LA JIRIBILLA

EL OSCURO PARAÍSO DE HENRY FORD
 
Al narrador y economista argentino Eduardo Sguiglia (Rosario, 1952) se deben lo mismo fascinantes novelas, que profundos ensayos de interpretación social. Por esa, entre otras razones, ejerce como profesor de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires y Presidente de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Su novela Fordlandia. Un oscuro paraíso (1997), de la que ofrecemos el siguiente botón de muestra, ha sido traducida a varios idiomas y fue nominada para el Dublin Literary Award 2002.


Eduardo Sguiglia|
Argentina


A la una en punto se abrió la puerta y entró al comedor un hombre de estatura mediana y de apariencia juvenil. Para algunos, era un hombre simple erróneamente considerado complejo; para otros, un hombre complejo cuyo genio proyectaba una engañosa aura de simplicidad. Era Henry Ford, el hombre más rico del mundo y su industrial más conocido y admirado.

Henry Ford se sentó al lado de Edsel, su único hijo, a quien había cedido, en los papeles, el cargo de presidente de la corporación, y echó una mirada hacia el ventanal. Luego volvió la vista hacia Liebold y Sorensen que, sentados enfrente suyo le sonrieron.

-¿Qué novedades tenemos para hoy, señor presidente?- preguntó a Edsel.

-Habíamos quedado en tratar la situación en el Amazonas.

La empresa, por entonces, consumía la cuarta parte de todo el caucho producido en la Tierra y Ford estaba harto de las condiciones impuestas en el mercado por el monopolio inglés. Su interés por autoabastecerse de caucho había comenzado a principios de los años veinte y, mientras apoyaba costosas y fracasadas investigaciones para producirlo en forma artificial, encomendó a su gente que encontrara un lugar apropiado para establecer una gigantesca plantación. Los expertos recorrieron Panamá, Colombia, y zonas de Asia y de África, pero Ford se decidió por la Amazonia brasileña. Allí había comprado millones de hectáreas con la finalidad de producir tanto caucho como ruedas necesitara la industria del automóvil. Era como orgullosamente lo había manifestado al Congreso de la Unión, la colonización más ambiciosa de la historia del Amazonas. Solo había que transformar su fuerza ciega y su extraordinaria fertilidad en energía disciplinada. El Amazonas, bajo el impacto de nuestra voluntad y de nuestro trabajo, se convertirá, dijo, en el primer capítulo de la historia de una nueva civilización.

Tomado de La Casa de Premio, enero del 2003.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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