LA JIRIBILLA

LA BANDA GIGANTE

Fina García Marruz
 

A Lichi, su cantor

La banda gigante, como los alones de su sombrero provocador al frente, quiere romper, inaugurar lo enorme. (Lo enorme, cariñosamente, brilla). ¡La banda gigante, como las ligas gigantes, el teipe en la pelota, el batazo en lo azul un descampado de Domingo! ¡La banda gigante, como la risa blanca del negro boxeador, como un knock out! ¡La banda gigante, como el volumen alto del radio pequeño que se enciende de golpe! ¡Escuchen, oigan, ese piano serio, del todo vaciado en la languidez, de lagos y desvaríos cómplices! ¡Escuchen, oigan, ese bajo absoluto, de pocas notas parcas, asombrosamente rítmicas, por las que irrumpe, estremeciendo, la paila, para celebrar a Generoso! Y su voz, su rara voz única, que saca toda afuera, con pureza de trompeta al mediodía, y “vuelve al nido” del corazón, su voz que jamás saca su intimidad de susurro o quejumbre sino de ese mismo “afuera” y “hasta afuera” del popular elogio, y desde allí nos dice nuestro secreto a voces, aún más hondamente, y en la cruda y mucha luz se esconde, destacándose oculta, desierta palma de intemperie. ¡Oye el clarín radioso, el gallo de la guerra, ondeando al aire! Silencio y bulla a un tiempo, oye el bullir, oye el clamor, sin queja. “! Qué bueno, pero qué bueno!” Marcha a la muerte, pero antes, enciende, mete ruido, alegra, huye. ¡Huyes! ¡Que no te vean morir! Flor cubana, patria mía.

UNA FOTO DE LOS AÑOS SESENTA

Camilo Venegas

Como todas las de esa época el gris se la ha ido comiendo,
Los rostros empiezan a dejar de verse
Y los trajes ya no tienen aquella fragancia,
Aquel encanto que los hacía relucir aun en blanco y negro.
Marta Valdés es muy jovencita y tiene un vestido nuevo,
Elena Burke está encerrada en unos espejuelos exuberantes
Y oscuros;
Y Benny Moré sonríe desgraciado,
Le queda tan poco en este mundo que hasta su propia voz,
Grabada en un disco del
¢44, le da tristeza.

Una mujer envuelta en enormes cuadros pasa delante de ellos
Y le tira un beso color bermellón al Benny.
Marta Valdés cierra los ojos y ve a Cuba
Sentada en un banco,
Echándose fresco con un abanico
Y esperando por las canciones que ella todavía tiene en mente.
Elena Burke sale de sus espejuelos oscuros
Y pide un trago que todavía es de Bacardí.
Benny Moré mira a la jovencita que tiene el vestido nuevo,
Sonríe otra vez
Y se va para el fin de la foto,

Para esa penumbra donde el gris se lo está comiendo todo.


OYENDO UN DISCO DE BENNY MORÉ

Roberto Fernández Retamar

A Rafael Alcides Pérez y Domingo Alfonso

Es lo mismo de siempre:
¡Así que este hombre está muerto!
¡Así que esta voz
Delgada como el viento, hambrienta y huracanada
Como el viento,
es la voz de nadie!
¡Así que esta voz vive más que su hombre,
Y que ese hombre es ahora discos, retratos, lágrimas,
un sombrero
Con alas voladoras enormes
y un bastón!
¡Así que esas palabras echadas sobre la costa plateada
de Varadero,
Hablando del amor largo, de la felicidad, del amor,
Y aquellas, únicas, para Santa Isabel de Las Lajas,
De tremendo pueblerino en celo,
Y las de la vida, con el ojo fosforescente de la fiera ardiendo
en la sombra,
Y las lágrimas mezcladas con cerveza junto al mar,
Y la carcajada que termina en punta, que termina
en aullido, que termina
En qué cosa más grande, caballeros;
Así que estas palabras no volverán luego a la boca
Que hoy pertenece a un montón de animales
Innombrables
Y a la tenacidad de la basura!
A la verdad, ¿quién va creerlo?
Yo mismo, con no ser más que yo mismo,
¿No estoy hablando ahora?

 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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