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LA GALERÍA ES COMO UN TESTIGO FIEL
 
La Sala Majadahonda, que debe su nombre a la localidad española donde cayó el combatiente —en 1935 durante los días de la Guerra Civil Española— el intelectual y revolucionario Pablo de la Torriente Brau, se acerca a la exposición número 40, y ha tenido desde su nacimiento, hace unos seis años, una profunda vocación por preservar la memoria en todas sus formas.


María Fernanda Ferrer  |
La Habana
Fotos:
Alaín Gutierrez


Sin duda, es ocurrente —por no decir otro término que en cubano callejero pudiera ser una “mala palabra”— la manera en que la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, ha decidido regalarnos en esta oportunidad un trozo de memoria. 

Se trata de una exposición fotográfica, a inaugurarse en la segunda quincena de marzo, que se acerca a una etapa ya pasada de la vida de creadoras cubanas: su fiesta de 15: agasajo que para algunas fue un disfrute y para otras una real tortura y que —en ciertos casos— implicaron lo impuesto por madres y abuelitas.

Maria Santucho, directora de la Sala Majadahonda y coordinadora general del Centro Pablo

María Santucho, directora de la Sala y coordinadora general del Centro Pablo, sin poder borrar de su rostro una, ciertamente, pícara sonrisa nos avanza, especialmente para La Jiribilla, algunos detalles de lo que será la exposición Volver a los 15, mujeres en el Centro. 

–Es una exposición atípica, pero está dentro de la línea del Centro  que tiene que ver, precisamente, con la memoria. Es diferente a lo que usualmente hacemos en la Galería porque puede parecer un divertimento y ello se extiende no solo a los que estamos involucrados en la curaduría, sino a todos aquellos que  asistan a la inauguración o los que la visiten posteriormente (permanecerá abierta un mes en el horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde). 

Se trata de hurgar en la memoria de algunas de las mujeres que han pasado por el Centro con su obra plástica, su voz, o su música y el núcleo de trabajadoras del Centro Pablo. 

Intentaremos, a través del divertimento, de hurgar en la memoria de los 15 años y, especialmente, en la fiesta de los 15, que reúne muchos recuerdos gratos, ingratos o simpáticos de lo que significó para esas entonces jóvenes muchachas el hecho mismo de la fiesta. 

Una de las características del Centro es ir al “baúl de los recuerdos” y vamos a mostrar las fotos de algunas de las más conocidas trovadoras que tienen un fuerte vínculo de afecto y amistad con la institución. 

–¿Quiénes por ejemplo? 

–Sara González que gustosamente nos está ayudando a organizar la exposición porque, precisamente, la idea surgió a partir de sus fotos y de las de otras amigas trovadoras. La iniciativa se concibió en casa de Sara durante una divertidísima  tarde de descarga. Tuvimos la suerte de ver las fotos de Sara y luego se sumaron las de las también trovadoras Heidi Igualada, Rita del Prado y Marta Campos. 

Igualmente se han incorporado al proyecto destacadas artistas plásticas como Diana Balboa, Zaida del Río, y Alicia Leal y la actriz Coralia Veloz. Auguro muchas sorpresas…   

Alicia Leal, Moreira y Diana Balboa junto a María Santucho

–Después de Volver a los 15… ¿qué ocurrirá en la Majadahonda? 

–Estamos esperando, aún no es completamente seguro porque ello no depende única y exclusivamente del Centro Pablo, una exposición de tres artistas plásticos italianos. La curadora de esta muestra es Sandra González y lo más probable es que se haga en abril.  

Después le sigue, en mayo, una exposición muy importante. La Sala abre sus puertas a la obra plástica de Leonel López-Nussa cuya propuesta surge de su hija Krissia López-Nussa, quien  la está organizando. 

Como se sabe, la obra de López-Nussa es amplia, diversa, múltiple… y lo que mostraremos en la Majadahonda será su acercamiento al tema de la música, que es una de las tantas vertientes que ha explotado este maestro de las artes plásticas contemporáneas cubanas. Leonel, como es conocido, posee un nexo de amor con la música ya que sus hijos Ernán (compositor y pianista), Ruy (baterista) y sus nietos Adrián (baterista) y Harold (pianista), cultivan esa manera de expresarse. 

En junio desarrollará el V Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital y, nuevamente, la Majadahonda será uno de los espacios que acogerá la fiesta de las artes visuales. 

También tenemos previsto para los meses finales del actual año, el Tercer Salón de Arte Digital Infantil, proyecto que coordinan los artistas digitales Alicia Gutiérrez y Ricardo Garcés, y en el que pensamos hacer un homenaje, desde la imagen, a la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita. Ese grupo desarrolla un maravilloso trabajo comunitario con los niños, así como con algunas instituciones cubanas de la salud como el Centro de Rehabilitación Neurológica Senén Casas Regueiras y el hogar La Castellana, ambas ubicadas en La Habana Vieja.  

–A manera de apretado resumen ¿cuáles considera los momentos más importantes de la Sala Majadahonda? 

–Ha sido una suerte tener este espacio, aún cuando no fue concebido en sus inicios como salón de exposiciones. La Galería nos ha permitido devolver un gesto hermoso de los artistas plásticos cubanos, que comenzó con la muestra Una obra para Pablo, exhibida en la Galería de Los Oficios, del pintor y grabador Nelson Domínguez. 

Esa exposición fue el antecedente y la solidaridad de muchos amigos que nos permitió realizar este sueño. 

Después han pasado nombres y obras de muy importantes artistas de la cultura cubana como Julio Girona, quien nos mostró sus memorables dibujos de la guerra conjuntamente con un conversatorio. Girona, además de un gran pintor era un excelente narrador y recuerdo que en ese encuentro explicó quiénes eran los personajes que aparecían en su obra y cuál era la historia detrás de ellos. 

Julio Girona

Sorteando caminos y De muros y transparencias han sido dos exposiciones que en diferentes momentos nos han dado la oportunidad de acercarnos a la obra de  Eduardo Roca Salazar, Choco, otro de los grandes colaboradores y amigos del Centro Pablo.

Mediante Gracias a la música, exposición de la destacada grabadora Diana Balboa, unimos plástica y sonoridad porque junto con la inauguración de la muestra, se efectuó —en el patio de Muralla 63— un memorable concierto de la trovadora Sara González.   

Otra de las líneas de la Galería —que tratamos de mantener todos los años— se denomina Mirar a… proyecto que nos ha permitido homenajear a artistas  como Luis Rogelio Nogueras (Mirar a Wichy o Mirar al Rojo); Fayad Jamís (Mirar al Moro); Eliseo Diego (Mirar a Eliseo) y Juan David (Mirar a David).  

Esta manera de hacer nos ha permitido también investigar sobre esos artistas y, de manera modesta, perpetuar su memoria, expandir su legado.  

–En ese mismo sentido, recuerdo la exposición Trazos y Trozos del Caimán, dedicada a José Luis Posada.   

–El gallego Posada ha estado presente desde el mismo día en que creamos la galería y pensamos organizar una muestra de Mirar al gallego que reunirá no solamente parte de su obra plástica, sino el recuerdo de muchas gentes, periódicos y semanarios en los que trabajó, libros… hay un espectro muy grande. 

Nosotros estamos trabajando con la familia del gallego y queremos poderle hacer un homenaje en algún momento de nuestro tiempo expositivo, pero lo que sucede es que ha dejado una obra enorme, tanto en calidad como en cantidad, y hay que sentarse a investigar.     

Leo Brouwer y el gallego Posada

–Creo que una de las peculiaridades de la Sala Majadahonda es que no solamente ha servido para mostrar el quehacer de los artistas plásticos, sino que ha abierto su espacio a la música...    

–Esa ha sido una característica del Centro no solo en el ámbito de la Galería. Tratamos de unir la música con la plástica, con la palabra  y con el testimonio oral.  La Galería es como en un testigo fiel y la idea es mantener ese estilo de trabajo. 

Por ejemplo, en los primeros días de enero de este año visitó La Habana Pedro Aznar, un gran músico argentino quien ofreció, auspiciado por el Centro Pablo, un concierto en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán. Dos días después se reunió con jóvenes trovadores en la Majadahonda y desarrolló un conversatorio. Sucede que en esa fecha estaba expuesta una muestra de Luis Hernández, El Plátano, que abarcaba momentos destacados del surgimiento y primeros años del Movimiento de la Nueva Trova, que por estos días arribó a su aniversario 35. Es, entonces, una forma de divulgar una y otra manifestación en un mismo instante. 

Igual ocurre con el espacio A guitarra limpia; el último sábado de cada mes se materializa un encuentro con un trovador quien, a su vez, invita a un artista plástico a que exponga su obra, a compartir el goce por la música y por la pintura.  

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