LA JIRIBILLA

PALABRAS EN LA PRESENTACIÓN DE CICATRICES EN LA MEMORIA
 
Varias generaciones de escritores y artistas plásticos se dan la mano en la realidad convocada en sus páginas, hombres y mujeres que saben que ellas son, sin consignas vacías o rudos maniqueísmos, en su más íntima resonancia, ideas que se siembran, conciencia que se alimenta a través del arte más genuino.


Eduardo Heras León  |
La Habana

 

Querido Comandante

Estimados amigos:

Siempre he pensado que una de las cualidades imprescindibles para el trabajo editorial, es esa intuición, ese sexto sentido que tiene el verdadero editor, cuando se enfrenta a un libro o a un proyecto, y tiene la certeza (que le llega no sé por qué vías, sensoriales, mentales, espirituales) de que está ante algo valioso. Hoy, enriquecido por la inolvidable experiencia de haber contribuido a hacer realidad uno de los más hermosos proyectos de mi vida como editor, pudiera añadir que ese sexto sentido debe complementarse con una actitud: la de enfrentar cada nuevo libro como un verdadero desafío.

Porque eso fue desde su origen este libro que hoy presentamos: desde la magnífica idea inicial de la Editorial Capitán San Luis, de acercarse al tema del terrorismo desde el fructífero campo de la literatura y su confianza en que el tratamiento artístico más que diluirlos, potenciaría sus efectos sobre el lector; hasta la entusiasta aceptación de un grupo de escritores que sintieron que alguno de los ángulos del tema tocaba sensiblemente la misteriosa zona de la creación artística. Solo quedaba entonces despertar la magia de la palabra que es el desafío esencial del escritor.

Y así, fueron cobrando vida nuevamente, extraídos de la memoria colectiva del pueblo del que formamos parte, primero como sombras queridas, luego como páginas entrañables de nuestra propia historia, hombres, mujeres, barcos que explotan, tiendas que se incendian, educadores asesinados, niños que separan de sus padres, sórdidos atentados, aviones que estallan, virus mortales que se introducen, cuadros que se queman, un niño símbolo que secuestran, cinco héroes encarcelados: cada texto un nuevo desafío; cada desafío vencido, una victoria del arte sobre el terror.

Acudir a nuestros artistas plásticos más que una idea propia, fue una necesidad del libro: el arte de muchos de nuestros más destacados pintores enriquece estas páginas, haciendo más imperecedero su mensaje para el mundo.

Así fue tomando forma este libro, alimentado por nuestra pasión de creadores y editores. Fue el trabajo colectivo de un equipo que tuve la alegría de presidir con amor, que es, como afirmara José Martí, la única ley de la autoridad: la editora Asunción Rodda, eficaz, experimentada y acuciosa; los realizadores Viviana Fernández y Julio Cubría que no conocieron el descanso y Rafael Morante, uno de los más notables diseñadores del ámbito editorial, de un profesionalismo que roza la perfección, y a quien se deben muchos de los aciertos de este libro.

Varias generaciones de escritores y artistas plásticos se dan la mano en la realidad convocada en sus páginas, hombres y mujeres que saben que ellas son, sin consignas vacías o rudos maniqueísmos, en su más íntima resonancia, ideas que se siembran, conciencia que se alimenta a través del arte más genuino.

Y termino mi presentación como editor, a la manera de los editores del siglo XIX.

Amigo lector: aquí está Cicatrices en la memoria. Enfrenta su lectura también como un desafío: el de una nación que ha sabido restañar sus heridas y cuida sus cicatrices como recuerdos vivos. Cuando lo leas, no lo eches a un lado. Haz como quería Martí: caliéntalo a la llama saludable del frío de estos tiempos dolorosos, para que también nos acompañe en la larga tarea de este pueblo que está de pie sobre la tierra, apretados los labios, desnudo el pecho bravo y vuelto el puño al cielo, demandando a la vida su secreto.

Gracias. 

La Habana, 31 de enero de 2003
 


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