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ZAVATTINI: POR EL OJO DE LA CÁMARA
 
A Zavattini  nos unen lazos, tanto desde el punto de vista de la relación e influencia de su obra cinematográfica en la historia del cine de la Isla, como también por ser una personalidad entrañable para los cineastas cubanos que hallaron en Cesare una inspiración necesaria y al colaborador entusiasta.


Carina Pino-Santos |
La Habana

 

El 24. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se ha unido a los homenajes que internacionalmente se le tributan en el centenario de su natalicio a Cesare Zavattini, figura trascendente del Neorrealismo italiano y uno de los grandes revolucionarios de la historia del cine mundial.

Concebida expresamente para su primera exhibición en nuestro país, el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC expone una muestra de fotos realizadas al notorio hacedor de argumentos para clásicos como Milagro en Milán o Umberto D, que permiten una aproximación visual a la vida y alma de este creador.

La exhibición fue curada por Angela Tromellini, y Margherita Cecchini, y tuvo el apoyo del archivo fotográfico de la Cineteca de Boloña, además de las donaciones de Arturo Zavattini, afamado fotógrafo, y en especial, la colaboración del ARCI de Italia.

Al cineasta italiano nos unen lazos, tanto desde el punto de vista de la relación e influencia de su obra cinematográfica en la historia del cine de la Isla, como también por ser Zavattini una personalidad entrañable para los cineastas cubanos: Julio García-Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, nuestro “Titón” (que cursaran estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia); Alfredo Guevara, José Massip, entre otros que hallaron en Cesare una inspiración necesaria y al colaborador entusiasta.

Los retratos expuestos en la galería abarcan un período amplio de su vida, que refleja momentos específicos de su quehacer y las personalidades con las que se relacionó. De hecho no parece ser el interés de la muestra ofrecer un recorrido por la existencia del cineasta. Pensar eso sería obviar la intensidad de una vida que se resistiría ser captada con el único afán de tomar constancia de determinados instantes. Ello no podría ocurrir con Zavattini, “una máquina de pensar argumentos”, “que trataba de enseñarnos no solo el oficio, sino una manera distinta de ver la vida”, nos dice García Márquez, cuando lo describe como solo él puede hacerlo en La santa, su antológico cuento peregrino.

La exposición conforma testimonios importantes del hombre de acción que fue Zavattini junto a su colega principal, el director Vittorio de Sica (con quien se inició como guionista), recurre tanto a la época de L’ amore in cittá (1953) que en el Círculo Polar Ártico (1967). Con Visconti, Italo Calvino, Bertolucci... Y también en el memorable año de 1959 con Fidel Castro. Cesare en Luzzara, su tierra natal, en un grupo donde se encuentra el hoy afamado crítico de arte y promotor de la transvanguardia Achille Bonito Oliva, quien entonces se ocupaba de cine, a inicios de los sesenta. Zavattini caminando y en plena discusión con Oriana Fallaci, la hoy mítica periodista. Y junto a los grandes pintores del siglo XX: con Pablo Picasso en Roma y con David Alfaro Siqueiros en La Habana (quien también apreció al italiano, como consta en sus archivos); artistas y amigos, y también partícipes de uno de sus grandes entusiasmos: la pintura.

Pero también aparece el ser humano: Zavattini en las calles tantas veces recorridas, en la Vía San Angela Merici de Roma.

En Rusia, su figura recortada tras un atardecer moscovita, mientras cae la noche sobre las cúpulas. O sencillamente en la ventana del café de su padre, que lleva su nombre, ya en el ocaso de su vida, en 1987. En particular es preciso destacar una serie de retratos, cual close up, realizados por Celestina Vatèrra, quien es capaz de captarlo en momentos aparentemente intrascendentes, de cavilación, duda, o con la chispeante energía del instante creativo, segundos en que la artista del lente nos ofrece mucho más que la lectura de toda una larga cronología de su vida.

Sin duda, en la céntrica calle 23 y 12, podrá hallarse el recorrido panorámico por la trayectoria de una figura de su relieve y el recuerdo imperecedero que tributamos no solo a quien es uno de los inconmensurables patriarcas del séptimo arte, a través de ese movimiento renovador que fuera el Neorrealismo italiano, sino también al cálido amigo de Cuba y de los cubanos.
 

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