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EL ARTE DE LA AFLICCIÓN
Aflicción, de Russell Banks es heredera de esa larga
tradición de literatura realista norteamericana acuñada
por nombres como Faulkner, Hemingway, Fitzgerald y
Steinbeck, donde se combinan la ira, la amargura, la
desesperación, la violencia y el humor, para pintar un
gran fresco de la condición humana: la lucha del
individuo por sobreponerse a la angustia de existir en
un mundo cada vez más adverso y escapar, de algún modo,
de sí mismo y de sus circunstancias.
Jesús David Curbelo
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La
Habana
La
presentación en Cuba de Aflicción, novela del
norteamericano Russell Banks (New Hampshire, 1940), es
un verdadero suceso editorial, pues pone a nuestros
lectores en contacto con uno de los mayores escritores
vivos de la amplia y vigorosa literatura de los Estados
Unidos. Autor de casi una decena de novelas y de varios
volúmenes de cuentos, y avalado por múltiples premios y
reconocimientos, Banks se da a conocer ahora al público
cubano con la que es, quizá, su obra más sobresaliente,
sobre la cual ha escrito la prestigiosa narradora y
crítica Joyce Carol Oates: “Aflicción es una
novela poderosa y perturbadora, animada por un feroz
lirismo que la hace aún más memorable. Se trata de
literatura realista en su punto más alto, aquella que
puede cambiar nuestra visión del mundo de una manera
radical, aunque no siempre clara para nosotros”.
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Aflicción, 1997,
dirigida por Paul Schrader |
Efectivamente. Aflicción
es heredera de esa larga tradición de literatura
realista norteamericana acuñada por nombres como
Faulkner, Hemingway, Fitzgerald y Steinbeck, donde se
combinan la ira, la amargura, la desesperación, la
violencia y el humor, para pintar un gran fresco de la
condición humana: la lucha del individuo por
sobreponerse a la angustia de existir en un mundo cada
vez más adverso y escapar, de algún modo, de sí mismo y
de sus circunstancias.
Wade Whitehouse, el protagonista de Aflicción, es
un obrero al servicio del cacique de Lawford, pequeña
ciudad que lo atrapa en la telaraña que va desde una
infancia azotada por la rudeza de un padre alcohólico
que destruye todos los vínculos afectivos de su hogar
hasta la disolución de su propia familia por los
rescoldos del resentimiento y la frustración. A pesar
suyo, Wade, a la sazón de policía municipal, se ve
envuelto de forma tangencial en el presunto asesinato de
un sindicalista tal vez implicado en turbios manejos de
compra y venta de terrenos para la construcción. La
suerte de pesquisa policial que emprende para dilucidar
esta situación, los avatares de un pleito que intenta
entablar contra su ex esposa por la custodia de su hija,
la relación sentimental vacilante que sostiene con una
mujer dispuesta a ayudarlo y el intento de reconstruir
de alguna manera los lazos con sus demás familiares, van
tejiendo los hilos de una trama vertiginosa y
cautivadora que culmina en una explosión sicológica
donde la intemperancia desempeña el papel fundamental.
Contada por Rolfe Whitehouse, hermano menor de Wade que
ha logrado evadirse de la maldición del pueblo pequeño
(infierno grande, según reza el refrán) y que acomete la
proeza de querer desentrañar los móviles del
comportamiento del protagonista, Aflicción hace
gala de una amplia variedad de recursos estilísticos
(multiplicidad de planos narrativos, retrospectivas,
cambios del punto de vista, etc.) que demuestran el
oficio de un escritor avezado que los va conjugando con
mano maestra para entregarnos el testimonio de una
tragedia cotidiana, aunque no por eso menos
espeluznante, donde la autenticidad nos hace
preguntarnos, página tras página, si acaso Banks no ha
descubierto nuestros ocultos fantasmas y nos ayuda, con
su libro, a exorcizarlos.
Porque de eso trata, en última instancia, esta novela,
de inquirir en la hondura del ser humano en busca de las
respuestas que nunca alcanzan a satisfacer del todo las
eternas preguntas: ¿qué es la vida?, ¿cuál es su gran
enigma?, ¿puede servir de algo saberlo para evitar que
nos siga atormentando? A mí, que creo en la literatura
de la indagación, en la lectura y la escritura como una
variante eficaz de sicoanálisis, Aflicción me ha
auxiliado para corroborar un oscuro presentimiento: el
arte no sana, salva. Espero que sobre ustedes ejerza
similar encanto.
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