| LA JIRIBILLA |
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SIETE LUSTROS DE ARTE Y LITERATURA Esta obra no se hizo sola, participaron en ella decenas de compañeros que pusieron su grano de “pasión por la excelencia”, sus mejores intenciones y conocimientos y, sobre todo, tiempo de sus vidas. Imaginémonos a Ambrosio Fornet cuando junto con Edmundo Desnoes y un pequeño grupo de fundadores fraguaban el plan conspirativo de la ya mítica colección Cocuyo, por donde conocimos al nouveau roman, el último grito de la moda literaria de aquellos tiempos. Y Repertorio Teatral y Cuadernos de Arte y Sociedad. Ya existían Huracán, cuyo padre fue Rolando Rodríguez, fundador del Instituto Cubano del Libro; Dragón, que según me contó Fornet la había creado Oscar Hurtado; Biblioteca del Pueblo, Teatro y Danza que venían de la Editora Nacional –recordemos un minuto a Alejo Carpentier y a Herminio Almendros–, y Arte y Sociedad, que Fornet tomó prestada para siempre de Unión. En 1967, año de la fundación, se publicaron 28 títulos, cifra que se iría incrementando en el decursar del tiempo, con altas y bajas en este incremento, hasta llegar, en 1976, a la cifra mayor hasta el momento con 137 títulos. Era la época en que Pablo Pacheco dirigía nuestras huestes, como un gran estratega estaba al tanto de los mínimos detalles, sentando las bases organizativas de la editorial, en una consagración –entonces casi no se usaba esta palabra— realmente admirable. En ese momento surgieron otras colecciones como Contemporáneos, Poesía, Letras Cubanas, Biblioteca Básica de la Literatura Española, Caracol y otras más. Era la época en que Virgilio Piñera en sus visitas matutinas paralizaba a toda la editorial con sus cuentos de encantador de serpientes. Abel Prieto recogería inteligentemente todo este conocimiento editorial acumulado y lo llevaría adelante. Surgiría la importante Biblioteca de Literatura Universal, por donde se publicarían grandes obras de todos los tiempos, Bolsilibros A L, etc. Tomaría yo la antorcha y tendría la inmensa felicidad de fundar en 1987 la revista Opción, de literatura universal, y de dirigir sus diez únicos números. En esta etapa la editorial tuvo la capacidad para publicar autores contemporáneos como nunca antes, labor que vino a interrumpir el período especial. A Armando Cristóbal Pérez le tocó la tarea de no dejar morir la editorial, en su unión con Letras Cubanas: continuó el sello editorial; y a Cecilia Infante lo propio, en su unión con la Editorial José Martí. Los dos lo cumplieron con creces y mantuvieron viva la publicación de literatura universal. Víctor Malagón aportaría, entre otras cosas, la memoria. Resurge la Editorial Arte y Literatura –acierto indudable del actual Instituto Cubano del Libro—en su fusión con la Oficina de Publicaciones Especiales del ICL o Editorial de Ediciones Especiales, fortalecida de avatares y ciclones, casas derrumbadas, reducciones y aumentos de plantilla, mudadas ad infinitum, donde hemos ido perdiendo libreros y libros de consulta; resurge con la estimable cifra de aproximadamente 2000 títulos publicados en estos 35 años. En esos 2 000 títulos han tenido representación todas las literaturas considerables de este planeta, en especial las del siglo XX. En 1986 el 78% de lo publicado correspondía al siglo XX y se habían realizado 203 primeras traducciones al español. Entre ellas, muchas de la literatura africana, con la cual se hizo una encomiable labor. En 1988 el plan de literatura contemporánea tenía 68 títulos, de los que se terminaron editorialmente 55 y se publicaron 41. Era la época en que no se tenía en cuenta el derecho de autor, como ahora, que constituye un serio obstáculo para la publicación. Los países mejor representados fueron Cuba, en primer lugar, antes del 77 cuando se creó Letras Cubanas; en segundo lugar España, a la que seguirían la URSS-Rusia, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, en ese orden. En 1986 estos países representaban el 65% de todo lo publicado. Los verdaderos héroes de esta historia, silenciosos y detrás del telón, son los responsables. Mencionemos algunos: Evaristo García Álvarez, en primer lugar, a quien debo veneración por haber sido mi maestro, y de tantos otros, en estas lides editoriales, y quien recientemente falleciera. José Tajes, Raúl Martínez, Marina García, Romualdo Santos, Alejandro Expósito, Andrés Couselo, Pepe Triana, Omelio Ramos, Carmen Cañizares, Olga Campoalegre, María Teresa Ortega, José Antonio Fernández, Roberto Artemio Iglesias, Carlos Rubido, Ernesto Joan, Sarah Viñas, Rosa Balseiro, Trinidad Urrutia, Juan Nicolás Padrón, Mary Cruz, Eliana Dávila, Carlos Almaguer, Elda Gaulhiac, Ana Louise Johnson y tantos compañeros más, que se haría fatigosa esta lista, por lo que me van a disculpar no mencionarlos. Editores, correctores, mecacopistas, jefes de redacción, diseñadores, personal administrativo, algunos que no están ya entre nosotros o se trasladaron a diferentes editoriales o instituciones, como son los casos de los que he mencionado, y muchos aún parte nuestra y aquí presentes. Nuestro agradecimiento infinito a los colaboradores: asesores, traductores, diseñadores, antologadores, prologuistas, ilustradores. Ejército adjunto sin el cual hubiera sido absolutamente imposible el ejercicio de la edición. Nuestro agradecimiento a los trabajadores poligráficos y sus dirigentes, porque sin ellos hubiera sido imposible la publicación de los libros. Y a los compañeros de la Distribuidora Nacional, Ediciones Cubanas y las librerías, sin los cuales el libro no hubiera llegado nunca a las manos del lector. A los periodistas, que divulgaron nuestro trabajo, también nuestro agradecimiento. La labor editorial es una de las más hermosas, complejas y colectivas que existen. A cada uno de los compañeros, aunque no hayan sido mencionados, que hicieron posible la edición, en su acepción más amplia, de la literatura universal, nuestras felicitaciones y agradecimiento en este Aniversario 35 de la Editorial Arte y Literatura. Entre nosotros, desde 1959, año de la entrada de nuestro país en la modernidad, cuando se inició la organización del sistema editorial cubano, unos 100 000 Quijotes con sus respectivos Sanchos invadieron nuestra Isla, miles de Romeos y Julietas, Hamlets y Macbeths, Francescas de Rímini condenadas al Inferno, Melibeas y Calistos no menos condenados, junto con Raskolnikovs, Anas Kareninas, Madames Bovary, Julianes Sorel, flores del mal por todas partes, Gregorios Samsas perplejos, Plateros suaves y algodonados, rayos que no cesan, poetas en Nueva York con Antoñicos, lunas y piel de olivas. Regentas culpables, Martines Fierros desangrándose al sol, “si lloras de noche por el sol, no podrás ver las estrellas”, Hannes Castorps tratando de conquistar la montaña de las Claudias Chauchats y discutiendo con Settembrinis, Santiagos pescando solos en la corriente del Golfo, y tantos, tantos más que nos acompañan en el imaginario, que forman parte de nuestro mundo gracias a la invasión de la literatura. Y recientemente, un grupo de compañeros, mayoritariamente de los que integran la actual Arte y Literatura, junto con algunos de otras editoriales, tuvieron el honor de iniciar los primeros 25 títulos de la Biblioteca Familiar, heredera de aquellas tradiciones invasoras. Un día como este, pero de 1600, nació Calderón de la Barca. Los sueños han cambiado. Muchos de nuestros sueños hoy son en gran medida realidades. Treinta y cinco años tenía Dante cuando inicia su viaje un viernes santo a través del infierno, conducido por el poeta Virgilio: “En medio del camino de la vida/ errante me encontré por selva oscura, / en que la recta vía era perdida”. No creemos haber perdido la vía, pero quisiéramos que Virgilio –pudiera ser Piñera—nos guiara hasta el Paraíso donde espera Beatriz, y que esta nos conduzca a través de los cielos, el de la Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, el octavo o Cielo Estrellado, el noveno o Primer Móvil, cada uno representando una sabiduría más para alcanzar la perfección intelectual, hasta el Empíreo, “que sólo Amor y Luz tiene por límites”, donde caben todos los bienaventurados. Creo que, al menos en un día como hoy, nos lo merecemos.
(Palabras por el Aniversario 35 de la
Editorial Arte y Literatura)
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