LA JIRIBILLA

LA ISLA DE VERDAD
 
Para llegar a Cuba —explicó él— cualquier otra persona tendría que navegar en aquella dirección —y entonces apuntó hacia una zona del horizonte—; pero si soy yo el que quiere llegar a Cuba, da igual hacia donde navegue. En cualquier dirección que lo haga siempre llegaré porque Cuba está en todas partes.


Bladimir Zamora Céspedes |
La Habana

 

Este lunes por la tarde,  la Editorial Letras Cubanas hizo la presentación de uno de los géneros más esperados por los miles de asistentes a la Feria Internacional del Libro de La Habana: la novela.  Fueron cuatro títulos: La isla del cundeamor, de René Vázquez Díaz, Hagiografía de Narcisa la bella, de Mireya Robles, La mujer sentada, de Efraín Rodríguez Santana y Al final de la senda, de Yoss. 

Menos Mireya Robles, todos los autores estaban en la Sala Alejo Carpentier, junto a sus presentadores. Pero, sin duda, lo que más agradece el público lector, además de llevarse los correspondientes ejemplares, son esos pocos minutos en que los escritores cuentan, con gracia y nerviosismo, algunas claves, o lo que ellos creen que son algunas claves de sus obras.  Incluso el libro de Yoss, perteneciente a los terrenos de la ciencia ficción, tendrá que ver con Cuba y los demás entran con elocuencia en la Isla como predicado central. 

La mujer sentada, afirmó Teresa Fernández, es de esmerada factura y honda sustancia temática, que debe cuanto antes estar al alcance de públicos foráneos, para que tengan noticias de una nueva narrativa cubana de más elevado rango estético que otras muchas obras que, a fuerza de ser escritas por cubanos, y a veces por razones extraliterarias, causan sensación en el mercado. 

Hagiografía de Narcisa la bella, está escrita por una cubana residente en Miami, que quiere a fuerza de imaginación y retazos de su memoria infantil, rescatar la ciudad de Baracoa de los años cuarenta que le es indispensable para andar. 

Muy especial impresión causó la presencia de René Vázquez Díaz, en ocasión de publicarse por primera vez en nuestro país una novela suya. 

Este hombre nacido en Caibarién, que lleva treinta años en Suecia, dio a conocer en el idioma de ese país La isla del cundeamor, en 1993. 

El editor de la novela en Cuba, Rodolfo Zamora y la profesora Sonia Almazán, avisaron a los presentes de la sabrosura con la cual René escribió esta obra que se desarrolla en Miami, mostrando las aspiraciones, los desgarramientos, las ansias de volver, la indolencia de los que no se reconocen como parte de la Isla. El complejo mural de los cubanos que viven en esta ciudad estadounidense. 

Con visible emoción Vázquez Díaz declaró, desde su voz sencilla, la irrefutable pertenencia a Cuba. Su siempre estar entre su más elevado verde y de los más tentadores olores de sus frutas, aunque la nieve de sus largos años le haya llegado hasta el cuello. Quiso dar muestra de que entre su novela La isla del cundeamor y su propia vida, o los más caros valores, hay una franca relación y nos contó el pasaje donde Nicotiano se pasea en yate con una bella negrita norteamericana llamada Mary: 

—Nicotiano, ¿dónde está Cuba?

— ¿Cuba?

— Sí, desde aquí, si quisiéramos llegar a Cuba, ¿hacia dónde tendríamos que enfilar?

Nicotiano no contestó de inmediato. Miró la calma chicha y el cielo de nubecitas dispersas, intensamente blancas, y después miró la cara lindísima de su compañera, sus ojos vivaces y la boca que lo arrebataba.

—Tú eres mi compañera —y al dar la respuesta aparentemente sin ton ni son, fue como si mendigara un beso.

Ella captó la petición y él recibió el sabor de aquella lengua  que lo hizo sentirse hombre hasta en la punta de los pelos.

—Cuba está en todas partes —dijo él.

—No te hagas el tonto. Si quisiéramos llegar a Cuba — insistió ella—, ¿hacia dónde tenemos que navegar?

Y al decir esto invocó varios caminos posibles hacia puntos ignotos del horizonte:

¿Por aquí, por allí, por allá?

—Para llegar a Cuba —explicó él— cualquier otra persona tendría que navegar en aquella direccióny fue ahora él quien apuntó hacia una zona del horizonte—; pero si soy yo el que quiere llegar a Cuba, da igual hacia donde navegue. En cualquier dirección que lo haga siempre llegaré porque Cuba está en todas partes.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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