LA JIRIBILLA

ROLANDO SARABIA:
LA POESÍA DEL BALLET


 
A mí sí me gusta permanecer en mi Compañía porque bailas con tu gente, sigo viendo a mi hermano que es bailarín, sigo viendo a mi papá, comparto el escenario con ellos. No hay necesidad de irte de una compañía si puedes estar en todas por igual tiempo y te va a ir de maravilla, esa es la vida del bailarín. Pero sí pienso que es muy importante la vida artística internacional del bailarín porque, en realidad, conocerte internacionalmente es lo que te hace una estrella.


Oliver Zamora Oria|
La Habana


Rolando Sarabia es un bailarín equidistante, todos los días ensaya, escucha música clásica, interpreta papeles de románticos príncipes y con las mismas, parte para la fiesta más popular en el barrio de Cayo Hueso a compartir con sus amigos. Considerado un niño prodigio. Galardonado con los más importantes premios del mundo. El más joven bailarín del Ballet Nacional de Cuba. Lo más impresionante es que ni él mismo sabe quién ha logrado ser Rolando Sarabia Oquendo.

–Tuviste una adolescencia llena de premios y medallas, todos sabemos qué tiene eso de bueno, ahora, ¿cuál fue la parte negativa que sufrió el Sarabia adolescente?

–De malo ha tenido muy pocas cosas. En realidad esta es una carrera muy difícil artísticamente, y en lo personal te limita mucho, por ejemplo, a mí me encanta la pelota, me encanta el fútbol, cualquier tipo de deporte y a veces el ballet te impide entrenarlos, pero es una vida normal como la de otro cualquiera, con más rigor y sacrificio, con mucha dedicación.

Soy igual que los demás, salgo a mis fiestas, me divierto con mi familia, cuando quiero ir al campo, voy; cuando quiero ver a mis abuelos, los veo; hago todo lo que hacen los demás, siempre pensando que yo tengo una carrera que me gusta y en la que tengo que empeñar toda una vida, y tengo que sacrificarme. Por lo tanto, tengo que hacer cosas y “cosas”, ¿entiendes?

–En ti veo dos Sarabia, uno que entrena muchas horas al día, que interpreta papeles de príncipes y que escucha música clásica, y el otro que vive aquí en pleno Centro Habana, que se toma una botella de ron con los amigos del barrio ¿cómo puedes conjugarlos a los dos?

–Yo nací aquí en Cayo Hueso, esa gente que nacieron conmigo fueron los que me enseñaron a jugar pelota, a correr, los que me enseñaron a divertirme con todo el mundo, no a simplemente vivir de mi carrera y a estar siempre con la gente del ballet. Ellos son los que me han dado esto de poder vivir con todo el mundo, de divertirme con el del ballet y de divertirme con el de la calle, de hablar al nivel de todo el mundo. Nada de esto es un problema, estoy adaptado a los dos medios, de verdad que sí.

– Pero te pareces más al que escucha música clásica y al que interpreta papeles de príncipes, porque hay comentarios de que escribes poesía…

– No siempre he escrito poesía, En esa etapa de la vida que yo empecé a escribir los poemitas y me acostaba a las dos de la mañana, me había enamorado mucho de la muchacha con que estoy ahora, entonces, eso fue lo que me llevó a escribir los poemas, a oír la musiquita clásica, a estar romántico el día entero, no me ponía bravo con nadie. Pienso que son etapas que tiene uno que van pasando y pasando, aunque sigo enamorado.

– ¿Qué momentos tristes o divertidos han influido en tu vida como artista?

–Mira, artísticamente, momentos felices son todos los que tú ves ahí (señala sus premios), y momentos de infelicidad que me hayan llevado a verme frustrado en mi carrera o que me han hecho sentir muy mal después de un problema, no he tenido ninguno hasta ahora. No todos han sido felices, pero tampoco existe alguno malo del todo… En estos momentos no me encuentro muy bien porque acabo de salir de una operación reciente y llevo cinco meses de operado. Me siento bien, pero a la vez, sé que no estoy dando todo lo que puedo dar. También con la primera operación que tuve del tobillo, fue un momento muy duro para mí en la carrera porque tuve que bailar muchas veces con dolor. Me anestesiaban con spray.

– ¿Y cuando te caíste en España?

–Yo me caí de rodilla, era la cuarta vez que me pasaba. Primero me pasó en Dinamarca, que si hubiese escuchado al doctor que me vio, estuviese muy bien ahora porque fue el primero que me dijo que tenía el ligamento partido, cruzado, pero bueno, nunca creí en eso porque pensaba en tener, no sé, algo de menos gravedad; entonces llegué a La Habana, me hice ultrasonidos y esas cosas, me volví a lastimar y me volvieron a decir lo mismo, hasta que me lastimé en España la última vez. Gracias a José Luis, que era el antiguo ortopédico del ballet, estoy ensayando de nuevo.

–Te pregunto por momentos divertidos porque se habla sobre una anécdota en Japón, cuando bailaste el Ballet Muñecos.

–Ah, sí. Ese es el ballet Muñecos, la coreografía es de Alberto Méndez, un supercoreógrafo a nivel internacional, entonces, ese ballet tiene una cargada que tú le aguantas la pierna y el glúteo a la muchacha, la levantas y ella como que pasa la pierna y entonces la sayita se levanta sobre la misma altura; yo tengo un gorro puesto, un gorrito de esos de muñequito y cuando pasa la pierna yo siento que el gorro se me va hacia adelante, entonces hice para acabar de quitármelo, porque era preferible que se me cayera el sombrero a que se me quedara de lado.

Te juro que en el medio de la función nunca supe dónde estaba el sombrero, yo pensé que había caído al piso; cuando veo el video me doy cuenta de que el sombrero no se ve. Estaba metido dentro de la saya de ella, increíble, increíble, tienes que ver el video para creerlo, eso es ver para creer... Después, jugando, le decíamos cosas y ella se reía mucho. Fue muy divertido.

– ¿Qué es para ti una carrera internacional, ir a un montón de giras y de galas en los lugares más prestigiosos del mundo o estar bailando infinita cantidad de años en el Royal Ballet o en el American Ballet?

–Las dos cosas, aunque yo siempre voy a permanecer en el Ballet Nacional de Cuba, porque quiero permanecer en esta compañía; pero eso no me impide poder trabajar en otras compañías del mundo por algún tiempo. Ese es el caso de estrellas mundiales cubanas como José Manuel Carreño, Carlos Acosta, Lorna Feijóo, que son primeros bailarines del Ballet Nacional de Cuba, pero a la vez trabajan en el extranjero por mucho tiempo, pienso que no hay problemas con eso.

A mí sí me gusta permanecer en mi Compañía porque bailas con tu gente, sigo viendo a mi hermano que es bailarín, sigo viendo a mi papá, comparto el escenario con ellos. No hay necesidad de irte de una compañía si puedes estar en todas por igual tiempo y te va a ir de maravilla, esa es la vida del bailarín. Pero sí pienso que es muy importante la vida artística internacional del bailarín porque, en realidad, conocerte internacionalmente es lo que te hace una estrella.
 

–Ahora que hablas de Carlos Acosta, de José Manuel Carreño ¿Qué significan para ti junto a Mijail Baryshnikov?

–Mi ídolo siempre ha sido Mijail Baryshnikov, toda la vida, yo tengo todos sus videos, pienso que es un bailarín completo, como hay en muy pocos lugares, aunque hace muchos años no baila.

En estos momentos para mí, Carlos Acosta es el mejor bailarín que tiene el mundo, sin ningún tipo de problema, es impresionante, es algo que yo muy pocas veces he visto, que prácticamente no he visto en ningún bailarín. Yo he conocido bailarines fabulosos, muy buenos, pero él es impresionante para mí, que como bailarín soy superexigente. En el caso de José Manuel Carreño, también es una gran estrella del ballet internacionalmente, está considerado uno de los cinco mejores bailarines que tiene el American Ballet, es decir, que tenemos glorias del ballet mostrando en el mundo entero, lo que su escuela le ha aportado y enseñado.

– ¿Qué le falta a Rolando Sarabia como bailarín?

–Yo no tengo una meta, simplemente seguir trabajando para superarme y mejorar un poquito cada vez más. Cuando me levante, pensar que lo voy a hacer mejor, que me voy a llenar más de vida en el ballet, que voy a tratar de cambiar cosas y de sentirme mejor.

–Imagínate que han pasado los años y que ya no puedes bailar, que solo te quedan los recuerdos. ¿Qué pasará?

–Quisiera tener una videoteca con todas las cosas mías como la estoy haciendo ahora, entonces, ponerme a ver esos videos y sentirme otra vez feliz, es decir, recordar aquellos momentos bonitos y creerme que estoy en aquella época aunque no será igual; pero creérmelo, por lo menos creérmelo, verlo, tener algo que diga: yo lo hice, ahora no puedo hacer nada, ni pararme de esta silla, pero yo hice aquello bien hecho. Me encantaría eso.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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