LA JIRIBILLA

AL TIBIO AMPARO DE LA 314
 
La presentación de El Caimán fue una peña. Los comentarios sobre los textos  de esta edición, estuvieron sabrosamente sazonados por las canciones de William  Vivanco, Eduardo Sosa y Tony Ávila. Tenía usted que haber estado allí para gozarlo. Lo que le cuento no fue ni liviano, ni estirado.


Bladimir Zamora Céspedes |
La Habana

 

A las cuatro de la tarde, en contra de todos los pronósticos de quienes nos apostrofan de  impuntuales, iniciamos la presentación  de la  edición  número 314 de la revista El Caimán Barbudo. En el intenso enjambre de la Feria Internacional del Libro de La Habana, el fetecún –como ya estaba denominado–, creo sinceramente que fue uno de los más animados momentos.

En la antigua capilla de la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, ante un copioso público, Fernando Rojas dando su más reciente prueba de seriedad, leyó su opinión sobre este número, haciendo palpable que esta publicación sigue siendo fiel a su propósito de ser la revista de la juventud nuestra. Porque está atenta a las cuestiones más inmediatas de los noveles creadores y se empeña en alumbrar noticias del quehacer cubano fuera de los límites territoriales de la Isla. Y también repartiendo noticias de lo que sucede, en materia de cultura, en los cuatro puntos cardinales. Son de particular importancia en esta edición, los trabajos de Edel Morales (De Files) y de Enrique Ubieta (La verdadera lección de Guadalajara), que dan fe de la presencia cubana en la recién sucedida Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Aparecen también trabajos de acercamiento a la relación entre Heredia y Martí y dos páginas con poemas del cienfueguero Camilo Venegas. Y sabiendo que desde diciembre, hasta hace muy pocos días estuvo la capital cubana llena de conciertos de los muchachos de Habana Abierta, la revista está llena de crónicas y reflexiones sobre estos acontecimientos.

La presentación de El Caimán fue una peña. Los comentarios sobre los textos  de esta edición, estuvieron sabrosamente sazonados por las canciones de William  Vivanco, Eduardo Sosa y Tony Ávila. Tenía usted que haber estado allí para gozarlo. Lo que le cuento no fue ni liviano, ni estirado.  Estuvo El Caimán, como desde sus principios, humedecido por canciones de altura y palabras serias sobre su proyecto editorial. Y lo que es la mayor grandeza, rodeados de un público devoto, que acepta y reclama.
 


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La Habana. 2003
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