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CON MARTÍ, POR EL ROSTRO HUMILDE
DE LA PATRIA

 
Omar Valiño | La Habana

Bajo el techo de un caney, como esos que solo vimos en ilustraciones de libros escolares, conversamos sobre el teatro de José Martí hoy. Estábamos en plena montaña, en un sitio llamado Quiviján, a muchos kilómetros de Baracoa. Había terminado el espectáculo que esa noche la Cruzada ofreció a la comunidad. La gente andaba extenuada después de una jornada larga, llena de traslados, paradas y funciones, pero no quiso olvidar el Coloquio, ya también habitual en el evento. 

Dije que el teatro de Martí se revisita poco o nada en el universo profesional, tanto por teatristas como por estudiosos. Que todos habíamos preferido, de algún modo, conservar los criterios ya petrificados sobre esta zona de su creación literaria, indudablemente menor frente a su poesía, sus escritos políticos o su periodismo. No dejé de recordar, sin embargo, el montaje de Abdala por Armando Morales, quien encontró en el arte de los muñecos un “vehículo” nuevo para devolvernos en toda su sacralidad el hermoso poema dramático escrito por un adolescente. 

Pero Juan González Fiffe, el director de Teatro Andante, apuntó que si bien la presencia del corpus teatral martiano es escaso hoy (si descontamos la profusión de tareas escolares que sobre él se ejercen, en muchas ocasiones maltratándolo y contribuyendo a extender los prejuicios ya existentes), la presencia de Martí no lo es en parte del teatro que hacemos. Y con justicia puso de ejemplo la Cruzada misma. 

Cierto: cada 28 de enero, no por casualidad, desde 1990, un grupo creciente de teatreros de Guantánamo y, eventualmente, de otros lugares del país parte a desandar lomas en acto de desprendimiento absoluto, tensados por el placer de ser útiles, que era lo que Martí quería de los seres humanos.

Recordé, además, que en síntesis perfecta la trayectoria de los teatristas se “cruza” en varios puntos con el camino de Martí después del desembarco por Playita de Cajobabo y vino a mí aquel momento en que precisamente la Cruzada me llevó hasta ese lugar sagrado de esta tierra. 

En el transcurso del diálogo, Corina Mestre abogó por dejar atrás esos criterios “definitivos” a los cuales me había referido y revalorizar desde la escena piezas como Adúltera y Patria y libertad, de la misma forma que Ury Rodríguez lo estaba buscando con su visión titiritera de Amor con amor se paga.

El propio Ury se refirió a los distintos estadios atravesados por el proceso, cuyo resultado ha sido un gozne más allá de lo simbólico, al igual que el mismo Coloquio, entre esta décimo tercera edición de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa y el sesquicentenario del natalicio de José Martí, al cual estuvo dedicada.  

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