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SIETE LUSTROS DE ARTE Y LITERATURA
Entre nosotros, desde 1959, año de la entrada de nuestro
país en la modernidad, cuando se inició la organización
del sistema editorial cubano, unos 100 000 Quijotes con
sus respectivos Sanchos invadieron nuestra Isla, miles
de Romeos y Julietas, Hamlets y Macbeths, Francescas de
Rímini condenadas al Inferno, Melibeas y Calistos
no menos condenados, junto con Raskolnikovs, Anas
Kareninas, Madames Bovary, Julianes Sorel, flores del
mal por todas partes, Gregorios Samsas perplejos,
Plateros suaves y algodonados, rayos que no cesan,
poetas en Nueva York con Antoñicos, lunas y piel de
olivas.
Elizabeth
Díaz
|
La
Habana
Treinta y cinco años significan plenitud. El momento en
que se ha ganado suficiente experiencia –aunque nunca
sea suficiente— para realizar o empezar a consolidar una
obra. Arte y Literatura cumple 35 años publicando “lo
mejor del arte y la literatura universales”, como dice
su lema. ¿Que no siempre ha sido lo mejor? Es cierto.
¿Que han faltado o faltan aún nombres importantes?
También. Pero no es menos cierto y nadie puede negarlo
que las obras más representativas de la literatura, de
veras universal, como quizás en ninguna otra editorial
del mundo, han sido publicadas, contra viento y marea,
períodos especiales y menos especiales, malas y buenas
políticas editoriales del momento.
Esta obra no se hizo
sola, participaron en ella decenas de compañeros que
pusieron su grano de “pasión por la excelencia”, sus
mejores intenciones y conocimientos y, sobre todo,
tiempo de sus vidas.
Imaginémonos a
Ambrosio Fornet cuando junto con Edmundo Desnoes y un
pequeño grupo de fundadores fraguaban el plan
conspirativo de la ya mítica colección Cocuyo, por donde
conocimos al nouveau roman, el último grito de la
moda literaria de aquellos tiempos. Y Repertorio Teatral
y Cuadernos de Arte y Sociedad. Ya existían Huracán,
cuyo padre fue Rolando Rodríguez, fundador del Instituto
Cubano del Libro; Dragón, que según me contó Fornet la
había creado Oscar Hurtado; Biblioteca del Pueblo,
Teatro y Danza que venían de la Editora Nacional
–recordemos un minuto a Alejo Carpentier y a Herminio
Almendros–, y Arte y Sociedad, que Fornet tomó prestada
para siempre de Unión. En 1967, año de la fundación, se
publicaron 28 títulos, cifra que se iría incrementando
en el decursar del tiempo, con altas y bajas en este
incremento, hasta llegar, en 1976, a la cifra mayor
hasta el momento con 137 títulos. Era la época en que
Pablo Pacheco dirigía nuestras huestes, como un gran
estratega estaba al tanto de los mínimos detalles,
sentando las bases organizativas de la editorial, en una
consagración –entonces casi no se usaba esta palabra—
realmente admirable. En ese momento surgieron otras
colecciones como Contemporáneos, Poesía, Letras Cubanas,
Biblioteca Básica de la Literatura Española, Caracol y
otras más. Era la época en que Virgilio Piñera en sus
visitas matutinas paralizaba a toda la editorial con sus
cuentos de encantador de serpientes.
Abel Prieto recogería
inteligentemente todo este conocimiento editorial
acumulado y lo llevaría adelante. Surgiría la importante
Biblioteca de Literatura Universal, por donde se
publicarían grandes obras de todos los tiempos,
Bolsilibros AL, etc. Tomaría yo la antorcha y tendría
la inmensa felicidad de fundar en 1987 la revista
Opción, de literatura universal, y de dirigir sus
diez únicos números. En esta etapa la editorial tuvo la
capacidad para publicar autores contemporáneos como
nunca antes, labor que vino a interrumpir el período
especial.
A Armando Cristóbal
Pérez le tocó la tarea de no dejar morir la editorial,
en su unión con Letras Cubanas: continuó el sello
editorial; y a Cecilia Infante lo propio, en su unión
con la Editorial José Martí. Los dos lo cumplieron con
creces y mantuvieron viva la publicación de literatura
universal. Víctor Malagón aportaría, entre otras cosas,
la memoria.
Resurge la Editorial
Arte y Literatura –acierto indudable del actual
Instituto Cubano del Libro—en su fusión con la Oficina
de Publicaciones Especiales del ICL o Editorial de
Ediciones Especiales, fortalecida de avatares y
ciclones, casas derrumbadas, reducciones y aumentos de
plantilla, mudadas ad infinitum, donde hemos ido
perdiendo libreros y libros de consulta; resurge con la
estimable cifra de aproximadamente 2000 títulos
publicados en estos 35 años.
En esos 2 000 títulos
han tenido representación todas las literaturas
considerables de este planeta, en especial las del siglo
XX. En 1986 el 78% de lo publicado correspondía al siglo
XX y se habían realizado 203 primeras traducciones al
español. Entre ellas, muchas de la literatura africana,
con la cual se hizo una encomiable labor. En 1988 el
plan de literatura contemporánea tenía 68 títulos, de
los que se terminaron editorialmente 55 y se publicaron
41. Era la época en que no se tenía en cuenta el derecho
de autor, como ahora, que constituye un serio obstáculo
para la publicación.
Los países mejor
representados fueron Cuba, en primer lugar, antes del 77
cuando se creó Letras Cubanas; en segundo lugar España,
a la que seguirían la URSS-Rusia, Estados Unidos,
Francia, Inglaterra y Alemania, en ese orden. En 1986
estos países representaban el 65% de todo lo publicado.
Los verdaderos héroes
de esta historia, silenciosos y detrás del telón, son
los responsables. Mencionemos algunos: Evaristo García
Álvarez, en primer lugar, a quien debo veneración por
haber sido mi maestro, y de tantos otros, en estas lides
editoriales, y quien recientemente falleciera. José
Tajes, Raúl Martínez, Marina García, Romualdo Santos,
Alejandro Expósito, Andrés Couselo, Pepe Triana, Omelio
Ramos, Carmen Cañizares, Olga Campoalegre, María Teresa
Ortega, José Antonio Fernández, Roberto Artemio
Iglesias, Carlos Rubido, Ernesto Joan, Sarah Viñas, Rosa
Balseiro, Trinidad Urrutia, Juan Nicolás Padrón, Mary
Cruz, Eliana Dávila, Carlos Almaguer, Elda Gaulhiac, Ana
Louise Johnson y tantos compañeros más, que se haría
fatigosa esta lista, por lo que me van a disculpar no
mencionarlos. Editores, correctores, mecacopistas, jefes
de redacción, diseñadores, personal administrativo,
algunos que no están ya entre nosotros o se trasladaron
a diferentes editoriales o instituciones, como son los
casos de los que he mencionado, y muchos aún parte
nuestra y aquí presentes.
Nuestro
agradecimiento infinito a los colaboradores: asesores,
traductores, diseñadores, antologadores, prologuistas,
ilustradores. Ejército adjunto sin el cual hubiera sido
absolutamente imposible el ejercicio de la edición.
Nuestro
agradecimiento a los trabajadores poligráficos y sus
dirigentes, porque sin ellos hubiera sido imposible la
publicación de los libros. Y a los compañeros de la
Distribuidora Nacional, Ediciones Cubanas y las
librerías, sin los cuales el libro no hubiera llegado
nunca a las manos del lector.
A los periodistas,
que divulgaron nuestro trabajo, también nuestro
agradecimiento.
La labor editorial es
una de las más hermosas, complejas y colectivas que
existen. A cada uno de los compañeros, aunque no hayan
sido mencionados, que hicieron posible la edición, en su
acepción más amplia, de la literatura universal,
nuestras felicitaciones y agradecimiento en este
Aniversario 35 de la Editorial Arte y Literatura.
Entre nosotros, desde
1959, año de la entrada de nuestro país en la
modernidad, cuando se inició la organización del sistema
editorial cubano, unos 100 000 Quijotes con sus
respectivos Sanchos invadieron nuestra Isla, miles de
Romeos y Julietas, Hamlets y Macbeths, Francescas de
Rímini condenadas al Inferno, Melibeas y Calistos
no menos condenados, junto con Raskolnikovs, Anas
Kareninas, Madames Bovary, Julianes Sorel, flores del
mal por todas partes, Gregorios Samsas perplejos,
Plateros suaves y algodonados, rayos que no cesan,
poetas en Nueva York con Antoñicos, lunas y piel de
olivas. Regentas culpables, Martines Fierros
desangrándose al sol, “si lloras de noche por el sol, no
podrás ver las estrellas”, Hannes Castorps tratando de
conquistar la montaña de las Claudias Chauchats y
discutiendo con Settembrinis, Santiagos pescando solos
en la corriente del Golfo, y tantos, tantos más que nos
acompañan en el imaginario, que forman parte de nuestro
mundo gracias a la invasión de la literatura. Y
recientemente, un grupo de compañeros, mayoritariamente
de los que integran la actual Arte y Literatura, junto
con algunos de otras editoriales, tuvieron el honor de
iniciar los primeros 25 títulos de la Biblioteca
Familiar, heredera de aquellas tradiciones invasoras.
Un día como este,
pero de 1600, nació Calderón de la Barca. Los sueños han
cambiado. Muchos de nuestros sueños hoy son en gran
medida realidades.
Treinta y cinco años
tenía Dante cuando inicia su viaje un viernes santo a
través del infierno, conducido por el poeta Virgilio:
“En medio del camino de la vida/ errante me encontré por
selva oscura, / en que la recta vía era perdida”. No
creemos haber perdido la vía, pero quisiéramos que
Virgilio –pudiera ser Piñera—nos guiara hasta el Paraíso
donde espera Beatriz, y que esta nos conduzca a través
de los cielos, el de la Luna, Mercurio, Venus, Sol,
Marte, Júpiter, Saturno, el octavo o Cielo Estrellado,
el noveno o Primer Móvil, cada uno representando una
sabiduría más para alcanzar la perfección intelectual,
hasta el Empíreo, “que sólo Amor y Luz tiene por
límites”, donde caben todos los bienaventurados. Creo
que, al menos en un día como hoy, nos lo merecemos.
(Palabras por el Aniversario 35 de la
Editorial Arte y Literatura)
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