal con
Alicia Alonso, que es mi esposa. Descubrí que era una
admiradora ferviente de Alicia y quedó fascinada con la
posibilidad de encontrarse y conversar con ella, y se me
ocurrió invitarla a mi casa. Para mi sorpresa dijo que
sí, ella que apenas salía. Después le pedí permiso para
invitar a algunas personas, y para que leyera algunos de
sus poemas, y con toda intención preparé una grabadora,
con el auxilio de la EGREM.
Cuando llegó a mi casa tenía
instalado un equipo para grabarla. Por supuesto, le pedí
permiso y ella me dijo que estaba bien, pero que no iba
a mirar para aquellos aparatos, iba a prescindir de que
existían y así leería algunos poemas.
Comenzamos a
grabarla y gracias a este método es que existen poemas
en la voz de Dulce María. Se grabaron en la sala de mi
casa, leyendo para un grupo de amigos. Eso le da algo
especial a estos poemas, pues son tal cual ella los leía
para sus amigos. No fueron dichos en un estudio de
grabación, ni para ser grabados, sino sencillamente como
ella los leyó para nosotros en aquellas sesiones,
excepto algunos que se grabaron en su casa, pues para
allá fuimos con grabadora y todo. Incluso, en las
grabaciones originales que se conservan en el Archivo de
la Palabra de la Casa de las Américas, están las
conversaciones completas, está lo que hablaba con los
que estaban presentes, lo que hablaba con los perritos.
Estas grabaciones fueron editadas después y escogimos
los poemas que son los que están en el libro Palabras
de esta América, que creo es un documento
excepcional.
Advierto
que hay, incluso, algunos poemas importantes grabados,
pero que no están recogidos, porque sencillamente los
perros nos rodeaban y poemas como “La novia de Lázaro”,
no se pudieron incluir en el disco, porque tienen
ladridos, que no se sabe si son los perros de Lázaro que
acompañan el poema. Para oírlos un día es muy
interesante, pero para ponerlo en un disco sería algo un
poco ilusorio.
(Conversatorio de Pedro Simón durante las
actividades por el Centenario de Dulce Marìa Loynaz.) |