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Capitalismo con
sangre y lodo
PANDILLAS DE NUEVA YORK
Lisandro
Otero|
México
Uno de los
filmes que está siendo considerado como un fuerte
competidor para recibir el Premio de la Academia
Cinematográfica de Hollywood, el sobrenombrado Oscar, es
Pandillas de Nueva York del talentoso Martin
Scorsese. La película que se exhibe en estos días en las
pantallas de México toca un importante tema histórico,
el de las pugnas entre los irlandeses inmigrantes y la
tormentosa formación de la amalgama social
estadounidense.
Debido a una severa
hambruna en Irlanda, ocasionada por una plaga que afectó
las cosechas de papa a mediados del siglo diecinueve,
los irlandeses se desplazaron masivamente hacia el Nuevo
Mundo. Estados Unidos se hallaba en su etapa de
expansión industrial, necesitaba esa mano de obra barata
y se abrieron las puertas a la inmigración. En Nueva
York la bestial lucha por la vida impulsó a los
inmigrantes a agruparse en pandillas que reñían entre
sí. Los inescrupulosos políticos aprovecharon la marea
de votos famélicos. El siniestro Tammany Hall del
Partido Demócrata, centro de intrigas, transgresiones y
atropellos, manipulaba a la masa de ciudadanos
desvalidos. Ese cuadro social impetuoso, frenético y
violento es el marco en que se desenvuelve la película.
Todo ello culminó en los "motines de reclutamiento" de
Nueva York que los historiadores señalan como la peor
sublevación urbana ocurrida jamás en la historia de
Estados Unidos y aparecen reseñados en el filme en toda
su pavorosa ferocidad.
Los Estados Unidos se
veían escindidos por la Guerra Civil y en mayo de 1863
Lincoln dictó una Ley de Conscripción para realizar una
leva de trescientos mil nuevos soldados. Las filas de
los federales estaban exhaustas por la copiosa sangría
de la guerra. Se convocó a las armas a los hombres entre
veinte y cuarenta y cinco años de edad pero se permitía
una exención a quien pudiera abonar trescientos dólares
al estado. Esto equivalía a eximir a los muchachos ricos
y provocó un gran resentimiento de clases.
La impopularidad de
la ley suscitó mayúsculos disturbios nacionales pero el
de mayor cuantía fue en Nueva York, que duró cuatro
días. Las hordas descontroladas asolaron las calles
saqueando residencias y comercios, linchando negros y
agrediendo a los abolicionistas. En Nueva York existían
muchas simpatías por el sur. Su gobernador, Horacio
Seymour era un declarado partidario de los
secesionistas. Las turbas desvalijaron la armería de la
Segunda Avenida y armadas con rifles continuaron el
alzamiento.
En algunos momentos
se calculó que la turbamulta alcanzaba los cincuenta mil
airados manifestantes. Las pérdidas se calcularon en dos
millones de pesos. (Habría que multiplicar por cincuenta
para calcular el equivalente actual). La causa del
racismo de irlandeses contra italianos y negros, motor
principal del conflicto descrito en el filme, era la
competencia por los empleos de bajo salario. Lincoln
ordenó a las tropas que estaban situadas en el frente
del Potomac que ocuparan la ciudad y procedieran a la
represión. Las bajas fueron calculadas, oficialmente en
mil muertos pero se considera que fueron muchos más.
Pese a que la leyenda
ha adornado a Lincoln como un amante de la libertad, con
toda certidumbre el Presidente republicano no fue así.
En una famosa carta declaró que si hubiera podido
preservar la unión norteamericana sin la abolición, lo
habría hecho. Al asumir el poder declaró que no tenía
ninguna intención de interferir con el sistema
esclavista. Siete años antes de escribir el Acta de
Emancipación, en julio de 1862, había dicho que todos
los hombres son iguales "menos los negros". El objetivo
principal de la abolición fue destruir la
infraestructura logística de los federados que estaba
compuesta de negros esclavos.
El principal mérito
del filme de Scorsese estriba en presentar sin
maquillaje esta truculenta gesta. Al terminar el filme
sale uno persuadido de la histórica afirmación de Carlos
Marx: el capitalismo nació rezumando sangre y lodo por
todos sus poros.
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