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UNA VISIÓN MÚLTIPLE
José López Fresquet (FREMEZ) es uno de los artistas
cubanos que en el Memorial José Martí exponen una suerte
de “visión múltiple” del Héroe Nacional Cubano. Junto a
Rostgaard, Raúl Martínez y otros creadores, FREMEZ
integró en los 60 el grupo promotor de un nuevo tipo de
diseño del arte cubano del cartel.
Jorge
Sariol|
La
Habana
José
López Fresquet (FREMEZ) es uno de los artistas cubanos
que en el Memorial José Martí, exponen una suerte de
“visión múltiple” del Héroe Nacional cubano.
FREMEZ,
junto a Rostgaard, Raúl Martínez y otros creadores,
integró el grupo que en los años 60 influyó en un
nuevo tipo de diseño, llamado “heyday” del arte cubano
del cartel.
El
artista -“printmakers” según el argot anglosajón- sigue
siendo hoy uno de los más sólidos creadores de la Isla.
El mismo ha dicho que ha tenido a lo largo de su carrera
más de una razón para seguir creyendo en lo que hace.
–De la
exposición recién abierta en el Memorial José Martí
¿Cuál es la primera utilidad que Ud. le ve?
–La
más inmediata es que da una visión múltiple de Martí.
No es una visión adocenada o conservadora de su vida o
su obra, porque él era todo lo contrario. La exposición
ha roto con muchos esquemas. He pensado que alguien
como José Luis Posada, que nació en España, pero era tan
cubano como el que más, merecía haber estado entre los
creadores.
En la
década de los setenta hizo una litografía en el Taller
de la Plaza inspirado en los versos martianos. Era un
Martí que se bañaba en un arroyo, “que lo complacía
más que el mar”. Muchos funcionarios de la época no
lo entendieron y hubo muchas discusiones. Si Posada
estuviera vivo, su obra merecería estar en el Memorial.
–
¿Tuvo un origen especial la obra suya que compone la
muestra?
–Esa
es una obra que realicé hace algún tiempo. Cuando se
iniciaban los preparativos del sesquicentenario del
natalicio de Martí, reconocí que yo nunca había hecho
trabajos sobre su vida; solo en diseños de póster y
afiches manejé la imagen, porque me inspiraba cierto
respeto, y en otra medida, era una imagen demasiado
sacralizada, aún después del triunfo de la Revolución.
Se
sacralizó porque casi se usó como el Corazón de Jesús,
todo igual. Reflexionando en esos momentos acerca de las
distintas formas de expresión del ideario martiano y de
su vida, comprendí que el hombre guerrero había sido la
parte más pequeña de su vida y la vez una de las más
inmensas, por su participación en la guerra necesaria y
como inspirador de otras luchas posteriores. Eso me
llevó a reflexionar y a buscar el símil de ese hombre
tan extraño, que podía organizar una guerra y a la vez
ser alguien tan sensible de hacer poesía de la magnitud
con que la consiguió.
Y a
partir de la obra de Servando Cabrera Moreno, que para
mí fue una especie de paradigma, es que yo asumí la
figura del Héroe Nacional cubano. La unión de esas dos
personalidades fue importante. Los guerrilleros,
de Cabrera Moreno les dieron un cuerpo al alma y al
pensamiento de Martí en mi obra.
La
obra es atípica en mi trabajo y para mi sorpresa todo el
mundo la recibe bien, muchos me han confesado que
quedaron impresionados.
– ¿Al
llevar la personalidad de Martí a su creación plástica,
tuvo conciencia de alguna complicación específica?
–La
tuve, claro. Fue el temor de asumir una gran
responsabilidad, de manejar una imagen que tanto tiene
que ver con la historia de ese país y que tanto ha
pesado en nuestros destinos, sobre todo después del 59.
Fue casi un miedo escénico de no manipular esa imagen o
que no dijera lo que yo quería decir, cosa que me suele
suceder. Uno trabaja, termina una obra y descubre que no
tiene nada que ver lo que dice, con el propósito que uno
tuvo al principio. En este caso logré decirlo.
Algo
parecido pasó con un trabajo de Carlos Henríquez sobre
Martí. Inicié un proyecto, pero parece que la química no
encontró el espacio y no lo veo finalmente acabado.
Puede ser efectivo como pieza de comunicación, pero no
alcanzó la magia que todos le ven a la otra.
–
¿Será cuestión de darle a este otro trabajo un margen de
tiempo?
–Veremos, Martí está ahí, inagotable y yo seguiré
intentando encontrar la conexión con Carlos Henríquez.
–
¿Significa que en su obra estarán otras aproximaciones a
Martí?
–La
imagen martiana ha estado presente en mi obra desde sus
inicios, desde mis primeras cosas de los años sesenta.
Hubo una época en se me acusó de panfletario, de que mis
imágenes eran incluso sectarias, y no era más que lo yo
creía que eran los problemas del momento. Hoy siguen
siendo problemas, lo cual indica que yo no estaba tan
equivocado con respecto a lo que hacía hace 20 años.
Una
serigrafía mía que se expone en la UNEAC, junto con un
trabajo de Fabelo y otro de Nelson, muchos artistas la
están firmando como si fuera un manifiesto gráfico y es
una obra que tiene más de 25 años.
Todo
esto hace que me satisfaga mucho haber incorporado a mi
“arsenal gráfico” la imagen de Martí. Y lo estará en el
futuro.
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