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EL PERIODISMO, LA LITERATURA Y EL CINE
 
Russell Banks y William Kennedy son dos reconocidos novelistas norteamericanos contemporáneos, con suerte diversa en el cine; después de años de ejercer el periodismo, han tenido la suficiente experiencia para saber de las cuatro esquinas del trayecto. En la fiesta cubana del libro ofrecieron compartir ciertos secretos.


Jorge Sariol |
La Habana

 


William Kennedy , Reynaldo González y Russell Banks

Russell Banks y William Kennedy son dos reconocidos novelistas norteamericanos contemporáneos, con suerte diversa en el cine; después de años de ejercer el periodismo, han tenido la suficiente experiencia para saber de las cuatro esquinas del trayecto.

En la fiesta cubana del libro, además de presentar las novelas Roscoe (de W. Kennedy) y Aflicción (de R. Banks) ofrecieron compartir   en conferencia abierta, ciertos secretos de tales oficios. Ambos novelistas coinciden en más de un punto.

Para William Kennedy es una sorpresa “estar en una fortaleza llena de personas, que no son soldados.  Y ver gente de todas las edades que vienen a la Feria. Normalmente esta misma cantidad, en Estados Unidos iría al circo o de picnic.
Esto evidentemente es prueba de la importancia que Cuba le da al libro y la lectura.

Particularmente estoy muy contento que mi libro Roscoe se esté vendiendo en la Feria”.

Los dos creen que es ridícula la actitud de aquellos que escriben novelas pensando de antemano que serán llevadas al cine.

“Cuando escribí Ironweed (tallo de Hierro) –dijo Kennedy- ni siquiera estaba seguro de si se imprimiría”.

Para estos escritores, la realidad más inmediata no les interesa como literatos.

“En la actualidad –aseguró Banks- se deben estar escribiendo cientos de novelas que cuentan los sucesos del 11 de septiembre. Yo preferiría escribir una que finalizara el día diez”.

Para ninguno de los dos tiene nada de malo la profesión de “doctor script”, esas personas que se encargan, como un trabajo normal, de“arreglar” guiones de cine. “Otros viven de escribir guiones que nunca se filman”, dijeron.

En relación con la lectura y el éxito de las novelas en el cine, Banks no se muestra optimista. “hace algún tiempo escribí un artículo que titulé No, pero vi la película, sobre las personas que se conforman con ver solamente el filme.

“Lo lastimoso es que después en la portada del libro aparece el rostro del actor que protagonizó el filme. La crítica –en mi opinión muy personal– en definitiva no es clasista. Solo realizan generalizaciones banales sobre el hábito de leer”.

Nacido en Nueva Inglaterra de familia trabajadora, Russell Banks  conoció en su juventud cercana ambientes marginales que luego aportaron  material para sus obras.

En su opinión, el tránsito del periodismo a la literatura y luego al cine sucedió con ventura, a pesar de mucha opinión en contra.

“Ernest Hemingway dijo que la mejor manera que podía tener un escritor de ficción con el cine, era ir en automóvil hasta la frontera entre Nevada y California, tirarles el libro, esperar que le tiraran el dinero de vuelta, y regresar para la costa este.

“Esta era la relación que mantenían muchos escritores, en momentos en que consideraban que Hollywood lo que hacía era explotar a  los escritores y destruir las obras. De modo que era una proposición saludable y correcta para un artista.

“Un poco antes de 1995, Paul Schrader se interesó en mi novela Aflicción, que se vende ahora en La Habana;  Schrader es probablemente el mejor guionista de EE.UU. en estos momentos  -guionista de Taxi Driver y la Última Tentación de Cristo, por ejemplo.

De modo que para mí fue un orgullo venderle mi obra a él, pero cuando me dijo que yo debía escribir el guión, me negué. Cómo yo, que era un aficionado, iba a hacerlo, cuando él era un maestro al respecto. La respuesta fue simple: ‘porque a ti te pagaremos menos’.

Yo, claro, me negué y el guión lo tuvo que hacer él”.

Russell confesó haber colaborado con gusto en otros proyectos de realización de películas: en la financiación, en la redacción del guión, en la realización del elenco, en el rodaje y la publicidad:

“Así sucedió con mi novela The sweet Hereafter. De modo que, a pesar de las advertencias de Hemingway, a los cincuenta años, estaba yo metido en el negocio del cine”.

Pero Banks cree que los tiempos han cambiado: “ya es difícil sentirse amenazado por Hollywood, pues en los últimos años se ha dividido en dos partes diferentes: La película de Estudios, que cuestan muchos millones de dólares, dirigida a adolescente de 14 años –lo que Martín Scorssese llama Parques ‘temáticos’-; y por otra parte, están aquellas películas dirigidas a un público inteligente, maduro, que tiene verdaderos intereses; son películas que pueden ser sutiles, difíciles y que pueden abarcar ambigüedades. He creído que puede trabajarse en el buen cine, si te encuentras  a las personas adecuadas. Son éxitos artísticos y también comerciales.

“Paul Schrader ha dicho que hay un momento en la financiación de un filme, en que tiene que hacerse sumamente sencillo. Él cree que con 14 millones de dólares todos los buenos llevan un sombrero blanco y los malos, negros. Mi esperanza es la de hacer cine de menos de 14 millones de dólares” afirmó finalmente.

La experiencia asumida por William Kennedy ha sido  un tanto diferente en el camino que, del periodismo lo llevó a la literatura y finalmente  –muy finalmente- al cine.

“En mis inicios era periodista. Entonces, existían muchos modelos acerca del tipo de periodista que debería uno ser, además del modelo de una serie de escritores de los años 20 y 30, algunos que escribían en la revista New Yorkers – como Joseph Mitchell. Lo ideal era ser escritor y no reportero.

“Eran muchos los periodistas que se convirtieron en grandes escritores, como Mark Twain. Así que con los años era normal tener al menos una novela engavetada, esperando el salto.

“Durante el tiempo en que fui editor del periódico puertorriqueño San Juan Star y en la nómina había aproximadamente 20 persona, diez se consideraban escritores.

“Hoy el cambio es en otro sentido; ahora el escritor aspira a escribir guiones de cine y no falta quien guarda la esperanza de dirigir cine. “No sé qué pasará tras el ejemplo de Norman Mailer – que escribió, dirigió y hasta actuó para el cine- y que después de la experiencia, reconsideró y volvió a las novelas.

“Mi experiencia con el cine ha sido ardua, quizás demasiado; con muchos proyectos que no se realizaron o que se realizaron luego de una agonía: por ejemplo, sucedió que para  Cotton Club  yo escribiría los diálogos - Ford Coppola hizo el guión porque Mario Puzzo, el designado, se salió del proyecto- al final hicimos entre los dos no menos de 40 versiones. Algo loco. Aunque por fin logré hacer una película.

“Ironweed (premio Pulitzer, 1984), tuvo una suerte también complicada. Héctor Babenco, el director argentino fue a verme para comprar los derechos de convertirla en cine. Yo había visto ya Pixote y El Beso de la Mujer Araña y me gustaron mucho, pero los productores no lo querían a él. Después que logramos convencerlos a todos, Héctor habló con Jack Nicholson, y él aceptó. Ustedes saben los resultados.

“Hoy sigo intentando llevar al cine otras de las tres novelas mías”.
 

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