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LAS RAZONES DEL GENIO
Sin
proponérselo Benny Moré gestó una tendencia, por no
decir una escuela, en la creación e interpretación de la
música popular y bailable. Tendencia que hasta nuestros
días conserva el impacto de la contemporaneidad y la
fuerza de la tradición.
Jesús
Gómez Cairo
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La
Habana
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Cuando en 1953 Benny Moré funda en La
Habana su Banda Gigante, con la cual potenció definitiva
y multilateralmente todas sus dotes, era ya un músico
formado y poseedor de una vasta experiencia técnica,
musical y escénica, aun cuando esta tuviera un
fundamento nada académico.
Dicho de otro modo, Benny Moré conocía y dominaba
empíricamente, pero con extraordinaria profundidad y
riqueza, un conjunto de reglas, recursos y
procedimientos en los ámbitos del canto, la conducción
orquestal, suficientes elementos de instrumentación,
armonización y formas de estructurar la composición de
sus piezas, a las que unía aquella enorme intuición
creadora de la cual estuvo congénitamente dotado.
Resumir los rasgos descollantes del genio creador
popular en la figura de Benny Moré impone la
consideración de todas las aristas donde se manifestó el
encanto de su arte.
No fue un compositor prolífico, pero sus obras son
verdaderas joyas de los diferentes géneros que cultivó,
entre los que se destacan el bolero, el son, el montuno,
el mambo, la guaracha, el afro, el chachachá, la
batanga… En ellos supo conservar la enjundia de una
tradición en él arraigada y, a la vez, enriquecida con
pródiga imaginación.
El desarrollo que Benny Moré imprimió a la música
popular cubana se relaciona con su extraordinario genio
como cantante, manifiesto no solo en las obras propias,
sino también en las de muchos autores a los que
enalteció. Su sentido del canto partía de las cualidades
de cada género. Forma y contenido encontraban en su
interpretación la unidad ideal. Dotado de un amplio
diapasón vocal, supo descubrir los timbres y matices,
inflexiones e interjecciones adecuadas a cada frase, a
cada idea musical y literaria.
Las potencialidades de su voz parecían inagotables pues
en cada nueva pieza incorporada a su repertorio brotaban
nuevos recursos vocales expresivos. Fue el cristalizador
de un estilo de canto propio de la música cubana, que
consiste en jugar con el ritmo melódico sobre la base
rítmica y moverlo a placer sin socavar nunca el
fundamento métrico. De ese modo usó los más diversos y
sorpresivos figurados rítmicos en su melodía con
exquisito gusto y lógica musical.
Benny poseía un amplísimo oído armónico y tímbrico, lo
que le permitió concebir para su orquesta muy originales
combinaciones tímbricas, armonías renovadoras, complejos
pasajes polirítmicos en los bloques armónicos y otras
muchas filigranas logradas a partir de un sabio
tratamiento de la orquesta como un todo o por secciones.
Y ello sin que sus interpretaciones perdieran la
frescura y el desenfado del arte popular.
Hombre de naturaleza histriónica, Benny desarrolló
además formas de conducta escénica que hacían las
delicias del auditorio. Dirigía la orquesta mientras
cantaba, ostentando los más diversos procedimientos
escénicos: graciosos pasos de baile y movimientos
corporales de suma originalidad en los que incluía su
inveterado bastón. Luego, por momentos asumía la
gravedad de un director orquestal, adoptando en los
pasajes instrumentales poses que por su seriedad
contrastaban con las anteriores y sorprendían al
público.
Benny Moré dominó de manera tan intuitiva como
espectacular la técnica de comunicación escénica y
ciertas formas de la construcción dramatúrgica mediante
una gestualidad de inusuales efectos. Era poco menos que
imposible bailar con la música del Benny sin caer en la
tentación de observar al mismo tiempo lo que hacía sobre
el escenario.
El uso de ciertas vestimentas, en ocasiones lindantes
con lo estrafalario, pero que nunca dejaban de tener un
sentido estético, contribuía también a realizar sus
actuaciones. Y es que el factor escénico, tal como lo
empleaba Benny Moré fue consustancial a su arte, aún
cuando su singularidad de creador musical jamás dependió
de extravagancias ni de elementos extramusicales para
ponerse de realce.
Sin proponérselo Benny Moré gestó una tendencia, por no
decir una escuela, en la creación e interpretación de la
música popular y bailable. Tendencia que hasta nuestros
días conserva el impacto de la contemporaneidad y la
fuerza de la tradición.
Quizás por ello siga siendo objeto de la devoción de
muchos de los grandes músicos y artistas del hemisferio
y, sobre todo, de los públicos que lo escuchan día a
día, como si detrás de esas grabaciones alentara el
Benny, “El Bárbaro del Ritmo”, en toda la plenitud de su
presencia vital.
Fragmento del prólogo de
Ofrenda criolla. José Reyes Fortín, Editorial del
Museo Nacional de la Música, 2000. |