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SOSPECHAS REALES
Lo
que deseaban era convencer al continente de la política
de no más Cubas; y de no ser esto posible, lo que
deseaban era promover la idea fidelismo sin Fidel, de
modo que con este fin lanzaron y distribuyeron varias
revistas: Cuadernos y después de Cuadernos,
Mundo Nuevo,
y si mis sospechas son reales, tienen otra revista que
se publica en Madrid que se llama Encuentro.
Frances
Stonor Saunders|
La
Habana
La
investigación de mi libro fue una experiencia muy
interesante. Tuve que pasar mucho tiempo con veteranos
agentes de la CIA; fue algo que no me agradó hacer,
verdaderamente.
Fueron notablemente
sinceros al hablar conmigo sobre las actuaciones que
consideraban más honrosas: aquellas realizadas en la
esfera cultural. Consideraban que su trabajo como
facilitadores de una amplia gama de actividades
culturales había sido lo más importante que había hecho
la CIA.
Sin duda, si se
examina la historia de la CIA todos sabemos que esto es
así, que estas actividades son las más oscuras.
Conocemos sus actividades paramilitares, sus vínculos
con la mafia, con carteles de la droga, con las
dictaduras de derecha, con los asesinatos, con el
desastre de la Bahía de Cochinos; pero menos conocida es
la historia de su programa de guerra cultural que se
erigió en los primeros años de la guerra fría con el fin
de erosionar el neutralismo en la batalla por las mentes
de los hombres, para detener la extensión de las ideas
comunistas y, sobre todo, para promover los objetivos de
la política exterior estadounidense, no solo en países
hostiles a Estados Unidos, sino también dentro de sus
países aliados. Esto entrañaba crear una campaña
secreta que, en efecto, hizo que la CIA fuera algo así
como un ministerio de cultura.
Estados Unidos no
tiene Ministerio de Cultura, a no ser que se cuente a
esa agencia. Tal vez hoy, como desde hace 30 años, sea
este el papel que todavía asuma. Lo que la agencia hizo
fue organizar una red de frentes que financiaron
secretamente a través de fundaciones falsas, y a veces
de fundaciones legítimas, pero siempre oculta detrás de
ellas. De ese modo pudo obtener vastas cantidades de
dinero para publicar revistas de alta calidad, organizar
recitales de poesías y otros sucesos literarios. Tenían
lo que ellos llamaban una familia de revistas que se
publicaban, sobre todo, a partir del congreso para la
libertad cultural, que era su frente principal en
París.
Mi libro se concentra
en la campaña realizada para persuadir a las personas de
Europa de que todo lo que decía el gobierno
estadounidense era correcto. Podría escribirse otro
libro, y espero que mi libro sirva de incitación para
ello, sobre América Latina, sobre Asia, sobre África o
sobre la India.
Creo que lo que he
hecho es una incitación para una investigación ulterior
y para fomentar una mayor polémica en torno a toda la
retórica de la sociedad libre y abierta.
Ahora hemos vuelto,
en el gobierno de Bush, al lenguaje doctrinario que
tuvimos durante la guerra fría. La posición de Estados
Unidos es, una vez más, el papel de redentor de la
humanidad, habla de la luz y de la oscuridad, del bien y
del mal.
Vemos una terrible
recesión en las ideas políticas e intelectuales, puesto
que estas consignas doctrinarias reducen la complejidad
de los asuntos mundiales a un simple sí o no, nosotros o
ellos.
Lo
que estamos viviendo hoy, surge de las campañas
culturales de la guerra fría; los efectos de esta
excesiva cantidad de dinero, de este desprecio de las
ideas en el mercado, fue lo que corrompió los procesos
intelectuales naturales.
Debido a este apoyo,
una revista como
Encounter podía sobrevivir mucho
más allá de la esperanza natural de vida.
Lo que hacían era que
nombraban a un editor y muchas veces a todos los
editores. Esto no significa que los editores supieran
que ellos eran empleados de la CIA. Este fue uno de los
problemas que con posterioridad, cuando se realizaron
revelaciones sobre la propiedad de la CIA sobre estas
revistas, hizo que algunos de los editores consideraran
que los habían explotado y que los habían engañado.
Wight Mac Donald, el famoso escritor que tenía una
posición ambigua durante la guerra fría, porque decía:
“Yo escojo el menor de los males, escojo Occidente”,
luego cambió de opinión sobre esta opción. Era editor de
la revista Encounter —que se publicaba en
Inglaterra y que se distribuía, sobre todo, en la India
y que tuvo una repercusión de gran importancia sobre la
intelectualidad británica de aquella época—, cuando supo
la verdad de la vinculación de la CIA con esta revista,
dijo: “Me engañaron, ustedes creen que yo hubiera
tomado dólares de la CIA; si hubiera sabido de dónde
venía el dinero, nunca hubiera realizado esa tarea.”
En
América Latina las
actividades de la CIA se concentraron en reunir al
hemisferio contra Cuba, lo que deseaban era convencer al
continente de la política de no más Cubas; y de no ser
esto posible, lo que deseaban era promover la idea fidelismo sin Fidel, de modo que con este fin lanzaron y
distribuyeron varias revistas: Cuadernos y
después de Cuadernos, Mundo Nuevo, y si
mis sospechas son reales, tienen otra revista que se
publica en Madrid que se llama
Encuentro. No sé
si la CIA está detrás de esto, puesto que no hay pruebas
reales en estos momentos, tengo que esperar unos 30 ó 40
años para ver documentos, para llegar a personas que al
fin se decidan a hablar.
De modo que mi
consejo sería que si tienen ustedes sospechas, siempre
díganles a las personas —siempre lo digo a los
estudiantes, a los periodistas que me preguntan—, que
deben buscar debajo de la línea final. No en la línea
final, sino debajo de la línea final. Si no están
seguros de quién les está pagando su salario, de quién
les está pagando los fondos de distribución de la
revista, si no lo ven identificados claramente,
retírense.
Recuerdo esta observación que hizo la princesa Diana
cuando dijo: “En este matrimonio somos tres”. Creo en
el matrimonio entre intelectuales y las ideas, y no
intelectuales, ideas y el Servicio Secreto
estadounidense.
Había una broma en
los sesenta que si una publicación u organización de la
esfera cultural tenía la palabra “privado” o “libre” o
“independiente”, era un frente de la CIA. Estúpidamente
acepté un contrato con un editor norteamericano llamado
Free Press (Prensa Libre). Aunque sospechaba, le
di el libro y con gran sorpresa vi que no lo iba a
publicar, a no ser que yo le realizara algunos cambios.
Lo primero que exigía era que dijera que la CIA estaba
del lado de los ángeles; y lo segundo, que dijera que la
guerra que llevaban a cabo era por una causa justa.
Después de 170 000 palabras que había escrito, pensé que
no habían entendido verdaderamente lo que yo pretendía
decir, de modo que no lo hubiera publicado con ellos de
todas maneras; pero un editor independiente muy bueno lo
publicó, y el libro recibió mucha cobertura en Estados
Unidos. Tuvo una excelente reseña de
James Petras, a
quien amaré por toda la vida; pero había quien lo
odiaba, no quedaba mucho terreno en el medio.
Después de
Encuentro, parte dos, estará la número
tres, la cuatro y la cinco. Invito a cualquiera de los
aquí presentes a escribir un libro como el mío. Ya para
mí ha sido demasiado hablar con estos agentes de la CIA
que, en nombre de la verdad, me dijeron montones de
mentiras. Mentir por la verdad como metodología
intelectual, me dejó agotada y desilusionada; pero creo
que todavía hay historias muy importantes que narrar y
que deben narrarse ahora, puesto que todavía hay
personas vivas y se pueden obtener historias orales muy
importantes. Antes de que mueran deben ser
entrevistados.
Intervención en la Mesa Redonda con
motivo de la XII Feria Internacional del Libro de La
Habana (30 de enero al 9 de febrero de 2003).
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