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TARDE DE POESÍA BAJO EL LAUREL DEL PATIO GRANDE
 
Orlando Luis Pardo Lazo | La Habana
Fotos :
Iván Soca

 

El Patio de la Poesía, plazoleta circular bajo la sombra de un laurel sobrecogedor, inició a las 3:00 pm sus actividades vespertinas correspondientes al miércoles 5 de febrero de 2003. En esta ocasión, se trató del lanzamiento de los más recientes títulos publicados en la Colección Poesía de la Editorial Letras Cubanas.

La poeta Olga Lidia Pérez, conductora habitual de este espacio, tras dar la bienvenida al numeroso público (cerca de un centenar de personas: muchos en las originales sillas de poliespuma y otros tantos de pie), presentó tanto a los autores de los libros como a sus correspondientes presentadores. Los tres títulos en cuestión, según el orden de presentación, fueron: Sobre la naturaleza de los mortales, de Andrés Mir (Moscú, 1966), Himnos urbanos, de Javier Marimón (Matanzas, 1975) y Agualuna del otoño, de José Luis Moreno del Toro (Holguín, 1943) –en la actualidad todos residentes en Ciudad de La Habana, la capital del país.

Las palabras de presentación estuvieron a cargo, respectivamente, de los también poetas Antonio Armenteros, Basilia Papastamatiu y Waldo Leyva. Un cuarto volumen de poesía, Libro del invierno, de Roberto Méndez, no alcanzó a ser lanzado en esta ocasión por indisposiciones personales del presentador anunciado (Sigfredo Ariel), según lo explicó al inicio Basilia Papastamatiu.

Tanto Armenteros como la propia Papastamatiu leyeron sendos textos que definieron la postura de ambos ante el material poético que les correspondió introducir. El texto de Armenteros, titulado Materias divergentes, hizo un recorrido por las influencias literarias comunes que apuntalan tanto a la creación de Andrés Mir como a la suya propia, mientras que en las palabras leídas por Basilia se intentó una temprana validación de los Himnos urbanos, libro que –según su opinión– “transita zonas inexploradas de la literatura y la realidad”, pues su autor (hijo del ya fallecido poeta matancero Luis Marimón) “no se conforma ni resigna a aceptar los cánones y discursos vigentes”.

Por su parte, Waldo Leyva improvisó una emotiva charla sobre su relación personal con José Luis Moreno del Toro y la evolución poética del mismo, desde su primer libro (Va... Pue... Poemas casi nicaragüenses, 1983) hasta el último (Cántigas salvadas, 2000), obra total que es antologada en el volumen presentado en esta ocasión.

A continuación, cada poeta procedió a leer algunos de los textos incluidos en sus libros, así como a compartir las impresiones de la jornada. En especial, Moreno del Toro se regocijó de que “la poesía sirviera también para reunirse entre amigos poetas más allá del conceptualismo de las generaciones”.

Toda vez iniciada la venta de estas novedades de la Colección Poesía de la Editorial Letras Cubanas (incluido Libro del invierno), cuyos precios oscilan entre ocho y diez pesos nacionales y desde ya pueden ser adquiridos en la librería principal de la Feria. Una avalancha de lectores rodeó tanto a poetas como a presentadores durante casi un cuarto de hora para obtener los respectivos autógrafos, al tiempo que retumbaba el cañonazo vespertino de la Fortaleza de la Cabaña, y la plazoleta iba siendo habilitada para la siguiente actividad: una lectura poética de los ganadores absolutos del Premio Nosside Caribe 2002.

Continuaba así una muy especial tarde de lírica bajo el laurel del Patio de la Poesía, locación que remite a aquellos hermosos versos de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, quien en su poema Los dos príncipes nos regaló para siempre la sobrecogedora imagen de un laurel –¿otro o acaso el mismo?– sembrado en el patio grande.

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