A bordo
de un navío con sus velas desplegadas al viento, llegó a
la capital cubana el sabio alemán Alejandro Von Humbolt,
con poco más de 30 años, el 19 de diciembre de 1800,
acompañado de su amigo, el botánico francés, Aimé
Bonpland.
De su
primera visión de La Habana escribiría: “La entrada del
puerto es una de las más alegres y pintorescas de que
pueda gozarse en el litoral de la América equinoccial”
-Pero también afirmó sobre ella “pocas ciudades de la
América española ofrecen...un aspecto más asqueroso”.
No es
de extrañar juicio tan negativo. La repugnancia que
provoca La Habana en el sabio alemán apunta en última
instancia “a una condena de la esclavitud”, en opinión
del profesor Oliver Lubrich, de la Universidad Libre de
Berlín.
Hospedado en la casa solariega de la familia de los
Cuestas, en la calle Aguiar, entre Muralla y Sol, el
científico germano se dedicó, entre otras tareas, la
rectificación de datos sobre la posición geográfica de
la ciudad y su puerto, a partir de la fortaleza de los
Tres Reyes del Morro.
Con la
anuencia de la Capitanía General de la Isla, tuvo acceso
a los más importantes castillos, fortalezas, palacios,
casas y quintas de la ciudad. Y la ciudad no vaciló en
rendirle honores al ilustre viajero.
Asombra
el hecho de que en solo cuatro meses y medio, Humbolt
pudiera dejar estudios tan valiosos, no solo para sus
contemporáneos, sin también para la comunidad científica
de épocas posteriores. Sobre todo si en tiene en cuenta
que en la ocasión en que llegara aquel diciembre su
estadía duró hasta el 15 de marzo, para volver tres
años más tarde –abril de 1804– y marcharse
definitivamente al mes siguiente.
“Le da
al país un carácter particular” dijo de la palma real,
mientras recolectaba muestras de las especies de la
flora cubana. Analizó datos sobre la población, el
clima, el suelo y su composición, los accidentes de las
costas y las elevaciones, sobre la agricultura y sus
productos esenciales: el azúcar, el café y el tabaco,
“célebre en todas partes de Europa donde se fuma”.
Sin
embargo, Humbolt no fue solo un viajero naturalista. A
su capacidad como geógrafo, geólogo y astrónomo, abría
que añadirle su condición como sociólogo y humanista.
Es su
breve y fecundo paso por la mayor de las Antillas, el
alemán acopió conocimientos que después desarrollaría en
su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba...estudio
que naturalmente no agradó a las autoridades coloniales:
La esclavitud es, sin duda, el mayor de los males que
han afligido a la humanidad y ya se le considere al
esclavo arrancado de su familia en al país natal y
metido en los depósitos de un buque negrero, ya se le
considere como que es parte de un rebaño de hombres
negros aplicados en el territorio de la Antillas”.
Sus
opiniones contra la esclavitud constituyeron una fuerte
denuncia contra la bárbara explotación a que eran
sometidos los negros. De ahí que el Ayuntamiento de La
Habana, en sesión del 29 de noviembre de 1827, acordara
impedir la circulación del famoso ensayo político en
todo el territorio.
Un
pensador cubano de la talla de José de la Luz y
Caballero definió a Von Humbolt como el segundo
descubridor de Cuba. Un prócer de la estatura del
Libertador Simón Bolívar dijo: “es el verdadero
conquistador de América, por haber producido sus
trabajos más bienes a los pueblos americanos que todos
sus conquistadores”.
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