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CHOMSKY EL AMERICANO IMPRUDENTE
 
Podemos hablar de un fenómeno Chomsky; una paradoja que es también parte de la realidad contemporánea. Aunque sus trabajos no han contado con el favor de poderosas casas editoriales, el número siempre creciente de sus lectores se extiende a todos los continentes.

Ricardo Alarcón de Quesada|
La Habana

 

Hace ya más de un siglo Mark Twain escribió: Por bondad de Dios tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos. 

Noam Chomsky, ejemplo insuperable de ejercicio del criterio sin ataduras, ha sido y es, ante todo, un americano imprudente. 

En Year 501. The Conquest Continues, formidable alegato anticolonialista publicado en ocasión del Quinto Centenario del descubrimiento de América, él advirtió que no es una alfombra de bienvenida lo que suele recibir a los portadores de mensajes indeseados. Desde el padre Las Casas al arzobispo Arnulfo Romero —y más allá de los templos y hasta hoy— sería interminable la lista de rebeldes cuyo mensaje se ha tratado de ignorar o sepultar a lo largo de la historia. El asesinato en noviembre de 1989 en El Salvador de un grupo de destacados intelec­tuales jesuitas —que coincidió, por cierto, con la publicación de un artículo de Ignacio Ellacuría, que denunciaba al sistema capitalista y expresaba su solidaridad con la Revolución cubana— no era suficiente. No hay modo más seguro de aniquilarlos para siempre apuntó el profe­sor de MIT que suprimir sus palabras —virtualmente desconocidas, innombradas. 

A Chomsky también se le ha querido ignorar. Para los grandes medios que controlan y manipulan la información, como indica Galeano, simplemente no existe. Es difícil encontrarlo en los diarios y revistas de circulación masiva y jamás aparece en los programas de televisión don­de se abordan temas que sin embargo, ha examinado sistemática y rigu­rosamente. Quienes dependen exclusivamente de esos medios para enterarse de lo que ocurre en el mundo no pueden saber de su existencia y mucho menos conocer sus ideas. 

Pero esos medios no son todopoderosos. Por eso podemos hablar de un fenómeno Chomsky; una paradoja que es también parte de la realidad contemporánea. Aunque sus trabajos no han contado con el favor de poderosas casas editoriales, el número siempre creciente de sus lectores se extiende a todos los continentes. Su reciente libro, 9/11, ha sido uno de los mayores éxitos en las librerías de Estados Unidos. No lo registran los monopolios de la información, pero él no ha cesado de dar entrevistas durante años que diseminadas ampliamente por los circuitos alternativos arrojan luz sobre temas de la mayor importancia y que interesan al mundo entero. No lo reflejan los diarios comerciales pero sigue siendo asiduamente invitado a dar conferencias en Universidades y otros foros públicos donde es escuchado, según su propio testimonio, por un público más numeroso, diverso y receptivo que el que lo oyó denunciar, en otros tiempos, la agresión contra  Viet Nam.  

La guerra que le hacen los dueños de esos medios resulta perfectamente comprensible. Nadie los ha combatido con tanta coherencia y de un modo tan eficaz. En sus textos iniciales, divulgados en los años sesenta al calor del movimiento pacifista y por los derechos civiles que decisivamente contribuyó a impulsar, denunció implacablemente los torvos manejos de una prensa dedicada a ocultar la verdad y la inmora­lidad de los círculos académicos puestos al servicio de la política imperialista. Sus trabajos recogidos en American Power and the New Mandarines analizaron a fondo cómo esa prensa y esos intelectuales falseaban los hechos y desnudaron los procedimientos que empleaban para hacerlo. 

Desde entonces Chomsky ha llevado a cabo una labor infatigable que sería imposible reseñar en un prólogo. Sí es preciso destacar su invalorable aporte en el desenmascaramiento de los métodos y las técnicas empleadas para dirigir, condicionar y domeñar el pensamiento y cómo ese empeño tiene sus raíces en los propios padres fundadores de la nación norteamericana y ha sido elemento consustancial al sistema políti­co de ese país. 

Domesticar la conciencia de las masas y establecer un sistema elitista al servicio de los grandes propietarios era idea central que inspiró a la Constitución de 1787. Lo ha sido por más de dos siglos. 

El desprecio al pueblo, la necesidad de mantenerlo a distancia y al mismo tiempo manejarlo, fueron expuestos, de modo explícito, por el teorizador más notorio de la democracia liberal norteamericana, Walter Lippmann, de quien Chomsky tomaría prestado el concepto de fabricación del consentimiento para uno de sus textos fundamentales —Manufacturing Consent, que escribió con Edward S. Herman. 

Chomsky plantea la cuestión política esencial del mundo contemporáneo: la dictadura encubierta impuesta a todos por quienes se arropan hipócritamente con el manto de la libertad, el sutil totalitarismo que basa su dominio en la enajenación de las conciencias por medio de instrumentos supuestamente destinados a comunicar e informar que son eficazmente empleados, al decir de Brzezinski, para manipular las emociones y controlar la razón. No hay problema más importante para la emancipación humana no solo los pueblos oprimidos por el sistema imperialista, sino también quienes viven en las sociedades desarrolladas y supuestamente libres—, no hay tarea más urgente para la democratización, tanto a escala internacional como en cada país, que la derrota de esa peculiar forma de tiranía que surgió con el auge del capitalismo y se afirma hoy con insolente arrogancia sobre todo el planeta. Una tiranía cuyo alcance global y las perspectivas para enfrentarla reflejó en su excelente Profit Over People-Neoliberalism and Global Order. 

Esa importancia y urgencia se hacen más evidentes ante lo que está sucediendo en el mundo con posterioridad al 11 de septiembre de 2001. Explotando cínicamente el rechazo universal a las atrocidades terroris­tas de ese día y la justa ira del pueblo norteamericano, la administración Bush se ha lanzado a avasallar al mundo, haciendo trizas la legalidad internacional se arroga la facultad de atacar preventivamente a cual­quier país, despliega sus fuerzas e impone su voluntad por todas partes con el pretexto de librar una supuesta guerra contra el terrorismo bajo su caprichosa conducción. Ha creado un ambiente de temor al amparo del cual encarcela y persigue arbitrariamente a inmigrantes y a personas humildes, cercena libertades civiles, amenaza a intelectuales y estudiantes, suprime cualquier crítica a sus planes guerreristas, aumenta el des­pojo a los trabajadores e impone políticas en beneficio exclusivo de las grandes empresas. Todo encubierto tras un pretendido combate a los culpables del horror del 11 de septiembre. 

La total hipocresía de esa política es obvia. Estados Unidos tiene un voluminoso y sangriento expediente como principal responsable en la promoción del terrorismo, con respaldo oficial, sin excluir sus más atroces manifestaciones, expediente que Chomsky ha documentado rigurosamente en ensayos publicados a lo largo de cuatro décadas. 

Nuestro país es prueba irrefutable. Según Chomsky la isla de Cuba ha sido atacada por más terroristas que probablemente todo el resto del mundo en su conjunto. Ciertamente más que cualquier país. Pudiera agregarse que hemos sido atacados durante un período de tiempo más prolongado, 43 años y que lo seguimos siendo en la actualidad. 

Más aun, Cuba es el único país respecto al cual se proclama abierta­mente que continuará practicándose el terrorismo y lo proclama nada más y nada menos que el imperio más poderoso que jamás haya existi­do, el mismo que mientras así actúa contra nuestro pequeño país preten­de incendiar el planeta en nombre de una campaña selectiva e inmoral, contra algunos terroristas reales o imaginarios. 

Esa realidad que Chomsky sintetizó de modo tan categórico conduce a una reflexión necesaria. 

Cinco heroicos compatriotas nuestros son hoy víctimas del terrorismo que contra Cuba, con la complacencia y el apoyo explícito de las autoridades norteamericanas, se lleva a cabo desde el territorio de Esta­dos Unidos. Esto fue ampliamente demostrado incluso en el juicio ama­ñado y fraudulento que se les impuso en la ciudad de Miami dominada por una mafia terrorista que no se oculta para realizar sus fechorías. El apoyo al terrorismo anticubano consta en documentos oficiales de la fiscalía, en sus argumentos ante el tribunal, en sus peticiones de senten­cias y en las condenas que les fueron impuestas. Por luchar contra ese terrorismo los cinco fueron castigados con la mayor y más severidad y se les somete a un tratamiento carcelario cruel e inhumano, privados, incluso, del derecho a ser visitados por sus familiares. Todo ello lo saben, pero lo silencian, los grandes medios norteamericanos. 

Con impecable disciplina le ocultan la verdad al pueblo de Estados Unidos: allá están encarcelados cinco héroes por el imperdonable crimen de oponerse a grupos de criminales terroristas que tienen, ahora mismo, el apoyo de Washington y actúan impunemente en suelo esta­dounidense. Este es también un ejemplo de manipulación de la información y de doble moral que reclama la más resuelta y vigorosa denuncia. 

La producción intelectual de Chomsky proyecta su eficacia sustentada en un trípode: sus libros, sus charlas y conferencias y sus entrevistas periodísticas. Libra así una batalla simultánea en varios planos: el análisis teórico profundo y con profusa documentación de sus grandes ensayos va parejo con la denuncia específica, actualizada, y la toma de posición orientadora sobre problemas concretos que constituyen intereses inmediatos de la gente. Es notable también su uso de las vías que ofrecen hoy las nuevas tecnologías incluyendo, la comunicación directa con sus numerosos lectores por medio del correo electrónico. 

Los poderosos de la Tierra no han podido ni podrán aniquilar sus mensajes indeseados. Son y seguirán siendo parte inseparable en el ar­senal de ideas de quienes luchan por la justicia y la libertad y continua­rán batallando por hacerlas realidad en todo el mundo. Este libro será una contribución a esa batalla.

Tomado de Noam Chomsky en La Jornada, Editorial Ciencias Sociales 2002, presentado en la XII FIL de La Habana-

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