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ALEGRÍA DE ESCRIBIR COMO
UN OFICIO
Mayra Montero es una cubana afincada en Puerto Rico.
Integrante del jurado del Premio Novela de Casa de las
Américas 2003, asegura no ser feminista: “pero creo que
el verdadero encuentro de la cultura cubana, su
vanguardia, desde hace años la estamos llevando las
mujeres”.
Nirma
Acosta y Jorge Sariol|
Cienfuegos
Mayra Montero es una cubana afincada en Puerto Rico
desde hace algo más de treinta años. Autora de un libro
de cuento y siete novelas, integra el jurado del Premio
Novela de Casa de las Américas 2003. No soy feminista,
pero creo que el verdadero encuentro de la cultura
cubana, su vanguardia, desde hace años la estamos
llevando las mujeres.
Con su novela
Púrpura Profundo ganó en el 2000 el premio de
literatura erótica “La sonrisa vertical” y su trabajo en
el periodismo lo inició a los 27 años escribiendo sobre
baseball en El Mundo.
En la actualidad
sostiene una columna semanal en El Nuevo Día; el
mismo en el que publicó por entrega un folletín sobre la
vida de un famoso músico puertorriqueño. En su espacio
dominical escribe lo mismo de política internacional o
nacional, de gays que de baseball.
-Primera vez que
integra el jurado del Premio Casas de las Américas.
¿Tiene algún significado adicional?
-Es muy significativo
porque haber frecuentado de adolescente Casa de las
Américas cuando era un “pichón” de escritora condicionó
mi futuro. Quería escribir y estaba encandilada por toda
aquella gente importante: Cortázar, Benedetti, Roque
Dalton…
Llegaba y me sentaba
en la última fila, porque siempre el lugar estaba lleno
cuando se iba presentar el jurado o los premios, o había
otro tipo de encuentro o conversatorios.
Yo recuerdo que en
aquella época concursé con un libro de poesía, horrendo,
aunque lamento no haberlo conservado, porque era un
momento de mi vida en que comenzaba a escribir, imitando
mucho, desde luego.
Cabeza de
Zanahoria, de Wichy Nogueras, que por esos años fue
ganador del premio, era el modelo concreto. En la
presentación del libro logré que me lo firmara -allí
estaba Nicolás Guillén, presentando también-.
Inmediatamente hice un libro igual.
Así que ser ahora
jurado para “Casas”, que significó tanto...
-Como un mensajero
tuyo, por ser su primera novela de tema cubano,
tiene seguro una significación distintiva dentro de su
obra.
-Yo no lo veo tan a
la tremenda. Cuando tuve que llegar al tema Cuba,
llegué. No me forcé. Muchas personas me preguntaban a
menudo sobre las razones por las que Cuba no tenía
protagonismo. Pero no había una razón específica.
Cuando decidí
escribir Como un mensajero... que yo llamo la
novela de Caruso, había madurado una idea. Igual me
sucedió con el tema Puerto Rico con El capitán de los
Dormidos.
-En lo que escribe
actualmente, también está presente el tema cubano,
¿habrá algo autobiográfico?
-No, en lo absoluto.
El protagonista es un hombre que trabaja en el zoológico
de La Habana, alimentando a las fieras, y para mí es un
personaje entrañable que me gusta muchísimo.
Una novela ambientada
en La Habana del 57, pero no voy a decir más...
–¿Algo críptico en
el personaje?
-Cuando
escribo no ando con segundas intenciones- Como casi
todos los escritores, escribo una historia lo mejor
posible, que ya es bastante, para andarse preocupando de
antemano en simbolismos y mensajes. También ocurre casi
siempre que después vienen los críticos y dicen ¡Ah!,
pero mira, aquí estaba pensando en tal cosa o quiso
reflejar esto otro.
– ¿Después de tantas
novelas, por qué tan poca poesía?
–Porque
evidentemente, después de aquel libro horroroso del que
te conté, descubrí que no era poetisa. En Puerto Rico
hay una frase que dice “¡mono sabe palo que trepa!”
Excepto cuando
noviaba con mi marido y escribía para él, nunca más hice
versos.
– ¿Cómo entabla su
ritmo de trabajo?
–No es que produzca
una novela anual ni me fijo una meta, porque creo que no
tiene un sentido.
Al terminar una
novela, y quedar impresa -y nunca más la vuelvo a leer-
es entonces cuando comienzo a pensar en otra, si estoy
lista, empleando todo el tiempo que necesito para
investigar, y no siempre hay continuidad.
Tantos años después,
sigo con esa ilusión por la literatura, por el uso de la
palabra escrita y esa alegría de escribir como un
oficio; algo que mantengo hasta mi octava novela,
Vana Ilusión, que a su vez es el nombre de una danza
puertorriqueña y de una canción del músico que inspiró
aquella novela por entrega y que ahora sale en forma de
libro.
- ¿Le traen algunos
problemas esta relación tan directa que está sosteniendo
frecuentemente con los cubanos, con Cuba...?
-En Miami me están
insultando, no sé por qué; yo nunca me meto con ellos.
Han salido unas columnas terribles, donde me acusan de
montones de cosa, algo que me parece primitivo sobre
todo en el campo de la cultura.
Muchos de esos que
así se manifiestan eran bien inflexibles y bien
recalcitrantes en Cuba y ahora están del “otro lado”
tratando de gobernarnos la vida.
Si a mi padre no se
la gobernaron en los duros y dogmáticos años sesenta –yo
era apenas una niña- ahora no van a doblegármela a mí.
Por otro lado estoy
en desacuerdo también con el debate político de
Guadalajara. Hubo una falla o un defecto muy grande:
dominaron los hombres.
Según los periódicos
mexicanos de esa semana, en Cuba no hay mujeres que
escriban. No existimos ni las de adentro, ni las de
afuera.
Publicaron el debate
de los hombres diciéndose desde vaca frita hasta perro
muerto, pero de la armonía que hubo entre nosotras,
silencio.
No soy feminista,
pero creo que el verdadero encuentro de la cultura
cubana, su vanguardia, desde hace años los estamos
llevando las mujeres.
-¿Serán más
inteligentes?
-Fíjate, eso lo
dijiste tú.
-¡Qué bueno saber que
no es feminista!, pero dejemos esa controversia, al
parecer más insalvable para una entrevista menos
apacible… ¿Cómo ve la literatura hecha por mujeres en
Latinoamérica?
–La efervescencia de
la literatura escrita por mujeres es muy importante,
incluyendo a las de origen hispano que están teniendo
muchísimo éxito en Estados Unidos: Sandra Cisneros,
Esmeralda Santiago, Julia Álvarez o Rosario Ferré. Es
natural una sensibilidad diferente en las escritoras.
Pero desde mi punto de vista no me gusta hacer
diferenciaciones, y no quiero ser muy militante en una
opinión, pero la pregunta me preocupa porque refleja un
criterio que todos tenemos incorporado de ver a la
literatura hecha por mujeres como algo aparte o añadido.
Por esa sola razón, ya abomino de los congresos
de”mujeres escritoras”.Es más, la próxima vez que me
pregunten sobre la “literatura femenina” replicaré con
¿Y usted que piensa de la literatura hecha por hombre?
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