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EL CASINO Y LA SALSA EN CUBA
 
El casino es el último baile de salón creado por el pueblo, donde confluyen diversos elementos aportados por sus antecesores en un proceso evolutivo y orgánico. Surgió como una manifestación danzaria anónima, en el seno de las clases populares urbanas; no se corresponde con ningún género, intergénero o modalidad musical específica. Es un baile para la diversión individual y colectiva, no identifica a ningún mito religioso y sus movimientos no tienen alguna significación particular. La dinámica contemporánea se ve reflejada en la gran creatividad y libertad de sus movimientos corporales y espaciales.


Bárbara Balbuena Gutiérrez|
La Habana


 

El casino es un baile de salón cubano, que surgió a finales de la década del cincuenta como consecuencia de la evolución e integración entre sí de nuestros géneros, intergéneros o modalidades músico-bailables precedentes, y también otros foráneos.

Este estilo de baile refleja hoy, con gran fuerza, el carácter propio del pueblo cubano. Constituye una síntesis de los rasgos que nos caracterizan; es un compendio de todos los componentes de nuestra nación. Su popularidad y preferencia en nuestro público se ha mantenido durante cuatro décadas, por lo que ya forma parte de nuestro patrimonio cultural.

Es pues el casino, el último baile de salón creado por el pueblo, donde confluyen diversos elementos aportados por sus antecesores en un proceso evolutivo y orgánico. Surgió como una manifestación danzaria anónima, en el seno de las clases populares urbanas; no se corresponde con ningún género, intergénero o modalidad musical específica. Es un baile para la diversión individual y colectiva, no identifica a ningún mito religioso y sus movimientos no tienen alguna significación particular. La dinámica contemporánea se ve reflejada en la gran creatividad y libertad de sus movimientos corporales y espaciales.
 


Rosendo y Caruca, famosa pareja de baile cubana.

Hoy día el casino constituye el baile de salón de mayor auge y vigencia, es un evento sociocultural que como tal ha influido directamente en el desarrollo, creatividad y diversidad del fenómeno de la música bailable en nuestro país desde finales de la década de los 50 hasta la actualidad. Este toma y daca entre la música popular y el baile de salón ha sido imprescindible para satisfacer el gusto del cubano por “bailar bien” y sobre todo por mantener durante varias generaciones estos dos elementos como la forma preferida de recreación y de relacionarse socialmente entre diferentes capas de la población. El baile del casino es ejecutado con mayor o menor destreza por niños, jóvenes y adultos, y en los más diversos espacios, amplios o reducidos.

Este estilo de baile se ha interpretado con todos aquellos géneros, vertientes o variantes musicales que estuvieran de moda y que por su esquema rítmico o tiempo musical permitiera ejecutar el paso básico, lo cual le ha permitido que a través de todos los años permanezca vigente en el gusto de los bailadores.

No obstante,  muchos son  los factores que han incidido en el apogeo del casino en Cuba y en el exterior, pero entre los más importantes está la dimensión que ha tomado la música salsa en el ámbito internacional. Identificado como Baile de Salsa Cubano se ha convertido en el vehículo idóneo para disfrutar esta manera de hacer música, hecho nada paradójico si tenemos en cuenta que en ambas manifestaciones coincide el son cubano como elemento de origen.

Este baile ha sido difundido internacionalmente por diversas vías y formas entre las que están: los diferentes espectáculos artísticos ofrecidos a los turistas en cabarets, clubes, teatros, salones de bailes, etcétera; cursos internacionales de bailes de salón cubanos en la modalidad de postgrados, de extensión universitaria o libre, ofrecidos por las Escuelas de Arte, el Instituto Superior de Arte o en la sede de diferentes agrupaciones danzarias profesionales; a través de giras internacionales de conjuntos folklóricos profesionales o de aficionados que lo han incluido en sus presentaciones; por medio de cursos impartidos por profesores cubanos en virtud de convenios de colaboración o intercambios culturales con otros países; mediante la enseñanza profesional o no de cubanos residentes en diversos lugares del mundo o también por esta misma vía de extranjeros que han creado sus propias academias de baile.

Existen también Festivales de Salsa en diversos países del orbe como Estados Unidos, México, España, Italia, Francia, Holanda y Japón, donde se producen competencias de baile, cursos, espectáculos y otras actividades que, además de mantener en el boom a esta modalidad musical, constituyen un verdadero negocio.
 

Esta realidad, por una parte, ayuda a resaltar y difundir en buena medida los valores de nuestra cultura nacional, pero también sucede que muchas personas inescrupulosas, verdaderos “depredadores” del arte y la cultura popular tradicional, con el afán de obtener dinero, muestran “metodologías”, “pasos” o “figuras” que nada tienen que ver con la realidad del casino y otros bailes de salón cubanos.

Jóvenes y adultos de diversos confines del mundo han mostrado interés por aprender a bailar el casino “igual que lo hacen los cubanos”, que es realmente lo difícil, pues la cubanía es primordialmente una condición de nuestros propios gestos, actitudes, sentimientos, pensamientos y alma. Por eso, pienso que el casino continuará desarrollándose en su propia dinámica social, en la inagotable sabia que constituye su país de origen, sus tradiciones y sus formas de establecer el contacto humano. Sobre este particular el sabio cubano Fernando Ortiz apunta:

Acaso se piense que la cubanidad haya que buscarla en esa salsa de nueva y sintética suculencia formada por la fusión de los linajes humanos desleídos en Cuba; pero no, la cubanidad no está solamente en el resultado, sino también en el mismo proceso complejo de su formación, desintegrativo e integrativo, en los elementos substanciales entrados en su acción, en el ambiente en que se opera y en vicisitudes de su transcurso.(1)

1. Fernando Ortiz. «Los factores humanos de la cubanidad.» En: Órbita de Fernando Ortiz.  Unión de Escritores y Artistas de Cuba, La Habana, 1973, p. 157.

Nota:
El texto pertenece a un libro en plan editorial por Letras Cubanas en el 2003.

 

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