LA JIRIBILLA

EN NINGÚN LUGAR COMO AQUÍ
 
Sin desdibujar los caracteres de la expresión a la que cada cual se sienta vinculado, se puede interactuar con otras vertientes. Habana Abierta vuelve a recordarnos que se puede hacer en las canciones una poética de altos contenidos, sin renunciar a que musicalmente nos haga mover a más no poder el esqueleto.


Bladimir Zamora Céspedes |
La Habana


Hasta la mitad de enero ha durado en La Habana el contagioso ambiente de los conciertos de trovadores de diferentes generaciones. Ahora no solo se puede afirmar que entre lo más significativo del final del año pasado estuvo el apogeo de estas músicas en la capital cubana, sino que a estas alturas del 2003, no hay nada más notorio que esto. Sobre todo las actuaciones de los muchachos de Habana Abierta.

El sábado 11, Boris Larramendi, secundado por una banda de ocasión, que él bautizó como Los Frikies, se presentó en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Ya él había aparecido haciendo coros, o cantando alguna canción en las presentaciones de los demás, pero esa noche salió a las tablas con visible emoción, agradeciendo a quienes les han permitido el sueño de reencontrarse con su público. “En ningún lugar como aquí”, gritó con la voz rajada. Cantó apoyado en una sonoridad rock, que no excluye las referencias a los ritmos tradicionales cubanos, las canciones de su primer disco en solitario. Un público que apenas conocía los temas, en muy pocos minutos se conectó con ellas y puso el teatro a la más alta temperatura. Cuando tenía junto a él a los demás miembros de Habana Abierta, se despidió del respetable invitándolo al concierto en el Salón Benny Moré de La Tropical.

La cita de todos nuestros trovadores llegados de Madrid en el templo del son y de la salsa, era, sin duda, la más esperada. Un público muy joven que no acostumbra a visitar la mítica pista de baile, llenó el sitio, para ver en medio de un escenario abarrotado, como los Habana Abierta hacían sus temas más populares. Cantó Athanai, que ya había saludado al público en el concierto de Boris y también fue invitado David Torrens, que para ellos está considerado como un hermano mayor. Parecía que el concierto terminaría, con algunos de las más populares canciones de Kelvis. Fue impactante por eso sentir como toda Habana Abierta y sus ya fraternos acompañantes, liderados por Robertico Carcasess, se arrancaban para despedirse con emblemático tema de Juan Formell: Chirrín Chirrán. Así mismo había terminado la presentación de Boris, quien declaró, “Vamos a terminar con una de las más importantes canciones cubanas de los últimos cuarenta años”. Pero, sin duda, hacer este tributo a Formell, en el mismo sitio donde Los Van Van han proyectado a lo largo de más de treinta años, una trayectoria que los sitúa entre las más grandes agrupaciones de la historia de la música cubana, fue sencillamente hermoso.

Ellos después de trabajar fuera de los escenarios nacionales, han venido con elocuente afán de respirar profundo los aires de la Isla y para aprender de todo lo demás que sucede aquí en materia de música. Y sin tomar postura de maestros, dejan, en mi opinión, el buen mensaje de que vale la pena no ser sectario en el bosque de la música cubana. Sin desdibujar los caracteres de la expresión a la que cada cual se sienta vinculado, se puede interactuar con otras vertientes. Habana Abierta vuelve a recordarnos que se puede hacer en las canciones una poética de altos contenidos, sin renunciar a que musicalmente nos haga mover a más no poder el esqueleto.

El pasado jueves por la tarde ocurrió todavía un hecho de particular importancia, que organizado con mucha humildad, resultó como el colofón de esta larga jornada de la llamada música de autor. La revista El Caimán Barbudo, convocó a un encuentro en los salones del hotel El Costillar de Rocinante, de la Escuela Internacional de Periodismo “José Martí”. La revista cultural de la juventud cubana, nacida en 1966, ha tenido desde los mismos días de su fundación una vocación trovadoresca. Era previsible entonces que cantantes de diversas promociones se sintieran atraídos por la invitación. Allí estuvieron Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Alberto Tosca, Rochy, Eduardo Sosa, Diego Gutiérrez, Yusa y Pavel Poveda. Vinieron especialmente a intercambiar con los integrantes de Habana Abierta: Vanito Caballero, Kelvis Ochoa y Athanai. Y con David Torrens.

Los integrantes de la redacción de la revista y algunos miembros de su Consejo editorial, junto a otros colegas de la prensa y de instituciones culturales, protagonizaron una informal reunión con los músicos. En un espíritu, que a mí me recordó aquellas reuniones en casa de Domingo del Monte, se formaron pequeños grupos, que continuamente cambiaban de miembros, en un afán común por saber lo que está haciendo cada quien. Qué bueno sería que cada diciembre La Habana se convirtiera en una gran reunión de la cultura, que luego entregara las mejores energías espirituales al año que comienza.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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