La Jiribilla | DOSSIER             
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

CUBA EN EL MUNDO

BUSCADOR

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
CALLE DEL OBISPO
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
TESTIMONIOS
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
NOTAS AL FASCISMO
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR

LA VUELTA EN EL AIRE DE ANTONIO SKÁRMETA
 
Elizabeth Díaz | La Habana

 

Un adolescente debe subir la empinada cuesta del cerro San Cristóbal de Santiago de Chile en una carrera ciclística, mientras su madre “levita en fiebre”, compite por la vida. Un joven se va al mar a escribir un cuento, pero es la vida quien le sale al paso. Un muchacho debe vencer el temor a la violencia física, a las peleas callejeras juveniles, mezclado con el descubrimiento del primer amor, y al final alcanza la fraternidad. Un niño es testigo del dramático abandono del hogar por sus abuelos, se debate entre el amor y la rabia, y luego, ve restaurada la existencia diaria con el regreso. Otro niño debe asistir a la partida de su hermano mayor y tomar una decisión de adulto. El joven emigrante en tierras norteamericanas debe romper su soledad y su nostalgia en el amor, o debe vender su sangre para sobrevivir aunque su solución final es la de la solidaridad, o debe establecer un diálogo en un tren subterráneo donde nadie se habla para enamorar a una muchacha y vencer la soledad, o debe guarecerse en el ala protectora de una poeta, de una “machi”, símbolo de su tierra, para después ayudarla a “volar” por toda Latinoamérica y entonces regresar él a su país. Otros jóvenes o adultos toman una posición ante la lucha social como consecuencia de los hechos que van ocurriendo en sus vidas, o dejan de ser fieles a su familia y, en definitiva, a su origen por otro estrato social simbolizado en el whisky y el sexo, o son prevenidos por una intuición para no hacer una llamada clandestina, o rinden el tributo de un clavel antifascista a la belleza de una mujer que ha debido emigrar de su país a causa precisamente del fascismo, o se encuentran en medio de una manifestación con su compañera, o son partícipes de la locura de este mundo globalizado donde reina el egoísmo de las pequeñas vidas particulares.

Un universo de temas que tienen una constante: el enfrentamiento del individuo a su cotidianidad, a hechos quizás intrascendentes pero con una significación que propicia su crecimiento espiritual y el acceso a la solidaridad o el amor, a la ruptura de la soledad. Skármeta trabaja sobre ese “mar de fueguitos”, al decir de Eduardo Galeano, que es la humanidad, los seres humanos atrapados en sus existencias banales, pero en las que irrumpe una tensión, un peligro, una decisión, que deben enfrentar con coraje: “mis personajes deben partir de situaciones extremadamente intrascendentes y desde allí son conducidos a una especie de vuelo metafísico. Este vuelo metafísico significa una revisión del sentido de la existencia.”(A. Skármeta en: “El cuerpo y las palabras: génesis de una literatura”, entrevista realizada por Iscorti Cartens, incluida en Del cuerpo a las palabras: la narrativa de Antonio Skármeta, Editorial LAR, Madrid, 1983.)

El ser humano frágil en su soledad, para el que comunicarse es absolutamente necesario, y que al final supera su debilidad, da un paso más allá de sus propias barreras y de las que les son impuestas desde afuera, y encuentra el amor en sus múltiples variantes: sexo, ternura, solidaridad, afirmación de los valores más humanistas. Pero todo esto desdramatizado; no es la lucha épica, trágica, de El viejo y el mar, sino esta misma lucha solitaria, individual, colocada en la banalidad de la existencia diaria. La Historia y las circunstancias epocales van al encuentro de sus personajes, “las peripecias de las mínimas vidas alteradas por la máxima historia” (Ariel Dorfman: “La derrota de la distancia: la obra de Antonio Skármeta”, ob. cit.). Una historia y una sociedad que no se describen, no se analizan, están presentes en las vidas de los personajes, y son éstos los que llevan en sí la posibilidad de la liberación, del futuro, de la transformación ante una sociedad fragmentada y pobre, ante su retórica y convencionalismo, ante su injusticia.

Baladas para un mundo mejor es el nombre que le hemos puesto a la última parte de esta antología de cuentos –la más amplia publicada hasta el momento-- que hemos dividido en cuatro secciones, correspondientes a cuatro tendencias temáticas en la obra de Skármeta. Esta parte es quizás la más explícita en el anhelo de alcanzar la justicia en la sociedad porque los cuentos agrupados en ella tocan el tema de la lucha social desde diferentes ángulos, pero podría haberse llamado así toda la antología, porque en toda la producción literaria de Skármeta está presente el “vuelo” de sus personajes hacia otra dimensión más humana, que representa un mundo más fraternal, un mundo mejor.

Skármeta declaró en una  entrevista que le hace Héctor González Jordán –periodista formado en la UNAM--, con relación a las tres últimas novelas que ha escrito: La boda del poeta (1999), La chica del trombón (2001) y una aún inédita, que estas tres novelas “pertenecen a una misma galaxia de sentimientos y preocupaciones, que son básicamente el lugar del individuo fraternal en un mundo muy frágil y vulnerable”. Esto también pudiéramos decirlo para toda su obra.

Las otras tres partes de la antología se refieren, en orden de aparición, a la problemática de la niñez o la adolescencia que debe enfrentar situaciones que ponen a prueba la afirmación de sus valores y su identidad, y donde se descubre el sexo y se disfruta del primer amor (El cuento con el joven); al emigrado que debe sobrevivir no sólo a la pobreza sino a la soledad, al desarraigo, la incomunicación y la nostalgia, que en los cuentos seleccionados tienen como marco geográfico y social los Estados Unidos, país donde Skármeta vivió por un tiempo, pero que prefiguran el verdadero exilio al que debe marchar el autor después de 1973 (El narrador en Norteamérica); y por último los cuentos de la experimentación y la fantasía, o de una estética independiente como “Mira donde va el lobo” (Ad libitum).

Estas cuatro agrupaciones que representan las cuatro temáticas y tendencias ideoestilísticas de la obra de Skármeta también se hallan presentes en mayor o menor grado en sus novelas y conforman todo su mundo narrativo. Un mundo que trataremos más adelante.

Esteban Antonio Skármeta Branicic nació en Antofagasta, en el norte de Chile, un 7 de noviembre de 1940, descendiente de una familia de emigrados dálmatas, de Croacia, país que perteneció una vez a la antigua Yugoslavia.

Antofagasta es un puerto de mar, al lado del gran desierto de Atacama. Skármeta ha confesado que este contraste entre la vitalidad incesante del mar, con un horizonte ilimitado, y el silencio sin vida del desierto, influyó en su sensibilidad y más tarde en su literatura. La vida y la muerte fundidas. La “eternidad de lo inamovible” y “lo frágil de la existencia”. En 1949, a los nueve años, su familia emigra a Argentina por problemas económicos. Allí vivían el padre, la madre, la hermana y él en un solo cuarto de una pensión, en la pobreza. A la edad de diez años tiene que comenzar a trabajar como repartidor de frutas de un almacén. Su familia regresa a Antofagasta en 1951 y se establece después en Santiago de Chile. Son años felices, en los que con sólo quince de edad vive una bohemia nocturna, basketball, lecturas académicas y de mucha literatura norteamericana: Sallinger, Hemingway, Faulkner, Saroyan, Norman Mailer, etcétera. Y la música popular, las muchachas y los viajes por Chile y América Latina a dedo o como titiritero que hacía colectas después de las funciones. Su humor e ironía presentes en toda su obra tiene que ver con su autobiografía: exceso de cariño familiar y unos padres con mucho sentido del humor.

La década de los sesenta es tan prodigiosa para Skármeta como para el mundo. Se gradúa de Filosofía y Letras en la Universidad de Chile y también hace estudios de Dirección Teatral, de hecho dirige el grupo teatral de la Facultad de Filosofía y en 1963 recibe el premio a la mejor dirección en el festival nacional de teatro de Viña del Mar. En la Columbia University de New York obtiene el master of arts  con una tesis sobre Julio Cortázar. Siendo profesor de literatura y de filosofía, dirige talleres literarios, traduce para editoriales, del inglés al español, obras como An American Dream, de Norman Mailer, Visions of Gerard, de Jack Kerouac, The Pyramid, de William Golding, The Last Tycoon, de F. S. Fitzgerald, entre otros; escribe para revistas de literatura, cine y arte,  y publica dos de sus libros de cuentos más importantes: El entusiasmo (1967) y Desnudo en el tejado (1969), por el que recibe el premio Casa de las Américas. Cinco cuentos del primer libro (“La cenicienta en San Francisco”/ “El joven con el cuento”/ “Nupcias”/ “Relaciones públicas”/ “Mira donde va el lobo”) y los siete que integran el segundo (“El ciclista del San Cristóbal”/ “A las arenas”/ “Una vuelta en el aire”/ “Final del tango”/ “Pajarraco”/ “Basketball”/ “Desnudo en el tejado”) se incluyeron en esta selección de veinte cuentos. Les seguirían Tiro libre (1973), del que están incluidos cuatro cuentos (“Pescado”/ “Primera preparatoria”/ “Balada para un gordo”/ “El cigarrillo”), y El ciclista del San Cristóbal (1973)  que repite ocho cuentos de sus libros anteriores. En 1975 publica Novios y solitarios, del cual están presentes en esta antología los cuatro cuentos nuevos que incluye (“De la sangre al petróleo”/ “La pareja”/ “La llamada”/ “Hombre con el clavel en la boca”), pues también reproduce íntegro el libro Desnudo en el tejado, más cuatro cuentos de El entusiasmo.

Diez años después, en 1985, publica No pasó nada y otros relatos, donde recoge tres cuentos de Novios y solitarios, y el relato largo que le da título, que se basa en el cuento “Relaciones públicas”, aparecido en 1967, pero con un desarrollo mayor y en otro escenario, Alemania.

Hasta aquí su cuentística,1 ya que en 1998 publica La composición, que se considera un relato largo destinado a los niños.

Una cuentística con un mundo narrativo en el que están presentes el humor y la ironía como los lentes por los que se mira; un humor que desemboca en la ironía, “lo que puede ser una definición de mi estilo, que es este juego irónico con los personajes y la complicidad irónica con el lector” (A. Skármeta: en El mundo es una invención, entrevista de Héctor González Jordán citada más arriba, aparecida en www.etcetera.com.mx/1999). También el silencio que lleva en sí la necesidad de comunicación de sus personajes, de la interrelación con el otro. El deporte y el viaje como motivos recurrentes, el uno como competencia del individuo consigo mismo, en paralelismo con el esfuerzo que debe hacer el personaje para obtener un escalón superior en su desarrollo como individuo, en el alcance de la meta que supone todo deporte y del éxito en su realización; y el otro como factor en una decisión que implica un cambio de vida o proceder, y también como pérdida de las raíces, nostalgia en un mundo al que no se pertenece. Por otra parte, la ciudad es el escenario natural por donde se mueven los personajes de Skármeta, pero casi siempre aparece el mar, inundando con sus olas saladas las miradas, un mar muy nerudiano, muy chileno, en su presencia sobrecogedora y su aliento vital.

Para hablar de la sicología y el lenguaje de los personajes en Skármeta, debemos remitirnos antes a la generación literaria anterior, con escritores como José Donoso y Jorge Edwards, que describen la vida decadente de la alta burguesía chilena, y a un autor peculiar, Carlos Droguett, que denuncia los males de su sociedad con un lenguaje innovador; pero también a la gran tradición literaria de su país con nombres rutilantes como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra. Llamo la atención sobre el hecho de que estos últimos escritores son poetas, no obstante tuvieron una influencia en la narrativa chilena del post-boom, a la que pertenece Skármeta, en su profundo humanismo y en el trabajo con el lenguaje: “He leído decenas de veces este libro [Veinte poemas de amor y una canción desesperada], lo he manoseado mil noches memorizando versos para asestarlos al lóbulo de alguna amiga, y he aprendido su trama estructural y estética para enseñarlo en universidades.” (A. Skármeta: “Los amores de Neruda”, en El Mundo, 8 de septiembre de 1998.) Los personajes de Skármeta no son los representantes de una decadencia familiar o social, como en Donoso, sino que están llenos de una fuerza vital interior y se caracterizan por su rebeldía ante las normas y convencionalismos de una sociedad hipócrita en los valores que ostenta, sin necesidad de explicitarlo, sino sencillamente actuando de manera diferente como  consecuencia lógica de sus propios mundos interiores. Es la época de la música rock y del arte pop, de los hippies. Es la época del boom latinoamericano con Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Juan Rulfo. Deudores como Skármeta de la literatura norteamericana y del realismo mágico que iniciara el cubano Alejo Carpentier, aunque ya el realismo de Skármeta se aparta de esta vertiente y pudiéramos llamarlo un realismo de la cotidianidad.2 Es la época de la Revolución cubana, cuya huella en la historia viva de Latinoamérica, en el imaginario de lo mejor de la intelectualidad latinoamericana y mundial, quedaría indeleble para el porvenir: “Cuba lleva adelante el proceso revolucionario, atrae la atención del mundo sobre Latinoamérica (y de paso sobre su literatura), cuestiona la imagen de nuestro continente como pasivo granero de materias primas para los países desarrollados, y más que nada, opera como detonante en la conciencia de la realidad de los jóvenes que aprender a ver por primera vez Latinoamérica y ya no sólo las arduas fronteras de sus países.” (A. Skármeta: “Al fin y al cabo, es su propia vida la cosa más cercana que cada escritor tiene para echar mano.” En Más allá del Boom, Marcha Editores, México, 1981. También en Working Papers of the Wilson Center: workshop on “The Rise of the New Latin American Narrative, 1970-1975”, october 18-20.)    

Tanto Skármeta como sus personajes son hijos de los gloriosos sesenta. El lenguaje es desencartonado, coloquial, con elementos de la jerga citadina, e influido por la lírica; el narrador es casi siempre el propio protagonista, por lo que el ángulo de visión es el de la primera persona. Incluso tenemos la impresión de que el autor en muchos casos es el protagonista del cuento o la novela, y hasta escoge sus nombres “Antonio” o “Esteban” para nombrar el personaje, en un acto, tanto infantil de juego “a que soy...”, como desinhibitorio y desenmascarador del ocultamiento que los escritores hacen de su propio yo cuando plasman sus vivencias, sus experiencias en lo que escriben: “Al fin y al cabo, es su propia vida la cosa más cercana que cada escritor tiene para echar mano.” (Antonio Skármeta: ob. cit.)

En la vida de Skármeta es imposible dejar de mencionar dos hechos muy significativos: el triunfo de la Unidad Popular con Salvador Allende como presidente de Chile en 1970, que era el mundo propicio y hacia el que desembocaban los personajes de su cuentística, y el posterior golpe de estado por Augusto Pinochet en 1973, que significara la muerte, la desaparición y el exilio de tantos chilenos, entre ellos Skármeta, que abandona su patria en 1973 para no regresar hasta 1989, cuando ya Pinochet debe abandonar la presidencia. Incluso Skármeta ha dicho que su estilo sufrió un cambio en el exilio: “De repente, en el exilio perdí algo muy esencial para un proyecto literario: hablarle a mi tribu. Me sentía como representante de una tribu, como un portavoz de jóvenes desordenados, rebeldes, que querían cambiar el lenguaje, que querían cambiar el mundo [...]. La situación de desprenderse de ese contexto que te aporta significados, por estar en tu propio país, en tu propia cultura, te hace descubrir que las formas clásicas de expresión son más eficientes, en el sentido que es mejor una selección de imágenes, de historias, de montajes de las situaciones, que simplemente bullir en un flujo donde uno busca más el ritmo y la sensación que la idea y la belleza de la expresión.”(El mundo es una invención, entrevista ya citada anteriormente.) Otro hecho importante que debe ser mencionado es el triunfo de la Revolución sandinista en Nicaragua, en 1979, que motivara la novela y la película La insurrección.

Su novelística participa en rasgos generales de las mismas características apuntadas para sus cuentos. Ya en 1973 escribe Soñé que la nieve ardía, le seguirían La insurrección (1982), Ardiente paciencia (1983), Match ball (1986), aparecida también con el nombre La velocidad del amor. 3  No es hasta 1999 que publica otra novela, La boda del poeta, que provocó una verdadera batalla entre diferentes editoriales para obtener sus derechos de publicación, y la más reciente, La chica del trombón (2001), más otra que está inédita esperando a que los editores le digan cuándo es apropiado publicarla, según declaraciones del propio Skármeta. Al mismo tiempo que escribe las novelas hace guiones para la radio y el cine, muchos de ellos surgidos de sus propias novelas, como son La insurrección, dirigida por Peter Lilienthal, y Ardiente paciencia, en realidad interrumpida como novela antes para hacer el filme, que dirige el propio Skármeta –donde también actúa--, merecedora de numerosos premios internacionales, aunque la fama mundial le llegara por la adaptación que de ella hiciera el director inglés Michael Radford, Il postino (El cartero). Pero Skármeta es un hombre multifacético: titiritero, profesor universitario de filosofía y literatura, también de dramaturgia y guiones, traductor, director y guionista de cine, de radio, director de teatro, conferencista, colaborador de revistas y periódicos en numerosos países, ensayista sobre literatura, cine, teatro, política y cultura, aficionado a la hípica con un caballo perdedor de nombre Malagón, embajador de su país en Alemania, ha sido también el gestor, guionista y moderador-actor del famoso y muy premiado programa de televisión El show de los libros. Recientemente en el 2001 salió en el suplemento del diario español El Mundo un cuento por entregas, “Protagonistas”. Y es público que prepara su próximo libro, posiblemente con el título Insomnio, la historia de un niño que no quiere dormirse por temor a sus propias fantasías.

Me imagino a Antonio Skármeta escribiendo una novela, enfrascado en desarrollar el destino que reclama para sí alguno de sus personajes, amplias ventanas dejando pasar la luz, mientras un gato, quizás  de nombre Lucas, se le aposenta encima de los papeles. Adormecido, comienza a soñar que sube el cerro San Cristóbal, en la misma bicicleta que usó su personaje, pedaleando, pedaleando, pedaleando contra el viento y los años, para llegar finalmente a la cima, sudoroso, exhausto, y contemplar desde allí la impresionante vista de su ciudad.

Notas

1 El cuento infantil “La mancha” no lo he encontrado en ninguna de sus antologías, como tampoco “Todos enamorados, menos yo”, a no ser que aparezcan en la antología Uno a uno. Cuentos completos, Sudamericana, 1995, que no he podido consultar en Cuba. Asimismo “Protagonistas”, del año 2001.

2 Al respecto Skármeta ha declarado: “Ésta es mi discrepancia, si se pudiera decir, tanto con el realismo como con lo que podríamos llamar realismo mágico. Para mí lo real es una tensión hacia otra cosa. Para ponerlo de un modo esquemático y rudo, diría que exactamente somos lo que somos pero más que ser lo que somos, somos lo que queremos ser.”  Entrevista de David Hernández,  aparecida en www.librusa.com/entrevista_skarmeta.htm.

3Estas fechas me fueron dadas por el propio autor. No coinciden con las de las ediciones consultadas: Soñé que la nieve ardía, Planeta, Barcelona, y Casa de las Américas, La Habana, 1975; Ardiente paciencia, Sudamericana, Buenos Aires, 1985 y Match ball, Sudamericana, Buenos Aires, 1989.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR




© La Jiribilla. La Habana. 2003
 IE-800X600