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ETERNAMENTE (agradecida), YOLANDA
Esta conversación que tuve con Yolanda Bennet
en 1997, hoy la
revelo, porque un motivo muy fuerte lo amerita: el
querido Pablo cumple 60 años y está bien que
hagamos historias.
Élsida
González
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La
Habana
No siempre se tiene el privilegio de obtener de primera
mano testimonios de personas muy cercanas a los
creadores. En mi caso creo que se duplica el privilegio,
porque mencionar el nombre de Yolanda en Cuba y en
muchas otras partes del mundo, dejó de ser ya la manera
simple de nombrar a una persona, para que la asociación
inmediata con la canción cubana se imponga.
Esta conversación que tuve con Yolanda Bennet en 1997,
gracias a su gentileza y a la de su hija Lym; hoy la
revelo, porque un motivo muy fuerte lo amerita: el
querido Pablo cumple 60 años y está bien que
hagamos historias.
Desde el inicio logramos gran empatía, la entrevista
que inicialmente me propuse, se convirtió en el disfrute
de recordar, evocar y en fin, de ofrecerme de la manera
más bella la información que necesitaba y mucho más.
Guardo un gratísimo recuerdo de este encuentro y por qué
no compartirlo con alguien más.
Ahí les va solo sus palabras...
Lo
conocí en noviembre de 1968 y yo trabajaba
entonces en el Instituto Cubano de Arte e
Industria Cinematográficos (ICAIC). Hacía muy poco yo
había oído unas canciones que él acababa de sacar...
“Para vivir” y otras...y yo estaba fascinada con su
música; me llamaba la atención sobre todo, que a mí
aquello no se me parecía en
nada a lo que sonaba en aquella
época, era diferente.
Pablo tenía 23 ó 24 años en ese momento y
tenía un estilo diferente al que estaba
acostumbrada a oír, además con un contenido que me
llamó mucho la atención.
Pero la primera canción que yo oí de él fue una muy
famosa que la cantaba cuando estaba en Los Bucaneros,
sonó mucho a principios de los 60, se llama "Estás
lejos" y yo supe de su existencia por esa canción.
Pero resulta que un amigo mío tenía una cinta con
todas las canciones que Pablo estaba cantando en estos
momentos y las oía mucho, al
punto que yo estaba enamorada de esas canciones,
pero a Pablo nunca lo había visto.
El
propio amigo mío –que también era su amigo- me lo lleva
a la casa, casualmente el mismo día que yo había
tenido una reunión por la mañana en el ICAIC, donde
estuvimos preparando la película La carga al machete.
A mí se me ocurrió que Pablo podía hacer la música de
esta película y se lo propuse. Él me contestó que eso
era imposible porque estaba pasando el Servicio Militar
y no se lo iban a permitir. Yo hice unas cuantas
gestiones para que pudiera ser y lo logré; entonces
él empezó a trabajar con nosotros en la película. Al
final hizo cuatro canciones que narraban la
historia que se contaba -era sobre la guerra del 95-...y
así nos conocimos.
En
esta etapa en que yo lo conozco estaba
desvinculado del trabajo porque pasaba el
Servicio Militar y cuando ya iba a salir volvió a
empezar a ensayar con Robertico Marín y Los
Bucaneros. Él ya no estaba muy
conforme porque quería hacer algo diferente, estaba
muy interesado en rescatar la música tradicional
cubana, y Robertico tenía otro estilo...
En
1969 empezó el Grupo de Experimentación Sonora del
ICAIC, él se integra a ese grupo y comienza a estudiar
música. Eso fue muy importante para él porque nunca
había hecho un arreglo musical, ni sabía escribir
música. Hasta ahora él siempre había hecho la música
así: escribía los textos y la melodía, le iba poniendo
arriba del texto las notas musicales y así hacía su
música. Imagínate así "Mis 22 años".
Él
ya conocía a Silvio desde el 67, por Omara Portuondo, y
tenían por costumbre que cada vez que hacían una
canción uno se la enseñaba al otro. En ese núcleo
también estaba Noel Nicola, Sergio Vitier. Era un
grupo muy agradable porque todos tenían muchas
inquietudes musicales y entonces se ayudaban unos a
otros.
Así empezó a hacer sus primeros arreglos musicales y
desde el principio fueron en colectivo; uno escribía
la canción, y entre todos hacían el arreglo...Yo me
acuerdo que el primer arreglo que hizo el grupo fue de
una canción de Pablo y fueron a la EGREM a ver cómo
sonaba aquello, porque cada uno había escrito algo, uno
la guitarra, otro la batería. Cuando sonó aquello, todos
brincaron, fue muy emocionante para ellos. Además en el
caso de Pablo, nunca había oído una canción en la
que hubiera participado en el arreglo, ....oírla,
imagínate...
Ellos en el ICAIC eran fijos, porque Alfredo (Guevara)lo
que quería hacer no era exactamente una orquesta, sino
tener un grupo de músicos, enseñarles música y
formarlos con rigor para que asumieran la banda sonora
de las películas. Para esto les dio recursos, les dio
instrumentos y buscó buenos profesores. En todos estos
jóvenes había mucho talento: Silvio, Sergio, Noel,
Eduardo, Norberto, Leoginaldo,
Pablo Menéndez, Sara, Leonardo Acosta, Emiliano
Salvador.
Tenían un local en el segundo piso donde prepararon las
aulas y ensayaban en la Cinemateca. Después pasaron
a 23 y 12, pero por un tiempo su local fue la
Cinemateca.
Alfredo tenía ese interés y así los directores
podían elegir qué música querían. El grupo
hacía los arreglos, tocaba los instrumentos
y en algunos casos después Duchesne
hacía la orquestación, si se necesitaba otro formato.
Muchos directores los llamaban para documentales,
noticieros y largometrajes. Lo
primero que se hizo fue un largometraje de Rogelio
París que era La nueva escuela, otra que se
llamaba Quién (15 preguntas sobre un maestro)
que tenía música de Pablo y de Silvio, y fue muy
bonito, creo que cada
uno tenía cuatro canciones, después se hizo un disquito
de esos de 45...
Al
principio no se hacía divulgación ninguna al
grupo, era fundamentalmente para el cine, ahí
hacían sus experimentos y daban sus clases.
Después comenzaron a hacer conciertos
regularmente y era muy interesante. Una vez se hizo uno
de música brasileña precioso, todo en portugués y
aquello se llenaba, sobre todo asistía la gente joven,
porque eso era nuevo. Fue una etapa preciosa, muy
bonita, ellos hacían fundamentalmente música cubana.
Se
hicieron muchos conciertos en la Casa de las Américas,
en unidades militares, también en el Hubert de Blanck,
el Amadeo Roldán. También venían cantantes
latinoamericanos que cantaban con ellos: Daniel
Viglietti, Víctor Jara, Isabel Parra. Ellos dieron
conciertos aquí. Víctor estuvo en el Amadeo Roldán
...también Peter Seeger.
En
ese momento, Estela Bravo estaba al frente del
Departamento de Música de la Casa de las Américas, y
ella hizo un trabajo muy interesante, ella contactaba
a estos músicos para que actuaran allí y entonces
invitaba a Pablo, Silvio, Noel, Belinda Romeo,
que también
estaba en esto,
a Omara, Sergio, hacía un gran concierto y ellos
participaban por la parte cubana.
También en esos años había un programa de televisión
que se llamaba Te doy una canción que dirigía el Joky
y ellos iban todas las semanas, inclusive ahí fue
donde él empezó a musicalizar
a Martí, que la Casa de las Américas sacó un disco. Eso
fue un poco antes de 1973.
Él
escribió muchas canciones en la época en que estuvimos
juntos. Cuando hizo “Yo no te pido”, yo no sabía ni
que era de él, pensé que era de Silvio, ya que él
acostumbraba a enamorarme con canciones de Silvio.
Siempre me cantaba alguna y así pasó; la cantó y yo le
dije: qué linda esa canción de Silvio y me dijo
-no, es mía. Y fue muy bonito y sobre todo muy alegre
porque cuando yo lo conocí, Pablo cantaba cosas
tristes, me daba tristeza, eran muy lindas, de
rompimientos, de amores que se
distancian y
de repente,
esta canción
que yo la veía con optimismo, con
alegría, era lo que sentía y para mí fue muy
emocionante. Era una canción diferente a las
que yo estaba acostumbrada a oírle. Era un
cambio de su energía. Su obra anterior tenía gorrión,
yo vi en esa canción un cambio para bien.
Él
al principio me daba una persona triste, que
arrastraba una tristeza, yo le preguntaba a
veces -por qué toda tu obra es triste- y me decía
que necesitaba estar triste para poder crear. Con 25
años te imaginas que te digan eso.
Después estuvo un año sin hacer ninguna canción.
Me acuerdo que después hizo
“Cuatro canciones a Abel Santamaría”, “Pobre
del cantor”, “Yolanda”, “No me pidas”, “Las 23
partes del día”, “Junto al cielo me voy a quedar”,
“Campesina”. Él tenía la costumbre de poner la primera
frase de la canción de título, tenía un problema grave
con los títulos...
¿Yolanda?, Yolanda es una magia. No te puedes imaginar
los lugares del mundo en que yo he estado y me he
encontrado con esa canción.
Pablo la hizo cuando mi hija tenía diez días de nacida.
Él estaba enloquecido por tener un hijo y logra tenerlo,
pero niña, para su frustración. Años después me dijo que
lo prefirió, porque las niñas son con él...
Cuando la niña tenía como una semana de nacida y a él
lo mandan a hacer un trabajo del
ICAIC sobre la Columna Juvenil del
Centenario. Le costó mucho trabajo
desprenderse de
la casa; se va para allá y cuando regresó
nosotras estábamos en la casa de mi madre. La niña
estaba majadera ese día, recuerdo que también estaba
Noel Nicola y cogió la guitarra y me cantó “No me
pidas”, “Yolanda” y “Quiero poner la tierra a mis
pies”.
La última que cantó fue “Yolanda”, la niña estaba
majadera, yo dándole el pecho, estaba Noel hablando y yo
casi ni la oí. De momento ni le vi su cara de
frustración. Por la noche muy tarde cuando todo el
mundo se había acostado, le dije -Pablo cántame las
canciones- y las cantó. Imagínate una mujer acabada de
parir, lactando y que se aparezca ese hombre, que era
lo más importante para mí, con una canción como esa
que a mí me dejó paralizada.
Aquí él pudo unir una serie de cosas que nosotros
teníamos en ese momento y trasmitírmelas a través de
una canción tan sencilla. Porque lo del credo y la
ventana son códigos. Yo nunca he hablado de esto,
fíjate. Nosotros trabajábamos en el ICAIC y a veces
teníamos horarios diferentes. Vivíamos en un piso 15.
Tenía una ventana que a través de los movimientos que
hacíamos formábamos frases de amor. Yo sabía siempre
más o menos a qué hora él estaba llegando a la casa o
al revés. Cuando yo venía él me estaba mirando y
empezaba a hacer señales con la ventana.
Después la canción empezó a trascender en el ICAIC. Le
hicieron un arreglo muy bonito que a mí es el que más me
gusta de todos; el violín es lindo, pero a mí me gusta
con tres y con flauta. Se grabó en el ICAIC, se puso
en algún documental. Me acuerdo que fue Pastor Vega el
primero que lo puso en el cine y él empezó a cantarla
en los conciertos.
En
los primeros años no tuvo esa repercusión que tiene
ahora. Él me ha dicho que ha tratado de quitarla del
repertorio porque tiene cosas nuevas y no ha podido
nunca, porque la gente no lo deja. Yo me he
sorprendido mucho, he estado en lugares súper
remotos y siempre la oigo, todo el mundo la conoce. Es
una obra llena de códigos que yo solo sé, a mí me
sorprende. Él me dijo que esa canción demoró en hacerla
una hora o 20 minutos, la hizo enseguida y si tú ves
es muy simple. Se fue de pronósticos, nunca pensó que
esa obra iba a trascender tanto y a mantener vigencia
a pesar de los años que tiene. Yo creo que fue hecha
con tanto sentimiento y con tanto amor que creo que es
lo que hace que trascienda.
En
“Quiero poner la tierra a mis pies” a mí me da la
impresión de que él volvió a la realidad. Se dio cuenta
en esos momentos de que la vida
no era solo la tristeza y sentirse mal, sino que
también tenía otras perspectivas, que lo hacían sentirse
mejor.
”Quien me tienda la mano al pasar”… la gente le decía
“Yolanda” sin flauta. Esta canción la hizo en un
momento muy bonito del matrimonio.
Pablo dejó de ser un trovador de esquinas y
bares, nacieron las niñas, y de repente se vio con la
responsabilidad de papá, de la casa. Su vida cambió,
ya no podía trasnochar, ni irse de farra con los
amigos, todo ahora era de forma muy disciplinada, pero
se sentía bien. Esa canción hasta a mí me confundió. La
primera vez que me la cantó yo no la entendí.
Inicialmente se llamaba "El eterno aburrido". Él tenía
una vida cotidiana, de hogar, la gente no lo podía
entender y el que quería ser su amigo tenía que
adaptarse a ese tipo de vida o dejar de serlo. Todo
el mundo la entendió al revés. Después de “Yolanda”,
esto; no es una canción como la otra. Siempre que
empieza una relación está la pasión, todo después coge
su nivel, es una canción para un hombre de la casa.
Lo
de Salvador Allende fue terrible. Ellos acababan de
regresar de Chile y poquito tiempo después pasa lo de
Salvador Allende. Él cogió la guitarra y dijo de pronto
todo lo que sentía... “Yo pisaré las calles nuevamente”
es después, primero fue “A Salvador Allende en su
combate por la vida”.
“Hoy la vi” fue muy simpática. Cuando él
era un adolescente se enamoró de una muchacha muy
bonita. Un día se la encontró en una guagua y ella le
dijo -¿tú no te acuerdas de mí? y era aquella muchacha.
Él se sintió tan mal, porque era una mujer que le
faltaban los dientes, estaba gorda, toda desarreglada.
Por eso "era un rostro ajeno al que yo amaba". Ella
era tan dulce, tan agradable, tan bella... qué
decepción.
“El 405 de nunca” se la hace a una muchacha que
acababa de perder a su esposo. Ella estaba en el
ejército y tenía una cinta negra, que era la muestra de
su luto. Tenía una mirada muy linda, estaba tan triste
que él nunca se atrevió a decirle nada porque tenía
miedo de hacerle daño. Se hicieron amigos.
“El tiempo el implacable el que pasó” fue el final. Ya
estábamos separados. Allí había un desgarramiento
terrible porque lo de nosotros... bueno, las niñas
estaban chiquitas. Él hizo esa canción en una plena
crisis nuestra.
En
la etapa en que estuvimos juntos, tengo la satisfacción
de que no hubo una canción de tristeza. Yo creo que él
pasó una etapa muy mala, porque fue muy golpeado y era
muy rebelde. Pero Pablo tiende mucho
al pesimismo; yo creo que es un problema de
carácter. Al cabo de los años cambió, porque la
vida le ha regalado cosas muy bonitas. Había momentos
en que lo aplastaba el gorrión, necesitaba para componer
esa tristeza, eso lo motivaba.
Cuando nosotros empezamos, su vida cambió, reflejaba
toda la alegría en su obra,
sobre todo cuando nacieron las niñas. Es como si hubiera
terminado una etapa y comenzado otra. También él estaba
haciendo algo que le gustaba mucho, estaba aprendiendo
música en serio, con muy buenos profesores, con muy
buenos compañeros. Una clase era una fiesta. No era
solamente yo, eran las niñas, el trabajo, la casa, se
oía la obra de ellos, la gente empezó a respetarlos. El
Movimiento de la Nueva Trova fue muy importante para
ellos. Hacían lo que querían.
Yo
creo que su obra en gran parte es consecuencia de sus
vivencias, su vida personal creo que influye mucho en
su obra, sobre todo su estado de ánimo, tanto para bien
o para mal.
Él
ha tenido momentos muy prolíficos, en la etapa que
convivimos creo que fue muy optimista; cuando no
tiene deseos de hacer música, no la hace, no es como
otras persona que se sientan y hacen como chorizos. Me
da la impresión de que tiene que tener un compromiso muy
grande para hacer algo impuesto. Si no tiene deseos
no lo hace y ya.
Pablo es el padre que siempre quise tener para mis
hijas e incluso para mí. Desde que lo vi por primera
vez, el acercamiento con los niños, la ternura que le
daba a todos los niños, me gustó.
La
relación con sus hijas, hasta cuando las regaña, es
bonita. No recuerdo ninguna
actitud de fuerza, jamás, los regaños no sé
hasta qué punto han sido creíbles. Su gran debilidad
son sus hijas, las ha asimilado con sus malacrianzas,
no creo que las quiera de otra forma. Las acepta con
sus disgustos, si está en desacuerdo habla con ellas
de una forma, que no sé si las convence. Él es muy
humano, se sale de su papel de padre y las cosas las
dice de una forma especial.
A todas sus hijas
les ha
escrito canciones.
Hay una anécdota
interesante, cuando
Suilem salió
embarazada todo
el mundo
se dedicó
a
tratar de alegrarle la vida porque
ella es muy malcriada. Pablo estaba loco con esa
barriga, iba a ser el primer nieto, le
llevaba dulces, la visitaba, la llamaba por teléfono y
nació Pablito.
A
los dos años salió Lian embarazada, pero ya no era lo
mismo, ya estaba la experiencia; no era falta de
atención, pero no era igual que cuando Suilem.
Un
día Lian me llamó y me dijo -mami, qué le pasa a papi,
que conmigo no es igual que cuando Suilem estaba
embarazada. El problema es que Suilem es más malcriada
y si la dejas de llamar ya dice que no la quieren.
Lian es muy tranquila, ella no da problemas. Al rato,
Pablo me llamó, le conté esto y se quedó muy preocupado.
A los dos días me volvió a llamar y me dijo: -es cierto
lo que me dijiste, ya yo le hice un regalo a mi hija,
¿no te lo dijo?, dile que te lo diga. No pasaron ni
diez minutos y me llamó Lian llorando y en medio de
aquel estado logró contarme que su padre le había
hecho una preciosa canción.
Yo
podía acordarme de más cosas, pero siempre le he huido
a esto, porque pienso que el mérito de todo, que puede
haber con relación a mí, es solo de él. Yo fui una
persona de la que él se enamoró y podía haber sido
otra, no creo que tenga ningún mérito personal, el
talento por supuesto es de él.
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