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NOTAS DEL NORTE: ¡BANCARROTA!
 
Para terminar el año, una navidad negra —desde el punto de vista del mercado— dicen los titulares de la prensa burguesa. “Un desastre”—las peores ventas en la época navideña desde hace 30 años —una blasfemia en el templo de la ganancia. Como la crisis de África —la desnutrición y salarios de hambre— ha alcanzado Latinoamérica, la crisis latinoamericana ha entrado en los Estados Unidos. ¡Feliz cumpleaños, Jesús!


Jon Hillson | Los Ángeles

 

“El capitalismo sin quiebra es como el cristianismo sin el infierno”.
Frank Borman, jefe de Eastern Airlines, anunciando el cierre de la compañía en 1991, después de una huelga de 22 meses (1988-89);

frase citada en un editorial de Los Ángeles Times, diciembre 13 del 2002
 

“...para ellos (algunos norteamericanos) su sistema es sagrado; tienen una fe mística, se puede decir, en ese sistema...un sistema congénitamente condenado a morir, marchando al borde de un precipicio, y no tiene manera de evitar caer en ese precipicio...solo cuando esa crisis se desate, vendrá, es la realidad, el despertar de decenas de millones de norteamericanos, al presenciar cómo el enorme globo se desinfla...Si no nos remitimos a las realidades de esa economía, al parecer invulnerable, más sólida que una pirámide egipcia, no podríamos ni siquiera tener una idea de las realidades o de lo que puede ocurrir en Estados Unidos, entonces esa será la hora del pueblo norteamericano”.
Fidel Castro, 19 agosto, 1999


“Vamos donde nunca hemos ido, donde no sabemos qué hacer”, dice un compañero de trabajo, una voz completamente sincera y seria. Otros obreros están más preocupados, algunos frenéticos, varios no dicen nada, y solo sus ojos anuncian que sus sueños han sido aplastados.

CAE LA PIRÁMIDE DE UNITED AIRLINES

Es el día 9 de diciembre y United Airlines, donde he trabajado por casi seis años, ha presentado una solicitud de declaración de quiebra. Esta es la sexta más grande bancarrota en la historia de Estados Unidos y la más grande en la industria de las aerolíneas a nivel mundial. United tiene un activo de $21 mil millones y deudas estimadas en más de $24 mil millones y pierde $20 millones cada día. Desde octubre de 2001, ha despedido a más de 20 000 de sus
100 000 empleados a pesar de haber recibido casi $1,5 mil millones de ayuda, en varias formas, del gobierno federal y después de años de ganancias sin precedentes durante la última mitad de la década de los 90, en el famoso boom.
Cuando se comenzó a desinflar el globo de especulación —una base de las ganancias de United— la aerolínea empezó su declive. Usó como pretexto los eventos del 11 de septiembre para violar el contrato con sus sindicatos —United es la aerolínea más sindicalizada en el mundo capitalista, con más de 60 000 de sus 80 000 trabajadores organizados— iniciando una ola de despidos y recibiendo cientos de millones de dólares del gobierno.
Más tarde, muchos trabajadores dirían que, para los patrones, el 11 de septiembre fue una navidad temprana.

CAPITULO 11 Y LA CORTE DE LOS PATRONES

La bancarrota de United —con la estructura de rutas de vuelos más grande en el mundo— fue garantizada cuando Washington le negó un préstamo de $1,8 mil millones necesarios para pagar sus deudas de corto plazo. A la vez, los patrones rechazaron $1,5 millones en préstamos privados porque también prefirieron pasar a la quiebra, es decir, a “la protección de bancarrota”—Capítulo 11, según las palabras de la ley.
En las cortes de quiebra, el juez, supuestamente “neutral”, decide qué porcentaje de su deuda United debe pagar a sus acreedores, por ejemplo, 10 centavos por dólar. Y más importante, el juez puede romper —con todos los poderes del estado burgués— los contratos entre la aerolínea y los sindicatos, imponiendo recortes masivos de salario, beneficios, planes de jubilación, y eliminando derechos y reglas de trabajo a favor de los obreros. Estas son las demandas hechas por los patrones para hacer a la compañía más “competitiva” en la industria. Ocho de las diez más grandes aerolíneas están en crisis fundamental. Han perdido, dicen, casi 15 mil millones de dólares en los últimos dos años y han despedido más de 100 000 trabajadores y 345 000 más en el sector turístico. Planifican despedir decenas de miles más. En agosto, pasó a la quiebra US Airways, la séptima aerolínea más grande.
La industria de telecomunicaciones, comercio minorista, y transporte de carretera ya están en depresión.
El 27 de diciembre United pide al juez “nulificar” los contractos laborales. Como sindicalistas, tendremos la oportunidad para votar por aceptar los inmensos recortes o, si los rechazamos, enfrentar la orden judicial que los impone —pero que a la vez nos permite ejercer nuestro derecho a huelga. Los patrones ya están “negociando” con los dirigentes de los sindicatos.

LA CRISIS DEL LIDERAZGO

Por tres décadas la dirigencia de nuestros sindicatos ha dado —en cada contrato— concesiones a las aerolíneas bajo las reglas del juego. La base —con una excepción notable— ha sido desmovilizada por la burocracia. La excepción fue la lucha, impulsada desde la base, de los trabajadores de Eastern Airlines —una huelga de 22 meses, en 1989. Los sindicalistas intransigentes habían decidido que era preferible derrocar la aerolínea a trabajar bajo un régimen brutal de recortes y el azote de los patrones fuera de control. Ahora, bajo el lema de “competencia”, “eficiencia” y “productividad”, los patrones están tratando de “reestructurar” la industria.
Los dirigentes laborales sindicales han funcionado como jefes de sindicatos amarillos o blancos. Son leales a “sus compañías” y “nuestro gobierno”. Crean una fe en su colaboración de clases. Temen las acciones de los trabajadores más que los ataques de los patrones. No son parte de la clase obrera, sino de una capa privilegiada
En el contexto de la crisis profunda de la economía capitalista, los métodos tradicionales de los burócratas no pueden defender, de ninguna manera, los intereses de la membresía. La fábula de prosperidad permanente está siendo aplastada.
“Nos tienen rodeados”, dice un trabajador veterano, quien participó en el movimiento por los derechos civiles para la gente negra. “Ya nos tienen atados,” agrega, haciendo una paráfrasis de Malcolm X.

DECADENCIA INEVITABLE

El colapso de United fue inevitable. Fue una Argentina con alas. Ocurrió dentro del marco de la crisis más profunda del insostenible sistema mundial del capitalismo y sus debilidades especiales en las entrañas del último imperio.
La cantidad de obreros empleados en la industria básica ha caído durante los últimos 30 meses.
Los beneficios de seguro para casi 900 000 obreros desempleados terminarán el 28 de diciembre.
Más del 6 por ciento de los trabajadores están desempleados oficialmente. Las cantidades de bancarrotas corporativas y personales, igual que las cifras de desalojos rurales y urbanos, es ahora mayor que en los últimos 30 años. Ambas están afectando millones de trabajadores que han perdido miles de millones en acciones en sus planes de pensiones basados en la bolsas.
Hay más hambre en el campo y la ciudad, con “bancos de comida”—que ofrecen alimentos a la gente sin recursos— reportando falta de recursos y un récord de personas buscando ayuda básica. En solo un año, hay un aumento de 1,2 millones en el número de personas sin seguro médico que ahora está en 41 millones, 2,5 millones en el condado de Los Ángeles —uno de cada cuatro habitantes— el más rico en el mundo. De los 1,2 millones que han perdido sus planes de salud, 49 por ciento, según Los Ángeles Times, pertenecientes a la clase media tuvo un salario de más de $75 000 anuales. Otro aspecto del efecto argentino. El mismo periódico dice que hoy existen 74 000 desamparados viviendo en las calles del condado.
Mientras tanto, hay un déficit de casi $60 mil millones de dólares en los presupuestos de los 50 estados —en California, casi $35 mil millones— debido no solamente al impacto de la recesión y la creciente depresión, pero también al recorte de impuestos, por más de un trillón de dólares, aprobados por el congreso en el 2001. El 40 por ciento de los impuestos eliminados beneficiaron a los más ricos del país, un pequeño porcentaje de la población. La administración Bush está contemplando un nuevo regalo de más de $400 mil millones en el 2003 —y con el apoyo de los demócratas, como lo tuvo el año pasado, será aprobado.
El gobernador de California Gray Davis, del Partido Demócrata —con una asamblea legislativa dominada por su partido— ha lanzado recortes de más de $300 millones, atacando los presupuestos de salud pública y el sistema de educación, y se preparan asaltos más profundos en el 2003, con nuevos impuestos dirigidos al pueblo trabajador.
Entonces, cuando los politiqueros de ambos partidos capitalistas dicen que “no hay dinero” dicen una doble mentira. Como siempre, le han robado a la gente, pero ahora están extorsionándolas en el contexto de una crisis fabricada por su propio sistema.
Para terminar el año, una navidad negra —desde el punto de vista del mercado— dicen los titulares de la prensa burguesa. “Un desastre”—las peores ventas en la época navideña desde hace 30 años —una blasfemia en el templo de la ganancia.
Como la crisis de África —la desnutrición y salarios de hambre— ha alcanzado Latinoamérica, la crisis latinoamericana ha entrado en los Estados Unidos. ¡Feliz cumpleaños, Jesús!
Como dice Fidel arriba, las pirámides están cayendo y una parte del pueblo norteamericano está despertando. El globo se desinfla. Estamos más cerca al precipicio, precisamente según a las leyes ciegas del capitalismo, sistema obsoleto y peligrosísimo.

ALGUNAS EXPERIENCIAS PERSONALES

Antes, al llegar a trabajar el 9 de diciembre, me entrevista un periodista de Fox Televisión.. Le digo mucho de lo que he escrito aquí. Sale en la televisión. Muchos de mis compañeros de trabajo lo ven. Como los dirigentes no han dicho nada sobre la bancarrota y su impacto en nosotros, les gustan mis palabras.
Por la tarde, hay otro periodista de ABC afuera de la terminal. Otra entrevista.
El día próximo, me llaman los supervisores a una reunión. Voy con un representante del sindicato local. Me informan que está contra la política de la aerolínea, que un obrero hable con la prensa. ¿Lo sabe? Me preguntan. De hecho, hacía dos días, los mayordomos habían amenazado a los trabajadores con la expulsión si hablaban con los periodistas, yo estaba ausente.
Pasamos a un intercambio sobre los derechos humanos y democráticos garantizados por la constitución estadounidense. No seré “desobediente” pero lucharé y lucharemos por nuestros derechos. Usaré, con mi sindicato, todos los derechos disponibles para desafiar las reglas inconstitucionales e ilegales impuestas por la compañía. Les digo que cuando no estoy en mi puesto de trabajo tengo el derecho de la libertad de expresión.
No toman acción en represalia. Al día siguiente, sale publicada mi carta al redactor de un periódico local de 100 000 lectores sobre lo que hace United contra nosotros. Termino la semana con una entrevista en la radioemisora KPFK sobre la crisis que enfrentamos. Mientras tanto, he estado dando copias a mis compañeros de un editorial del Militante, periódico socialista, sobre nuestra situación y el contexto global de los ataques capitalistas y las luchas con que debemos organizar —“Hay que empezar con las necesidades de los trabajadores”— a mis compañeros de trabajo. Vendo libros revolucionarios.
Hablo sobre lo que pasó en Guadalajara en el Congreso Estudiantil Latinoamericano —acompañé una delegación de 36 personas de Los Ángeles— y los logros de la delegación cubana en la Feria Internacional de Libros. Hay varios mexicanos que trabajan por United, algunos son tapatíos. No enfrento ninguna reacción negativa. Al contrario, bastantes trabajadores se solidarizan con lo que he dicho en las entrevistas y artículos. Entre muchos trabajadores hay nuevas discusiones cada día. Hablan durante los descansos. Miran los aviones, manejan los vehículos, cargan maletas, correo, mercancías. Todo parece lo mismo, pero no.
Algunos tratan de evitar la situación, la crisis, las amenazas. Realmente, estamos viviendo la realidad explicada por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista: “Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de poder llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”. De hecho, el fin. Y el fin, con todo su brutalidad, ha acabado de empezar.
Explico estos modestos pasos simplemente para informar a los lectores de La Jiribilla que existe un espacio amplio para intercambiar ideas y defenderlas en el marco de una situación compleja y difícil. A veces me ponen apodos: “cubano”, “socialista”, “hombre de sindicato”, y otros poco más picantes. Pero, con inteligencia, se puede decir mucho.


LA HERENCIA DE HISTORIA Y EJEMPLOS DE LUCHAS ACTUALES

Basado en los derechos que nuestra clase ha conquistado en la lucha —batallas armadas como la revolución anticolonial de 1776-83, la revolución contra la esclavitud de 1861-65, ambas burguesas— las luchas militantes del pueblo trabajador de la década de 1930-40, el movimiento histórico de la comunidad negra para los derechos civiles, las luchas de los jóvenes durante los años 60, contra la guerra en Vietnam, por los derechos de la mujer, hasta hoy, claro que sí tenemos una herencia y un legado que nos fortalece cuando luchamos juntos.
Hay dos ejemplos claves.
El 16 de diciembre, miles de iraníes —residentes legales con tarjetas verdes— tenían que registrarse con la migra como parte de “la guerra contra el terrorismo.” La concentración más grande de esta población —casi un millón— está en los condados vecinos de Los Ángeles y Orange. Miles de ellos fueron al edificio federal para registrarse. Fue una trampa. Cientos están encarcelados y detenidos.
Hay una explosión de enojo en su comunidad. En menos de 24 horas, casi 5 000 iraníes marcharon exigiendo libertad para sus familiares. Casi todos fueron liberados. Un fracaso enorme por el gobierno. Algunos de los prisioneros habían pensado que tenían a un “amigo” en Washington, el salvador de su país. Ya no piensan igual.
En el otro lado del país, en Nueva York, decenas de miles de trabajadores —miembros del sindicato de transporte público— marchan en piquetes diariamente durante las pláticas sobre su nuevo contrato laboral. Enfrentan una campaña inmensa contra el sindicato dirigido por el alcalde Michael Bloomberg —un multibillonario— que les dice que “no hay dinero.” Todos los periódicos burgueses le siguen con mucho gusto. Los obreros gritan, “¡hallen el dinero!” Se ganan la solidaridad popular.
Casi 20 000 se manifiestan cruzando el puente de Brooklyn (Brooklyn Bridge) en defensa de su sindicato —la mayoría de la base son afronorteamericanos, puertorriqueños e inmigrantes.
Es una movilización controlada desde arriba por los oficiales “responsables”. Pero a pesar de estos frenos, ganan los sindicalistas mucho más que el “contrato de recortes” ofrecido por la ciudad. A ver qué dice la base cuando voten sobre el acuerdo. Los obreros forjarán un nuevo liderazgo en el calor de las batallas que se avecinan; a través de ellas, renovarán a los sindicatos como un movimiento social de la clase obrera entera.
También, los estibadores de la costa Pacífica votarán en enero sobre su nuevo contrato. Como en Nueva York, los dirigentes regresaron de los negocios con menos de lo que sería posible si hubiera una lucha directa y abierta contra los patrones y el gobierno. Pero el punto central de su lucha es que los obreros tenían que enfrentar el gobierno y su demagogia sobre “seguridad de la patria,” y “las necesidades del país en un tiempo de guerra”. Deben sacrificar sus derechos a la guerra, se dijo en Washington. Pero, por la unidad militante, los estibadores dijeron “no”.

PRONTO LA GUERRA

Casi todo —en la perspectiva de la Casa Blanca, el Congreso y el Pentágono— está listo para la guerra.
Habrá 100 000 tropas cerca de Irak a mediados de enero.
Un cuarto del territorio nacional de Kuwait es “una base estadounidense”, según Nacional Public Radio. Hace dos semanas miles de tropas yanquis hicieron allí simulacros de guerra con fuego real.
Los inspectores de la ONU, como es su deber, están perfeccionando la trampa. El secretario del estado Colin Powell está dirigiendo la campaña contra Bagdad.
El 24 de diciembre el secretario de defensa —de la guerra imperialista— Donald Rumsfeld, dijo que Estados Unidos puede “ganar guerras contra Irak y Corea del Norte”, una amenaza contra Pyongyang por su decisión soberana para reabrir su planta nuclear. Su acción fue provocada por los yanquis debido a su cese de exportación de petróleo a Corea. Ningún periodista ha tenido la decencia para hacerle a Rumsfeld la pregunta obvia: “¿Si ustedes no pudieron derrotar a los coreanos entre 1950-53, por qué piensan que pueden vencerles esta vez?
Dos senadores demócratas, Charles Schumer (New York) y John Kerry (Massachusetts) —el segundo, candidato favorito de su partido para presidente en 2004— critican la administración Bush sobre su política hacia Corea del Norte. Dicen que Pyongyang es una “amenaza” más importante que Irak. La consigna de los republicanos y demócratas es la misma: “todos por el imperio”. A la vez, la prensa informa a la gente sobre la manifestación “antiamericana” más masiva en la historia ocurrida en diciembre, en Seúl, Corea del Sur, donde tomaron parte docenas de miles de personas. La masiva marcha es una protesta contra el veredicto de inocencia otorgado a dos soldados norteamericanos —gracias a una corte militar de EE.UU.— por las muertes de dos niñas. Las coreanas fueron matadas por el vehículo blindado (armored personnel carrier, APC) manejado por los soldados. Ya hay afiches en tiendas y restaurantes de Seúl que dicen en inglés: “No son bienvenidos los americanos”.

AFUERA Y EN CASA: UNA SOLA GUERRA

Las vinculaciones entre la guerra afuera —de conquistas, para resolver la crisis económica con fuerza militar— y la guerra en casa están más claras cada día.
“Para hacer negocios en un sistema capitalista”, explica el The New York Times el 22 de diciembre, haciendo una lectura pomposa sobre las virtudes de sacrificio del pueblo trabajador, “es suscribir la máxima de que sin dolor no hay ganancia (no pain, no gain).”
Mientras se profundizan y se acercan ambas guerras, millones de trabajadores están comenzando a preguntar, ¿“dolor de quién?, ¿ganancia para quién”?
El primer día de la bancarrota de United, un compañero me dice, “yo pienso que la guerra de Bush es secundaria a su guerra contra los trabajadores”. Este sindicalista es veterano militar de la intervención de EE.UU. en la República Dominicana en 1965 y la guerra en Vietnam. Lo que dice es el comienzo de la sabiduría.
De hecho la guerra que ha empezado en casa y las guerras que vienen afuera son las mismas. Cada golpe que sufren los yanquis en sus esfuerzos de conquista —como los romanos hace milenios— ayudarán objetivamente la clase obrera mundial, incluyendo la más poderosa, la de la yuma, que es, a la vez, el último y más importante blanco de los últimos emperadores. La brutalidad impuesta —primero contra la gente más vulnerable y luego contra el pueblo trabajador— será extendida y multiplicada contra los “enemigos extranjeros”. Cuando dicen los imperialistas que debemos sacrificarnos por su sistema de bancarrota aquí o allá, hay que contestar, ni un centavo, ni un soldado, ni una gota de sangre.
Por los patrones, el gobierno y la cultura oficial, la unidad de ambas guerras levantan la bandera de “sacrificio nacional” y del patriotismo —de la gente—para “nuestro país”.
La respuesta de los trabajadores del norte, que han comenzando a despertar, será el nacimiento del internacionalismo y la lucha por un mundo sin fronteras y sin imperios.
Este proceso no será fácil, pero ya ha empezado.
La inmensa mayoría de la humanidad no tendrá un próspero año nuevo. Ojalá el próximo sea un año de resistencia implacable.

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