|
PARA AÍNSA,
EL APASIONADO AGRADECIMIENTO
“Qué curioso sentirse
apasionado ante un libro que mueve a la tranquila
lectura de alcoba, donde las ideas puedan desarrollarse
con libertad, y sin el bullicio y el estrés de la
cotidianidad”, aseguró el poeta Virgilio Lòpez Lemus,
presentador de El imaginario latinoamericano, de
Femando Ainsa.
Virgilio López Lemus
|
La
Habana
Con toda
seguridad, todos los aquí presentes saben que Fernando
Aínsa dirigió por muchos años las ediciones de la UNESCO
en París. Más de una decena de los aquí presentes han
leído lúcidos ensayos suyos. Todos sabemos que hoy por
hoy su nombre figura entre las personalidades capitales
del ensayismo cultural latinoamericano y que es
un narrador de muy justa valía. Entro al oficio de
Perogrullo al pronunciar unas palabras que no pueden ser
sino de elogio, de elogio admirativo, puesto que siento
por la persona y por la obra de Femando
Aínsa una
entrañable identificación de ideas. Leyendo sus libros,
observo que me hubiese gustado ser yo el autor de tanta
brillantez, si la naturaleza me hubiese hecho un
Fernando Aínsa. Sin apartarse del ensayo de erudición,
incluso académico por momentos., él logra hacer arte de
la palabra en un género demasiado transitado hoy por el
docentismo, el academicismo cerrado, la tesis refundida,
o el periodismo superficial haciéndose pasar por crítica
literaria. Aínsa es un maestro del ensayo porque supo
dirigir su mirada a los maestros anteriores., llámense
Erasmo en Europa o Rodó en América, o José Martí, quien
dijo que le gustaba la palabra de aquellos que no inflan
tomeguines para que parezcan águilas.
El ensayo de Fernando
Aínsa goza de la dimensión del buen arte de la palabra
en un género que sobre todo transporta ideas, juicios,
opiniones, análisis... Arte de la palabra, porque la
prosa juega con la imaginación, se explaya en la alegría
de la inteligencia y decide una seriedad de estudio nada
divorciada de la belleza expositiva.
Fernando Aínsa es
mucho más que un crítico literario cuando ejerce la
crítica literaria. Su manera de abordar la ficción
carpenteriana, el mundo barroco lezamiano, la gracia y
el sesgo magistral de los autores del Sur americano,
constituyen lecciones de buena crítica expositiva y
desentrañamiento radical de los procesos identitarios
que tales autores y obras representan.
De modo que me siento
muy privilegiado con haber prologado este libro
excelente, este cúmulo de ideas incitantes, no
divorciadas de la mejor polémica, que consiste a mi
juicio en presentar la originalidad del pensamiento
personal, sin menoscabo, ofensa o faltas de eticidad
sobre la persona o el pensamiento ajenos. Aínsa no se
halla detrás de las modas epocales de algunas de las
llamadas ciencias de la literatura. Por supuesto que
tiene un dominio certero de los métodos de análisis
generados en los círculos rusos, praguenses, franceses o
norteamericanos. Pero él desarrolla su propio método
advierte que en su mundo latinoamericano hay pensadores
y tradición de pensamiento suficiente, quiere hacer y
ser desde nuestra América un perfilador identitario, no
un copista de la última de las tendencias, o de los casi
siempre penúltimos hitos de las metrópolis del
pensamiento mundial. Su modo de asumir la
anticolonización subterránea consiste en ser él cuando
genera ideas, expone criterios acerca de obras,
movimientos creativos, e identidades de nuestras tierras
fecundas. Aínsa no es un eco de ideas, sino un altavoz
de lo mucho que tiene por decir. No infla tomeguines, al
decir martiano. No llama a engaño a su lector,
encubriendo con formalismos universitarios carencias
esenciales de contenidos analíticos o críticos. Antes
bien, su exposición clara, de buena prosa, sin regodeos
de oscuridades donde no debe haberlas –porque el suyo es
un género diferente a la lírica–, conduce a una
comunicación esencial, definida y abierta de su
abundante ideario.
Este es el primer
libro que se edita en Cuba de esta figura cada vez más
respetada en los círculos del idioma. Y no se edita por
darnos el lujo de hacerlo, si bien es un lujo hacerlo,
sino para entrar en contacto más directo y lograr que se
conozca mas esencialmente una parte de la obra crítica
de un hombre que no solo nos ofrece su amistad, sino
también el deseo vehemente de que aquí y ahora lo
leamos.
La editora Isabel
Fernández puso su corazón junto a su experiencia
de valiosa profesional. La Editorial Arte y Literatura
abrazó de inmediato la idea de publicar este libro. El
ministro de Cultura Abel E. Prieto –que Obbatalá y la
Revolución conserven por más tiempo en tal cargo–, se
entusiasmó de inmediato ante la posibilidad de dar la
luz de imprenta a este libro en Cuba. A todos, y
especialmente a Fernando Aínsa, doy las gracias de una
manera apasionada. Y qué curioso, sentirse apasionado
ante un libro que mueve a la tranquila lectura de
alcoba, donde las ideas puedan desarrollarse con
libertad y
sin el
bullicio y el estrés de la cotidianidad. Así,
apasionadamente, me leí este libro de Fernando Aínsa
para prologarlo. Les deseo a ustedes, a todo posible
lector cubano, una pasión semejante. Aplaudo con ustedes
a Fernando Aínsa y al movimiento del
libro
cubano.
Muchas
gracias.
|