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¡BUENA SUERTE A MI PARIENTE POBRE!
 
El movimiento en el país se está revitalizando, lo que sí existe es dificultades en la exhibición, pero el momento es bueno, inclusive en el ICAIC, que hace pocos documentales en video. Es bueno también para la ficción, se pudieran hacer muchas Miel para Ochún, que fue nuestra primera película filmada en digital. Entrevista al cineasta Octavio Cortázar.


Oliver Zamora|
La Habana

 

Los años noventa fueron difíciles para los documentalistas en Cuba, la producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) en esos años se vio casi anulada por la crisis que vivía el país. Con la aparición del video el documental cubano comienza a vivir momentos de esplendor, Octavio Cortázar, uno de nuestros más importantes realizadores, nos habla sobre las andanzas de este género en este período.

–En la década del noventa la escasez de material cinematográfico fue considerable. ¿La aparición del video en estos años fue una alternativa para quien deseaba realizar?

–Yo creo que sí. El video fue un poco la salvación para los documentalistas, para los cineastas en sentido general. Fue una posibilidad de seguir haciendo un trabajo. Yo diría que fundamentalmente en la segunda mitad de la década de los noventa, ya años noventa y cinco, noventa y seis, con las casas productoras más importantes, Mundo Latino, Trimagen, Hurón Azul, la misma televisión y en especial el movimiento de video, que se fortalece con el aporte de los cineastas independientes.

El video, la pequeña cámara VHS, alguna que otra cámara digital, permitían con muy pocos recursos enfrentar un tipo de trabajo como este. Las computadoras y los programas de computación que posibilitaban editar, hicieron que el documental y los realizadores se refugiaran y brindaron la posibilidad de seguirse expresando.

Hubo muy buenas cosas, la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, la Facultad de Radio, Cine y Televisión del Instituto Superior de Arte, fueron lugares donde el video jugó un papel importante.

El ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) dejó de hacer documentales en 35 mm y prácticamente dejó de hacer películas, entonces un grupo de cineastas pasamos al video.

– ¿Usted me habla de cine y de video como cosas distintas, la diferencia está en el soporte o en concepciones artísticas?

–Mi opinión es que la diferencia está en el soporte, yo lo mismo que hacía en cine lo hago en video con respecto al lenguaje. Lo que ha cambiado es el soporte, quizás tenga menos definición, pero tiene otras condiciones, las cámaras son más pequeñas, muchísimo más barato, tienes la posibilidad de filmar más tiempo con menos recursos; pero la diferencia no existe, los documentales que yo he hecho en video los puedo pasar perfectamente a cine y nadie puede decir: este documental es de cine y este de video.

– ¿Por qué cuando se habla del ICAIC, se piensa en los largometrajes y no en los documentales?

–El auge del documental está circunscrito a la década del sesenta y setenta. En la década del ochenta yo pienso que el ICAIC comenzó un proceso, en el cual el documental no jugó un papel tan importante como en años anteriores.

Yo dejo de hacer documentales en los años setenta y comienzo en los largometrajes de ficción, cuando regreso a mediados de los ochenta tengo la sensación de que el ICAIC no tenía gente enamorada del documental, sino que lo estaban utilizando como factor de conocimiento y de experiencia para pasar a la ficción. Se había perdido un poco lo de tiempos anteriores, cuando los documentalistas amaban el género como tal. La mayoría de los jóvenes que los hacía no les interesaban, lo que querían era hacer largometrajes. 

Esa es una de las razones, hay otras por las cuales yo pienso que la decadencia del documental comienza en los ochenta por el factor calidad, o sea, se seguían haciendo los cuarenta y tantos documentales que se hacían antes, pero la calidad era otra, yo no tengo datos acerca de esto, pero siento que era así. Es por todo esto que la gente piensa que el peso fundamental del ICAIC estaba en los largometrajes, acuérdate que en esos años aparecen películas muy importantes, me refiero a Rachel, Papeles Secundarios y las primeras de algunos realizadores, entonces es lógico que el documental no tenga la misma incidencia de años anteriores.

También son los últimos años de la carrera de Santiago, un hombre que estaba enfermo y envejecido. La producción disminuye, la calidad también.

Eso fue antes, después el Período Especial acabó de sepultar el documental de cine en Cuba. Ahora se está intentando recuperar y se refugia en el video, entonces sí que se produce una explosión de nuevos realizadores que tomaban el género como forma de expresión y comienza a recuperarse en la segunda mitad de los noventa.

– ¿Cuales fueron los principales temas que se abordaron en esta década?

–Las características temáticas son muy variadas, yo diría que el enfoque y el análisis de los factores relacionados con la realidad son las características que signan la década del noventa, un período difícil desde todo punto de vista, económico, social, y eso en gran medida se reflejó. Los conflictos, las contradicciones, sobre todo los primeros cinco y seis años.

–Siempre me ha llamado mucho la atención la poca muestra de documentales en los cines y en las salas de video. No se tiene casi acceso a ellos.

–Es que todo se fue transformando, las relaciones fueron cambiando. El documental se hacía en cine y un poco en televisión, te hablo antes del Período Especial; el lugar en el que se exhibían era en los cines junto a los largometrajes y el noticiero ICAIC. En la década del noventa desaparece en formato de cine y pasa al video, paralelamente se crean las salas de videos, pero el organismo que hacía cine no ponía los materiales porque estaban siendo elaborados en soporte video, fue necesario que pasara el tiempo y se estableciera un vínculo entre el ICRT, y el ICAIC, también con el movimiento de video, para que el documental que se realizaba y no tenía posibilidades de exhibición, se pusiera en las salas de video.

Se mostraban en algunos programas de la televisión, fundamentalmente en Prismas, pero no tenía posibilidades de verse en general. Pasó el tiempo y ya está lentamente, poco a poco, el ICAIC con sus salas de video pasando los trabajos de la televisión, de las casas productoras y el movimiento de video.

Yo considero que eso se debe ir incrementando y que es importante que así sea porque los documentales no se ven. Todo esto se está estudiando porque se hacen muchos documentales, pero no se exhiben lo suficiente. Ahora va a volver Pantalla Documental, que es la continuación del Realizador y su Obra, un programa de televisión que estuvimos haciendo durante tres años para divulgar los documentales y los realizadores. Será otro espacio que tendrán los documentalistas para mostrar su obra. En fin, es una labor lenta, de retomar el camino perdido en la década del noventa.

– ¿Cómo ha sido la inserción del video dentro del ICAIC?

–Tengo la sensación de que hay cierta resistencia, no por parte de los realizadores, y pienso que es un poco natural. Hay una resistencia al video porque hay quien lo considera el pariente pobre del cine, que el cine lo es todo, la gran pantalla. Es importante el cine, pero es un factor de tiempo. En algunos grandes cines, en los que se han ido proyectando el video con el .que se logra casi las mismas dimensiones de la pantalla tradicional.

 A los cineastas no les interesa mucho el video, es una posibilidad, pero una posibilidad remota, te repito, un poco el pariente pobre. Yo pienso que es un error porque el futuro es el video, el cine digital es el fututo. El soporte cine desaparece, considero que le queda muy poco. En la filmación de las películas el digital es un camino importante, que después se transfiera a formato cine es otra cosa.

 Que va a desaparecer el soporte cine como elemento filmador es seguro, y será a medida que se vayan perfeccionando los materiales, que se logre una mayor resolución, más calidad.

–Entonces se puede decir que el momento es muy bueno.

–Claro que sí, se está trabajando en video de muy buena calidad, el momento es buenísimo para el documental cubano experimental, que se ve poco. Te encuentras mucha gente que te dice que el documental cubano está estancado desde el punto de vista creativo, eso no es así, es falta de información, porque no ven lo que hacen las casas productoras, el movimiento de video, el grupo de creación de documentales de la televisión.

El movimiento en el país se está revitalizando, lo que sí existe es dificultades en la exhibición, pero el momento es bueno, inclusive en el ICAIC, que hace pocos documentales en video. Es bueno también para la ficción, se pudieran hacer muchas Miel para Ochún, que fue nuestra primera película filmada en digital.

– ¿Qué piensa sobre los actuales realizadores, son buenos, la formación tiene calidad?

–Sí, varios salen con mucho talento. Lo que más me estimula es un número elevado de mujeres realizadoras de documentales y de ficción. Eso era una de las deficiencias que tenía nuestro medio, un factor de género, había pocas realizadoras. Ahora hay un grupo grande que a mí me satisface extraordinariamente. Esa es una característica de esta nueva etapa, el surgimiento de las realizadoras.
 

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