LA JIRIBILLA

ARIEL DÍAZ: UN POETA DE LA CANCIÓN
 
En líneas generales puede afirmarse que desde el comienzo el quehacer composicional de Díaz ha estado signado por la influencia de la buena literatura en sus textos, los cuales poseen una multiplicidad de valores poéticos y evidencian el dominio de las distintas estructuras del verso.


Joaquín Borges-Triana|
La Habana
Fotos:
Centro Pablo de la Torriente Brau
 

Hay creadores que desde su debut enseñan una fuerza tal que, al margen del necesario proceso de maduración por el que todos debemos transitar, uno se da cuenta de que se está ante la presencia de un verdadero artista. Justamente, esa fue la impresión que tuve más o menos allá por 1996, cuando concurrí a la primera presentación pública de Ariel Díaz y en la que demostró ser artífice de una cancionística sensible e inteligente. Tratábase de un recital en la Casa de las Américas dentro de un ciclo denominado “Paso a la nueva generación”, para el que el cantautor solo disponía de apenas nueve composiciones. Sin embargo, él supo enfrentar la dura prueba y asumir el concierto como si estuviera acostumbrado a ello. Aunque hasta dicho momento artísticamente también se había proyectado como ilustrador, si alguna duda le quedaba de cuál sería su profesión de ahí en lo adelante, estoy convencido que en aquella noche decidió su futuro y con ello, la música cubana ganó para bien suyo a un genuino trovador, dueño de una voz propia en su decir.

Recuerdo que entre las obras iniciales de Ariel que me impresionaron estaban "Alicia", un tema que en una etapa él interpretó con mucha frecuencia pero que ya ha retirado de su repertorio, y "Como un temporal", una pieza que se inscribe dentro de los parámetros del bolero asumido al estilo de la Canción Cubana Contemporánea y que le ha traído nuevos aires a un género que durante unos cuantos años estuvo anquilosado. En líneas generales puede afirmarse que desde el comienzo el quehacer composicional de Díaz ha estado signado por la influencia de la buena literatura en sus textos, los cuales poseen una multiplicidad de valores poéticos y evidencian el dominio de las distintas estructuras del verso. En ese sentido, coincido con el criterio de Víctor Casaus cuando afirma: "Ariel escribe textos para armar las canciones que nos regala, pero esos textos podrían existir -existen- como poesía y resisten airosos el reto de la lectura solitaria y convocan al disfrute desde la aparente indefensión de la página impresa."

En lo musical se percibe el legado de Santiago Feliú en ciertas inflexiones vocales, en el modo de trabajar el acompañamiento guitarrístico, tanto en la manera de arpegiar como de ejecutar los riffs, y en el diseño de algunos giros melódicos. Incluso, cabe señalar que, como acontece con Santi, en ocasiones Ariel se proyecta como ejecutante de la harmónica, instrumento que no emplea con demasiada frecuencia pero sobre el que ha alcanzado un aceptable dominio. Ahora, para alegría de quienes gustamos de la propuesta de este cantautor, circula un cassette perteneciente a la colección "A guitarra limpia", editada por el Centro Pablo y que recoge los conciertos efectuados en ese espacio, en un loable esfuerzo que la institución lleva adelante en pro de preservar la memoria trovadoresca de nuestros días.

Este primer fonograma del creador compila 17 piezas que van desde canciones del período inicial de Díaz como cantautor hasta otras de mayor cercanía en el tiempo. De las viejas composiciones que aquí se rescatan de un pasado no muy distante destácanse "Dibujo de una casa", tema singularmente hermoso en su factura literaria, y "Canción para que no crezcas", que he de confesar que desde que la oí hace unos años me cautivó por el lirismo de su melodía. En una cuerda introspectiva hay que mencionar "Silencio de la mujer que pasa", poseedora de un fino trabajo en la guitarra, algo que también distingue al trovador, que no se limita solo a interpretar las obras escritas por él sino que hace suyas algunas de las de sus compañeros de generación, como ocurre con "Marielena", una de las mejores cosas hechas por Silvio Alejandro y de la que Ariel realiza su propia versión.

Pero los momentos más logrados en el cassette se registran en su segunda cara, en especial en "Trova de las flores", una excelente pieza en el puro estilo de la trova tradicional, y en esa maravilla que responde al nombre de "Las cosas que se mueren", un tributo a Dulce María Loynaz que emociona por todo lo que en él se expresa y del que reproduzco unos fragmentos: Con vestido blanco para la ocasión / La Novia de Lázaro viene al salón / llorando pasa bajo la luz de la mansión / Jardín, ya no la escondas / porque ella es el rosal / mas no toques la rosa / las cosas que se mueren no se deben tocar. Si la producción de este cantautor se redujese solo a dicho par de composiciones, le bastaría para inscribirse en el selecto grupo de los trovadores que trascienden los límites epocales o generacionales. Además de los dos aludidos temas, les recomiendo "Por el camino" (con Martín Rago como invitado), "Trilogía inconforme II", "La marina" (en compañía  de Heidi Igualada) y "Desayuno". Artista de los que conmueve sin apelar a artificios ni triquiñuelas, Ariel Díaz es de los escogidos que han apostado por la poesía, la ética y la belleza.

 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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