LA JIRIBILLA

EN HOMENAJE A LA
REVISTA VENEZOLANA

 
La Revista Venezolana es un paso cualitativamente superior de su escritura. Con un profundo fervor Bolivariano, armado de un amplio conocimiento de nuestras realidades y necesidades continentales; plasma un nuevo tipo de escritura que subyuga, quiebra cánones, y trasciende; rompiendo con toda la concepción tradicional de la cultura proclamando.


Msc. José Antonio Bedia Pulido |
La Habana


En la fría Nueva York de octubre de 1880, José Martí encara dos opciones: “me echaré por tierras nuevas o me quedaré en esta”[i] triunfa la primera alternativa. Pese a haber conocido el despotismo de los caudillos latinoamericanos durante su estancia en México y Guatemala, el cubano parte a Venezuela. Muchos trataron de disuadirlo, pero al parecer, sus contactos con venezolanos en la casa de Carmen Miyares, el conocimiento del apoyo que este país había prestado a Cuba durante la Guerra Grande, y las noticias de progreso generado en la tierra del libertador, le invitaron al viaje.

El 8 de enero de 1881 embarca, y luego de una breve escala en Curazao llega a La Guayra, doce días más tarde; de allí parte en carruaje, por el quebrado camino que lo conduce a Caracas. Tal vez, su arribo a la capital venezolana fue aquel que ocho años después plasmó en La Edad de Oro: “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas [...] y sin sacudirse el polvo del camino, no se preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a la estatua de Bolívar.”[ii] Para entonces, la capital venezolana se enfrascaba en cambiar su fisonomía siguiendo un estilo europeo, muy a tono con el pensamiento de Guzmán Blanco.

No obstante, el país seguía siendo un hervidero de contradicciones engendradas por la ineficacia en de la adopción de reformas liberales. La sociedad continuaba su aletargado desarrollo agrícola; los antiguos esclavos se veían sometidos a enfeudamientos, y su libertad era una mera apariencia. Entre el 20 y 21 de enero llegó Martí a Caracas, en un momento en el cual la llamada “Generación del centenario de Bolívar” tenía ávido interés en reencontrarse con su pasado. El entonces gobernante, Antonio Leocadio Guzmán Blanco, se encontraba en el cenit de su despotismo “civilizador”, siendo combatido por un grupo de estudiantes que se habían reunido en torno a la figura del eminente intelectual Cecilio Acosta.

No era Martí un desconocido en la tierra del libertador; solo a unos días de su arribo el importante diario La Opinión Nacional saludaba su visita al país. Pronto el ojo sagaz del patriota cubano se percata de la existencia allí, de dos mundos coexistentes: una elite frívola abierta a la adopción de todo lo foráneo y un pueblo lleno de aspiraciones y necesidades insatisfechas. La formal apariencia de libertades adquiridas se traducía en inicuos resultados para la ciudadanía urbana, y en el campo, solamente servía para perpetuar la sumisión y el dominio de los terratenientes.

En esta convulsa Venezuela, Martí desempeña acrisoladamente sus dos profesiones más queridas: el magisterio y el periodismo. En el colegio de Agustín Aveledo, funge como profesor de gramática francesa y de literatura. En el de Guillermo Tell Villegas, desempeña una cátedra de oratoria; que cobra gran realce luego que el cubano pronuncia un discurso en la inauguración del Club de Comercio de Caracas; allí su personalidad quedó esclarecida para la sociedad caraqueña, viéndose a partir de este momento rodeado de discípulos.

Esa, su primera comparecencia pública en la ciudad, le consigue un rotundo éxito que lo consagra como gran orador y poeta. Sobre estos pilares se fue ganando un auditorio juvenil y a la vez que le facilitó comenzar a colaborar con el diario La Opinión Nacional el cual, ulteriormente le prestó sus prensas para la redacción de la Revista Venezolana. Múltiples estudios señalan que el afamado discurso es este antecedente inmediato de la Revista; por el simbolismo del encuentro del prócer antillano con la patria de Bolívar. Ello es presumible, mas no huelga recordar que la publicación es deudora de aquel proyecto de elaborar una Revista Guatemalteca, que nunca le fue viable a Martí, en el país centroamericano.

Sin embargo, la Revista Venezolana es un paso cualitativamente superior de su escritura, la cual se torna antesala de ese modernismo latinoamericano que recogió a toda una pléyade de literatos en generaciones subsiguientes. Con un profundo fervor Bolivariano, armado de un amplio conocimiento de nuestras realidades y necesidades continentales; plasma un nuevo tipo de escritura que subyuga, quiebra cánones, y trasciende; rompiendo con toda la concepción tradicional de la cultura proclamando: “El culto de lo extraordinario y de lo propio”[iii].

La Revista Venezolana llegó al lector el primero de julio de 1881, siendo un fino instrumento con el cual su autor pretende llevar a la práctica sus objetivos ya esbozados desde el discurso en el Club de Comercio. La publicación fue una fórmula para realizar la nueva y necesaria literatura por la que tantas veces el cubano abogó. Ella debía estar perfilada a ensalzar y defender nuestra cultura, vida y tradiciones; mostrando a la par el quehacer universal. Con la misma pretendió rendir un merecido tributo a la tierra del Libertador: “La Revista Venezolana sale a la luz. Nace del afecto vehemente que a su autor le inspira el pueblo en que la crea [...] Hacer es la mejor manera de decir”[iv]

Su conjugación acto-palabra, binomio tantas veces disociado conforma una de las renovaciones del nuevo tipo de escritura que pretende Martí. Según el profesor Ramón Losada Aldana “En términos de generalidad, puede sostenerse que una de las urgencias de las sociedades coloniales y neocoloniales es el logro de esa unidad activa entre los componentes del referido binomio”.[v] El patriota cubano aboga por los hechos, postulado que él cumplió con su vida; su verdad se encuentra en los actos, en el constante batallar del hombre. Era esta la unidad dual necesaria para transformar nuestras sociedades.

El autor también propone en su publicación, una serie de tareas para la transformación latinoamericana, indicando la necesidad de apartar todo lo que estorbe e impulsar lo nuevo y provechoso; problemática que sigue siendo tan actual como necesaria. La independencia de nuestra América es uno de los baluartes principales de la revista. Se refiere a Miguel Peña, hombre de letras y armas, a Páez, excelso patriota, a textos venezolanos que realzan la gloriosa historia continental. Sin embargo, no tiene una línea para el presidente Guzmán Blanco, y se permite un extenso artículo sobre Cecilio Acosta, hombre que con su digna oposición al gobierno también conjugaba en sí decir y hacer.

Martí, con la Revista Venezolana, rebasó los cánones literarios de su época tanto como los políticos tolerables por aquella Venezuela. Este hecho marcó el fin de la Revista y la presurosa salida del cubano de la tierra de Bolívar, por explícita petición gubernamental. Sin embargo, no importó lo breve de su obra; con ella dejó una senda de pensamiento y periodismo novedoso. Así, un venezolano de aquellos días, Leopoldo Torres, sobre el amigo cubano que se alejaba escribía: “¡Gracias al poeta! Ya sabemos que él tiene siempre frases de aliento para la juventud venezolana, la cual nunca olvidará que un día él, aire viajero [...] se detuviera en este suelo [...] y contribuyera en mucho a nuestro renacimiento”.[vi]

Hoy con más actos que palabras Cuba y Venezuela se saludan solidarias; ello valida la divisa, ya citada por nosotros, que aquel cubano sin parigual sentenció en Caracas ciento veinte años atrás, mas siempre vigente: “Hacer es la mejor manera de decir”.
 

Notas

[i] Martí, José: Epistolario. T. I, p. 204.
[ii] Martí, José: Obras Completas. T. XVIII, p. 304.
[iii] Martí, José: Obras Completas. T. VII, p. 208.
[iv] Martí, José: Obras Completas. T. VII, p.198.
[v] Losada Aldana, Ramón: José Martí y su Revista Venezolana. p. 80
[vi] Bedia, José: El verbo de juventud. p. 4.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
http://www.lajiribilla.cu
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu