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REPUDIO UNIVERSAL A BUSH
SEGUNDO PODER: OPINIÓN MUNDIAL
Lisandro
Otero|
La
Habana
Las manifestaciones masivas que tuvieron lugar en todo
el mundo el pasado fin de semana son una demostración
palpable de que el rechazo a la política belicista de la
pandilla petrolera de la Casa Blanca se ha generalizado
de manera impresionante. Tras el atentado del once de
septiembre los provocadores pendencieros tomaron el
proscenio y lograron intimidar a todos. Sus voces
enardecidas y ultrajantes se escuchaban en todos los
escenarios A aquella timidez ha sucedido una toma de
conciencia y pasos hacia la acción.
Tras la desaparición de la Unión Soviética quedó una
sola potencia en el mundo y Bush y su ávida camarilla de
magnates petroleros estimaron que su omnipotente
presencia en el panorama mundial les permitiría todos
los atropellos y tropelías sin restricciones. El
pusilánime retroceso de los rusos en los frentes
mundiales otorgó una patente de corso al trío de
rufianes Cheney-Rumsfeld-Condoleezza. Pero ha surgido un
segundo poder. Ayer el New York Times reconocía que la
fractura de la alianza occidental sobre el asunto iraquí
recuerda que existen dos superpotencias y calificó a la
segunda como la Opinión Pública Mundial, a la que
calificó como un adversario tenaz que está enfrentándose
cara a cara con el mandatario estadounidense.
La concentraciones de personas en las principales
capitales del mundo, los millones de manifestantes en
las fundamentales avenidas y plazas del orbe,
demostraron, con su ira y su activismo, que no están
dispuestos a admitir mansamente que una cuadrilla de
advenedizos intrigantes hunda al mundo en un mar de
sangre y en una espantosa recesión económica que
arrebate el pan de la boca de los niños.
Los asesores de Bush le están aconsejando que siga
adelante con la contingencia bélica, ignorando las voces
adversas. Otros, políticos más sensatos, afirman que no
debe irse a un conflicto armado cuando la gestión de los
inspectores de la ONU puede lograr una avenencia sin
sangre. La resistencia de Francia y Alemania a uncirse
al carro de la guerra, de una parte, y el acatamiento
humillante de Blair, Aznar y Berlusconi, de la otra,
evidencian que la contienda tendrá serias consecuencias
políticas para los claudicantes.
Ayer, los Ministros de relaciones exteriores de
veintidós países árabes llamaron a las naciones del
Islam a abstenerse de ofrecer cooperación militar, o de
otra índole, a cualquier posible campaña contra Irak. De
otra parte, rusos y chinos están recuperando algo de su
antigua acometividad y se oponen al atropello contra los
árabes. Turquía se debate en contradicciones y una
fuerte oposición interna a la guerra frena los intentos
de sus dirigentes de aparearse a la empresa de la
guerra. El fracaso de Colin Powell en la presentación de
hechos fehacientes que demuestren que Sadam Hussein
posee armas estratégicas deja desnudo el propósito
camorrista y bravucón del gobierno de Bush.
Si a estas manifestaciones de los últimos días se añaden
las que han venido ocurriendo en los últimos años en
torno a los eventos empresariales de Davos y las cumbres
de los países industrializados veremos que existe una
impugnación mundial cada vez más madura y organizada
hacia el sistema globalizador. Los pueblos se niegan a
ser utilizados como carne de cañón para satisfacer a los
mercaderes de la energía. Esos lemas que vimos en los
carteles de los desfiles: "No dar sangre por petróleo" y
"¿Cuántas vidas por galón?", demuestran que existe una
generalizada comprensión de los verdaderos móviles del
conflicto.
La guerra contra Irak pudiera convertirse en un segundo
Vietnam, con una refutación masiva del pueblo
norteamericano a sus autoridades, un descrédito de los
valores nacionales y una deshonra de los principios de
la llamada democracia. Ese es el tipo de contingencia al
que Bush está conduciendo a los estadounidenses.
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