| LA JIRIBILLA |
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TÁNTALO FRENTE AL ESPEJO
En la pintura de Montoto, como en el cine de Bresson, lo
representado es solo un complemento de lo ausente.
Ilusión, fragilidad y silencio. Al igual que en Chirico
y cierto Víctor Manuel, en Montoto las cosas están
sumidas en un silencio, mas no onírico, como en el
italiano, ni nostálgico, como en aquel que Lezama llamó
“la persona menos concupiscible que he conocido”, sino
en ese silencio en el que, en frase de San Agustín, “el
alma recuerda, presta atención y espera” entre
fragmentos escapados de la duración, trazos de una
caducidad, testimonios de lo roto. En el vientre de la
más pulposa guayaba se adivina el gusano que la roe.
Cada plinto, cada alféizar, cada umbral y cada escalón
dan al abismo, pues estos cuadros son retratos de
frontera y nos hablan de una crisis, pintura del afuera,
de lo que quedó olvidado o se perdió en un mundo
exterior. Lo visible está en peligro, alejado de la
seguridad del oscuro adentro, a merced de las miradas.
Poseer estos objetos, expuestos en un espacio donde se
cruzan la mirada del espectador y la del ojo de adentro,
será poseer algo de sus dueños, sustraerlos a la
ventana-ojo oscuro que no podemos descifrar, sin
embargo, nos mira. |
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