| LA JIRIBILLA |
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PALABRAS EN LA PRESENTACIÓN DE CICATRICES EN LA
MEMORIA Cuando la editorial Capitán San Luis me propuso incorporarme a este proyecto, por una de esas asociaciones, cuyo origen nunca tendremos totalmente claro, recordé una anécdota que tiene como centro a Pablo Picasso. Quizás, navegando en la discursividad, la anécdota haya cobrado otras aristas, quizás la savia anónima de una apasionada tradición la haya perfeccionado, pero así es como la sé y como me impresiona. Dicen, pues, que un militar franquista penetró abruptamente al local donde Picasso concluía el famoso “Guernica” y, escandalizado, vociferó; “¿Quién hizo esto?” Picasso, sereno, aseveró; “Ustedes”. Incorporarse al proyecto de Cicatrices en la memoria era un acto sobre todo ético. No se trataba de escribir contra el terrorismo de manera general, abstracta, sino de recordar hechos concretos, hechos que con puntualidad sobrecogedora han marcado la historia de Cuba por más de cuarenta años. No intentaré una definición sobre el terrorismo ahora, como no la intenté en mi cuento, porque hay cosas que por inexplicables y monstruosas, nunca acabamos de definir; es como si las palabras, debiendo poder con ellas, se negaran a englobarlas. Me puse a escribir a sabiendas del riesgo, y todavía me pregunto si los seres más cercanos a los protagonistas del caso que escogí condescenderán a pensar que les he hecho justicia, una mínima justicia desde el arte. Otra cosa sabía: que no hay artistas o escritores al margen de sus circunstancias, de sus pueblos. De modo que no me importó trabajar sobre un tema facilitado por otros, sobre una idea que, en apariencia, no me pertenecía. Si Martí, en sus famosos párrafos sobre los poetas de la Guerra de Independencia, dice que rimaban mal, pero morían bien, ahora debíamos posponer el forcejeo con la obra propia y hacer de esta obra algo también importante. El talento, en caso de que se tenga, no se guarda para egoístas ocasiones protocolares. El humanismo, esencia del arte y, por tanto, de la ficción literaria, tampoco es una idea donde acomodarse, pensando que nunca nos tocará demostrarlo. El terrorismo, para nosotros, no es algo condenable a distancia, no es virtual. Recuerdo que en el día aciago de la bomba en el hotel Capri, una de varias que estallaron en La Habana, yo estaba en Coppelia con mis hijos, y la explosión a unas pocas cuadras primero y después la gente que pasaba con la noticia, nos hicieron estremecernos de pensar que cualquier hijo de cualquiera de nosotros hubiera podido encontrarse allí. Era una sensación amarga, un denso prever la muerte: una vez más la muerte de inocentes cubanos. El libro que hoy presentamos —un libro que se pensó y se hizo en un plazo brevísimo, si se tiene en cuenta su concepción— es un homenaje a todo aquel que haya sufrido el horror del terrorismo, en Cuba y en cualquier otra parte, pero, sobre todo, un gesto de la memoria para con nuestros compatriotas. Es un documento desde al arte. Si la literatura de circunstancias es necesaria, y yo creo que sí, mucha de la recogida en Cicatrices en la memoria debe ser recordada como un ejemplo de seriedad y compromiso. El resultado pertenece también a la editorial Capitán San Luis, cuyos editores insistieron desde el inicio en que no deseaban que eslabonáramos alegatos exaltados a favor de nuestras ideas, pues si bien estos, en otros casos, resultan eficaces, la opción literaria, claramente ficticia, se rige por otros códigos. Trabajamos, pues, desde la literatura y aquí están los resultados: una breve satisfacción, pues jamás nos pensamos espectadores, sino parte del todo que es la Patria.
La Habana, 31 de enero de 2003. |
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